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Sección: Vía Correo Electrónico

Mutatis mutandis

2013: Pobres y más pobres

Rafael Arias Hernández 16/01/2013

alcalorpolitico.com

En dos años, el gobierno mexicano obtuvo como indicador de su capacidad, un aumento promedio de 1,781 pobres extremos, miserables o hambrientos por día.
Y eso que la idea o intención, compromiso u obligación gubernamental era, “para vivir mejor”.

La realidad se hace presente. Los discursos y mensajes quedan sólo en eso, en imágenes y palabras, tal vez hasta en buenos deseos.

Los pobres en México, el país otrora conocido como “el cuerno de la abundancia”, para 2012 llegan a 53 millones.

Y lo que es más lamentable y preocupante, de ellos, 13 millones están en pobreza extrema, esto es no tienen ni para comer.

Pronto sabremos el alcance o tamaño del daño, tanto a nivel estatal como municipal.

El tema es de vital importancia y merece comentarse, analizarse y debatirse, cuantas veces sea necesario. La crítica implacable, pero objetiva y fundada, debe tenerse en cuenta. La realidad no se detiene.

La última y nos vamos

La noticia incuestionable, no puede ser más clara y evidente.

En todo México, de 2010 a 2012, crece el hambre y la miseria. Imposible e inútil esconder lo evidente; y para muestra, baste tener presente y comparar los mini, nano, microscópicos aumentos salariales, con los gasolinazos y permanente incremento de los precios de los productos de la canasta básica, o de consumo general.

De acuerdo a declaraciones del nuevo Gobierno Federal y basados en estudios del Consejo Nacional de Población, se informa que el número de mexicanos, en pobreza extrema, aumentó en un millón trescientos mil. (SEDESOL.110113).

También se señaló que, a escalas locales, municipales y estatales, la idea es promover y establecer una gran movilización y participación social que permita avanzar en el combate a la pobreza extrema.

Se habla, incluso, de crear un Consejo Nacional de Inclusión Social y Bienestar, en donde se concentren esfuerzos, programas y recursos, para su seguimiento y control, así como para su transparencia, acceso a información y evaluación permanente.

Importantes aspectos que hay que tener presente, porque apuntalan la propuesta del programa nacional contra el hambre, anunciado y comprometido por el presidente Peña Nieto, que se propone poner en marcha, este mismo mes de enero del 2013.

Se espera, desde luego, que no sea más de lo mismo.

El caso es que la noticia se resume, en que la pobreza de los mexicanos crece y se fortalece; en particular, simple y sencillamente aumentan los hambrientos, que ya suman 13 millones.

Ahora, hay que poner atención inmediata a los alcances municipales y estatales de esta situación, porque es de suma importancia analizar, estructurar y evaluar las políticas públicas correspondientes, si las hay; así como sus alcances y limitaciones.

¿En dónde está el discurso gubernamental, del “todo va bien, no pasa nada y viene lo mejor”?

Primera y rápida conclusión: en el país, hasta 2012, pobres y más pobres, a una velocidad de 1,781 hambrientos más, por día.

La otra pobreza, la gubernamental

Pero eso no es todo. En perspectiva, también es fácil identificar, la costosa paradoja, tanto en términos de las deplorables y obligadas condiciones de vida y los injustos sacrificios, de casi la mitad de los mexicanos, comparados con el indiscutible incremento de programas de desarrollo social y asistencial gubernamental, así como los cuantiosos recursos públicos destinados a ellos.

Habría que empezar por los 273 programas federales, los 2,391 programas estatales y municipales identificados, para precisar antigüedad, monto de los recursos públicos asignados a cada uno, su cobertura de operación y alcances, la consecución de sus metas y objetivos y, en general, su uso y abuso posible. ¿Cuánto tiempo y cuántos cientos de miles de millones más, para iguales o peores resultados?

Eso sin considerar, las innumerables actividades públicas y privadas, como la caridad religiosa y la solidaridad social; o los discursos políticos de los “salvadores” oficiales del momento y los mediáticos golpes de pecho, para ayudar al prójimo.

Segunda y fácil conclusión: crecen el hambre y la pobreza; y crecen también los gastos, la burocracia y los discursos de todos los políticos dentro y fuera de los gobiernos federales, estatales y municipales.

Habría que medir también, la pobreza de la deficiencia, incapacidad e inefectividad gubernamental.

Paradoja que inevitablemente se tiene que pasar por una objetiva y rigurosa evaluación de los resultados obtenidos. Bien para consolidar los pocos o muchos logros y avances; o bien, para corregir los errores y reparar los retrocesos y fracasos; y también, para hacer o intentar lo que falta y está pendiente.

Y a este respecto, también se puede llegar a otro tipo de desenlace.

Esto es, a la tercera y obligada conclusión, que nos lleva al origen, a las causas de que se ocasione y prevalezca esta lamentable situación de empobrecimiento colectivo.

De ahí que estemos obligados a revisar y evaluar a fondo, la consistencia y congruencia de otras políticas gubernamentales, sobre todo las vinculadas con fortalecimiento económico y generación de empleo, cuyos resultados no han sido, ni son los esperados, de acuerdo a los objetivos establecidos y a los recursos públicos y esfuerzos sociales canalizados.

Políticas que en muchos aspectos más bien, han fortalecido notablemente la desigualdad y la polarización social.

Hay también, una extensa y generalizada preocupación, que muchos periodistas, medios de comunicación, académicos y hasta políticos han externado. Misma que podría resumirse, en la conocida pregunta:

¿Y llegan los recursos y apoyos a sus necesitados destinatarios?

Con toda razón múltiples voces señalan, advierten y alertan acerca de los riesgos que acarrea ignorar o minimizar, las conocidas y ancestrales practicas de una mala o peor administración y orientación de estos conocidos programas gubernamentales, en aumento.

Nada raro que se afirme que, en alguna medida, sus responsables distorsionan, manipulan, condicionan o transforman en clientelismo su funcionamiento y objetivos.

Lo cual nos lleva a la cuarta y última conclusión, por cierto difícil y compleja, acerca de qué tan conveniente es dedicar toda la atención a la existencia y permanencia de dichos programas de desarrollo social y asistencial que, aunque podrían justificarse temporalmente y en caso de urgencia, tienen que analizarse, evaluarse y atenderse conjuntamente con las estructuras institucionales, las políticas y programas, el destino y la disposición de recursos públicos que favorecen la concentración del ingreso y la riqueza.

Esto es, brevemente, la cuarta y última conclusión compleja y también provocadora, nos invita a que hay que saber cómo los ricos se hacen más ricos, a costa del descomunal aumento de los pobres, miserables y hambrientos. Y, particularmente, al estudio y atención pública y social, de la acumulación y apropiación del excedente económico, del patrimonio y las finanzas públicas. Saber cómo evitar hacer más pobres a los pobres y más ricos a los ricos, es prioritario.

Y más aún, cuando la presencia de la corrupción y la actividad delictiva, impone la duda y hasta las evidencias, de si ese tipo de programas y políticas públicas, son solución o simplemente agravan o se convierten en parte del problema.
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