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Sección: Estado de Veracruz

Centro de las artes indígenas, de Papantla, un santuario que recupera los valores totonacos

- En 16 casas-escuela, en el CAI se enseñan las distintas artes totonacas
- Es un modelo a seguir, en preservación de tradiciones; se aplica en Chile, Argentina y EU

Concepción Moreno Papantla, Ver. 08/01/2013

alcalorpolitico.com

El centro de las artes indígenas CAI, es un espacio cultural de los totonacos y ha sido reconocido por la UNESCO, esta cultura se concibe como un árbol que representa la vida familiar y comunal, cuyas raíces se hunden en el origen cósmico y la memoria mítica, mientras el tronco “es el sostén en el plano físico, el argumento de los saberes que hoy se practican”. Aunque el follaje “ya no es frondoso, sigue brindando conocimientos a las nuevas generaciones”, que son los frutos, mientras que las flores son la manifestación del arte.

Algunos de los valores de la cultura totonaca que rigen al CAI, un espacio diseñado para preservar los conocimientos ancestrales de esta comunidad indígena, que hace más de un lustro los ancianos consideraban que “la semilla, la luz de su cultura estaba a punto de apagarse”; al organizarse 16 casas-escuela, en el CAI se enseñan las distintas artes totonacas, como son la “palabra generosa” (idioma), poesía y narración oral, alfarería, textiles, pintura, arte de la curación, danza, música, teatro y cocina tradicional, entre otras. Dicho esquema fue incluido, el pasado 4 de diciembre, en el Registro de las Mejores Prácticas para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura UNESCO.

El director de Patrimonio Mundial del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta), Francisco López Morales junto con el Gobierno de Veracruz presentó el expediente de candidatura del CAI, en marzo de 2011, “la importancia de la inclusión en dicho registro, radica en la pauta que marca la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO, para la conservación del patrimonio vivo, y que acogen todos los Estados parte”.

En Centro de las Artes Indígenas “El esplendor de los artistas” (Xtaxkgakget Makgkaxtlawana, en totonaco), instaurado en 2006, se ha convertido en un modelo a seguir en la región por sus aportaciones a la conservación y trasmisión de un patrimonio vivo, y el impulso de la creatividad artística, destacó Francisco Acosta Báez, director fundador del CAI.

El CAI, que reproduce un poblado tradicional totonaca o “cachiquín”, fue inaugurado el 12 de octubre de 2007, en el Parque Takilhsukut, aledaño a la Zona Arqueológica de El Tajín, bajo el auspicio del Festival Cumbre Tajín y como una forma para desarrollar acciones encaminadas a preservar la sabiduría de los ancianos de la comunidad totonaca, luego de que ellos manifestaran, en una consulta hecha en 2006, su preocupación ante el riesgo de la pérdida de sus tradiciones.

Casas para el arte

Francisco Acosta Báez explicó que la escuela principal es la Casa de los Abuelos (Kantiyaín), lugar donde el Consejo de los doce abuelos y abuelas del Totonacapan (Napuxkún Lakgkgolon) toma las decisiones para guiar a las nuevas generaciones de creadores indígenas.

La Casa de la Palabra Florida (Pumastakayawantachiwiìn) es el espacio para aprender el idioma totonaco, porque “toda una generación dejó de enseñar su lengua a sus hijos”, así como el arte de “las palabras que se dirigen a las deidades o dueños de las cosas”, además de promover la creación de poetas, escritores y narradores orales totonacas.

En el CAI también se enseña música, teatro y danza tradicional, puntualizó su director fundador, al explicar que una de las primeras casas-escuela fue la Escuela de los Niños Voladores, destinada a formar a las nuevas generaciones en esta ceremonia ritual. Tal experiencia ya ha rendido frutos, pues actualmente “ya tenemos cinco escuelas para niños voladores subsidiadas por el CAI”.

Además de la danza ritual del volador, en la Escuela de Danzas Tradicionales (Pulakgtaíwakga), se enseña a bailar y tocar guaguas (quetzalines) y negritos.

Acosta Báez dijo que antes del CAI, en la región ya existía una larga tradición de hacer teatro y funcionaba la banda de “Música Tajín”, por lo que el CAI apoya a la comunidad en las partes más débiles, mediante talleres de escenografía o vestuario, o bien en la reparación de instrumentos de viento.

Explicó que para los totonacas crear es encontrar el sentido de la vida; la forma en que el ser se desarrolla. El arte es una necesidad inherente al alma, la manera como se expresa libremente el staku (don). En este proceso, el artista libera aquello que ha estado cautivo, pero depende de cada uno “ser un artista en todo lo que haga, por eso su arte es para vivir y no solo para mostrar”.

Relación con el entorno

Para los totonacas es determinante el vínculo con la naturaleza, anotó Francisco Acosta Báez, tras subrayar que por ello el Consejo de los Abuelos concibe “el desarrollo de manera propia, la relación con la tierra y el agua, la salud, las plantas y los árboles, el comercio y el mercado”.

“En sus experiencias de vida, las y los abuelos guardan y transmiten la memoria mítica, el origen cósmico, el ordenamiento de valores, allí está la fuente inagotable de lo que somos; lo que nos dejaron como legado, lo que sabemos”, abundó el director fundador del CAI.

Otro ejemplo del rescate y fortalecimiento de las tradiciones, dijo, es la Casa del Arte de Sanar (Puma’akgsanin), donde se estudia la herbolaria, además de técnicas de las parteras, sobadores y temazcaleros; a su vez, en la Casa del Mundo del Algodón (Pulhtaíwan) no solo se hacen textiles en telar de cintura sino que “se ha recuperado la relación ancestral con la planta nativa de algodón”.

El CAI cuenta además con la Casa de la Alfarería (Pulhtaíman), donde se trabaja la cerámica ritual y cotidiana, pero también la de innovación por medio de un taller con la Escuela de Cerámica de Valle de Bravo. Asimismo, están la Casa de las Pinturas (Pumaìnin); la Casa de la Cocina Tradicional (Pulakgkaxtlawakantawaì) y la de Turismo Comunitario (Pulakgatayan), que promueve un modelo regional propio de hacer turismo, respetuoso de la tradición y el ambiente.

Dada la gran exposición mediática que ha tenido el pueblo totonaca durante la Cumbre Tajín, la propia comunidad solicitó la creación de la Casa de Medios de Comunicación y Difusión (Pumakgpuntumintakatsiìn), donde el cineasta Ricardo Benet ha impartido talleres de guión y cortometraje; además algunos videos producidos ya han obtenido premios en festivales nacionales y extranjeros, mientras que la Radio Tajín (Pumakgpuntumintachiwiìn) trasmite por Internet, entre otras acciones.

Sobre las formas de sostenimiento del CAI, Francisco Acosta explicó que el Centro recibe el 70 por ciento de la taquilla del Festival Cumbre Tajín, lo que le permite tener “una base mínima de recursos para poder operar y remunerar a sus maestros, algunas veces con transporte, alojamiento y alimentación, pues viven en comunidades distantes”. Asimismo, ha recibido apoyos económicos de la UNAM, la Universidad Veracruzana y el Instituto Smithsoniano, de EU.

Reconocimiento a la diversidad

La inclusión del CAI en el Registro de las Mejores Prácticas para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, de la UNESCO, el pasado 4 de diciembre, “es un reconocimiento de la diversidad cultural de México y de la manera que tenemos los indígenas para trasmitir la riqueza de la matriz cultural totonaca, que está basada en un conocimiento ancestral”, consideró Francisco Acosta Báez.

Al respecto, Francisco López Morales, director de Patrimonio Mundial del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta), destacó que el Registro de las Mejores Prácticas es una de las políticas que el Comité de la UNESCO “ha definido para que el patrimonio vivo se pueda seguir trasmitiendo de generación en generación y sean los detentores de este patrimonio quienes se encarguen de asegurar su vigencia para el futuro”.

El especialista del INAH señaló que esta inscripción “penetra en el fondo de lo que tiene que verse como nuevas políticas de salvaguardia de un patrimonio que es común a todos los mexicanos”.

Este reconocimiento está vinculado con la inclusión, en 2009, de la Ceremonia Ritual de Los Voladores en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, por lo que la inscripción del CAI “solo refrenda una visión del patrimonio cultural en su conjunto”, anotó López Morales.

Como un modelo a seguir en la preservación de las tradiciones, el CAI ha compartido su experiencia con otras comunidades indígenas del país, como los ñañhú, nahuas, amuzgos, mixtecos y zapotecos; así como los mapuches de Chile y Argentina, y algunos grupos étnicos del sur de Estados Unidos, que se han acercado al centro para compartir sus experiencias, concluyó el director del Centro, Francisco Acosta Báez.
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