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Sección: Vía Correo Electrónico

¡Ni maiz, Monsanto!

Manuel Martínez Morales 08/11/2012

alcalorpolitico.com

Con el propósito de iluminar las conciencias de las autoridades y ayudarlos a entender que prohibir la siembra comercial de maíz transgénico en México es la mejor opción para todos, Greenpeace convocó a una velada por el maíz mexicano que se verificó el pasado lunes 5 de noviembre en el Distrito Federal.

Si bien este llamado y el acto al que se convocó pueden parecer intrascendentes y sin impacto alguno, no dejan de ser profundamente significativos, ya que la siembra de maíz transgénico –que ya se realiza en México con o sin las autorizaciones respectivas– resulta muy perjudicial, no sólo por su impacto en el medio ambiente y la contaminación de las numerosas variedades de maíz nativo, sino porque puede afectar seriamente la salud de todos nosotros.

Sabemos que están en proceso las primeras solicitudes de las trasnacionales Monsanto y Pioneer (propiedad de DuPont) para sembrar maíz transgénico a escala comercial en México: un millón 400 mil hectáreas en Sinaloa y más de un millón de hectáreas en Tamaulipas. Esto equivale a una superficie mayor que todo el Estado de México, 17 veces mayor que el Distrito Federal, y mayor que la suma del todo el DF, Morelos, Tlaxcala, Colima y Aguascalientes juntos. Es también muy superior a decenas de países enteros, por ejemplo, mayor que todo El Salvador, Kuwait o Luxemburgo.

En más de la mitad de esa superficie, quieren usar el mismo tipo de maíz transgénico (con el gen Mon603) que produjo cáncer en ratas en el experimento del doctor Seralini en Francia, publicado en octubre 2012. Las empresas y científicos afines a ellas se han dedicado a denostar el estudio, pero ¿usted quiere correr el riesgo? Claro que no. ¿Por qué hacerlo, si además existen muchísimas variedades de maíces que no significan ningún riesgo, e incluso variedades que tienen mayor rendimiento? Lo cual está demostrado a lo largo de todos los siglos que en estas tierras llevamos consumiendo maíz.

Sin embargo, dice la investigadora Silvia Ribeiro, contra toda lógica de bien público y soberanía, el gobierno saliente quiere aprobar estas monstruosas solicitudes que implican riesgos enormes contra la salud de la población y amenazan uno de los más importantes patrimonios genéticos de México, para cumplir turbios acuerdos con las trasnacionales.

La superficie pedida por las empresas es tan vasta que superaría ampliamente el área de maíz que normalmente se siembra en esas entidades, es decir que pretenden sustituir todo el maíz de riego y además otros cultivos. Es significativo que las solicitudes no las hacen agricultores, sino directamente trasnacionales de transgénicos, que se constituyen explícitamente en los dueños del agro mexicano: qué se siembra, cuánto, dónde, a qué precio, bajo qué riesgos, para quién. (Silvia Ribeiro: Invasión; en www.jornada.unam.mx/2012/11/03/economia/020a1eco)
Como se ha dado a conocer recientemente, la mayor parte del consumo de maíz en las ciudades de México, Monterrey, Guadalajara viene de esas entidades, principalmente Sinaloa, por lo cual, si se autorizan esas siembras, en pocos meses la población de las ciudades mexicanas estará comiendo tortillas transgénicas.

No es un tema menor: además del estudio de Seralini, hay otros estudios científicos que señalan problemas graves en la salud por el consumo continuado de transgénicos, desde alergias a problemas en hígado, riñones y órganos reproductivos. La manipulación genética sería origen de algunas de esas dolencias, a lo que se suma que dejan mucha mayor cantidad de residuos de venenos en los alimentos, porque la mayoría de los transgénicos son resistentes a un agrotóxico. Justamente, el maíz con gen Mon603 que pretenden sembrar en Sinaloa y Tamaulipas es tolerante a glifosato (nombre comercial Faena, Rival y otros). Se hace para poder usar mayor cantidad del tóxico y más concentrado, lo que deja más residuos en el grano.

Las empresas y varias instituciones gubernamentales tratan de ocultar los graves problemas de salud asociados a los transgénicos, alegando que no hay pruebas y que ya comemos transgénicos porque México importa la tercera parte del consumo nacional de maíz de Estados Unidos, donde la mayoría es transgénico. Son datos falseados.

Hay investigadores que defienden la introducción de variedades de semillas transgénicas aduciendo que tienen ventajas con respecto a los cultivos tradicionales: que resisten mejor a las plagas y a condiciones climáticas extremas, así como que dan un mayor rendimiento por hectárea. Pero omiten mencionar los estudios concretos al respecto, como el antes citado. Además de que la irrupción súbita en un entorno natural de una nueva variedad genética provoca cambios imprevisibles, de naturaleza caótica, que pueden resultar en graves alteraciones al medio.

Urge movilizarnos por todas las vías ante este gravísimo ataque: informándonos y difundiendo información, resistiendo y promoviendo las redes campo-ciudad libre de transgénicos.

¡Ni maiz, Monsanto!
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