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Columnas y artículos de opinión

Optimismo

Prosa Aprisa

Por: Arturo Reyes Isidoro

05/10/2012

alcalorpolitico.com

No cabe duda. Cada quien ve las cosas, o las valora, según su experiencia.
 
En México desde hace varios años vivimos alarmados por el clima de violencia que vivimos. No puede ser menos. Los más de 60 mil muertos en el presente sexenio a causa de la inseguridad por el crimen organizado no pueden orillarnos a otra cosa.
 
Vemos a nuestro país en crisis y creo, o estoy seguro, que hay razón para ello. De pronto, en el transcurrir de muy poco tiempo, empezamos a perder aquella normalidad de vida cuando problemas como el que hoy padecemos los veíamos como algo muy lejano, de los que nos enterábamos solo por televisión o en los periódicos, pero que creíamos muy remoto que nos llegaran a alcanzar. Hasta que nos alcanzaron. Como nunca habíamos experimentado una situación igual, a veces pensamos que estamos al borde del abismo y la desesperanza llega –me imagino– cuando alguien pierde a un familiar, a una gente cercana, querida para él o para ella.
 
La noche del miércoles escuché con atención las exposiciones del Premio Nobel de Literatura, Jean Marie Gustave Le Clézio, y del historiador Jean Meyer, ambos franceses de nacimiento, el segundo mexicano por derecho propio, naturalizado desde 1979 pero quien nos conoce como pueblo desde hace 50 años (tiene hora 70), y contrario a nuestro punto de vista, el generalizado que tenemos los nativos de nuestro país, ellos ven con optimismo –y nos alientan a compartir su visión– el presente y el futuro de México.
 
Tienen una base para ello, un punto de comparación, un poderoso asidero del que nosotros carecemos: ellos vivieron de niños un horror peor de muerte, que los alcanzó a todos; indirectamente a todos los que sobrevivieron: los estragos de la Segunda Guerra Mundial, que se pueden resumir en una sola palabra: sufrimiento. Lo conocieron, lo vivieron, lo enfrentaron, lo superaron y sacaron lecciones valiosas de ello. Por eso aman la paz, por eso practican la solidaridad, por eso rechazan la discriminación, por eso dimensión en su justo valor los problemas. Por eso ven la vida con optimismo.
 
Por eso Le Clézio rechazó rotundamente que México esté en guerra. Por eso Meyer situó a la región más insegura del continente en Venezuela.
 
Pero algo muy característico en los extranjeros que se enamoran de México, los estudiosos vienen para conocer al país, a su pueblo, muchas veces, en la mayoría de las veces, mejor que nosotros (tengo muy claro a personajes universalmente conocidos, suecos, holandeses, franceses, que hablan a la perfección el náhuatl, que distinguen los acentos de una región u de otra, por poner un ejemplo, lo que compruebo en el desarrollo de mi trabajo académico como editor en la UV), y Le Clésio y Meyer no son la excepción.
 
Meyer narró como ya desde 1985 el problema del tráfico de drogas (como se decía entonces, recordó) se daba en el corredor Michoacán-Guerrero y toda esa región, y cómo investigadores, sociólogos mexicanos, ya alertaban a las autoridades. Pero nadie les hizo caso (eso me hizo recordar cómo ya en los años 30 del siglo pasado se daba el problema del consumo de cocaína, como lo refleja un pasaje de la película Tiempos modernos de Charlie Chaplin filmada en 1936, cuando él va a parar a la cárcel y en lugar de sal le dan equivocadamente el polvo blanco que lo hace marear, pero entonces eso era motivo de risa).
 
Con un buen español Le Clézio, con un perfecto español Meyer, en el silencio general de la sala grande Emilio Carballido del Teatro del Estado, en el primer día de actividades del Hay Festival Xalapa, ante un público atento que llenó el recinto, asistimos a una clase de historia (en efecto, en lo literario no se cubrió la expectativa) de quienes vinieron para conocer a sus colegas mexicanos dedicados al estudio de lo nuestro, pero también para ir a las regiones más apartadas del país donde se dieron los hechos y donde ellos han conocido el contraste del México rico y del México pobre, pero donde también han podido testimoniar y rescatar el legado oral, lingüístico, histórico, documental de nuestras raíces.
 
Hubo una referencia obligada y sobre ella prácticamente bordó todo el encuentro: sobre la figura del historiador mexicano Luis González y González, michoacano de San José de Gracia, referente universal en su especialidad. De él recordó Meyer que nunca perdió la esperanza, de que siempre lo alentó el optimismo. De que cada seis años, al cambio de régimen, siempre decía: ahora si las cosas van a mejorar. Y ese optimismo se los contagió y les dura hasta el presente.
 
Meyer, quien vive entre nosotros hace más de 40 años, se casó con mexicana, es mexicano nacionalizado (conoció México en 1962 –según narró– cuando iba de paso rumbo a Cuba con otro amigo, pero en Mérida, a punto de abordar el avión para La Habana, en la aduana les advirtieron que si les sellaban su pasaporte dejando testimonio de que iban a la isla, no les permitirían regresar a los Estados Unidos de donde tenían sus boletos de regreso a Francia, y optaron por quedarse, pero él se enamoró de Mérida y de nuestro país y regresó al año siguiente), invitó al optimismo.
 
La nación –dijo–, la clase política, los escritores, tienen y deben ser optimistas en que la violencia y la inseguridad tenderán a disminuir. Le Clézio, afirmó que jamás hay que perder la esperanza. “Yo no podría decir que México está en guerra. México atraviesa una situación difícil. Por eso es tiempo de re-unirse, de unirse, de hablar, de tratar de crear un frente de resistencia contra la violencia”.
 
Y el remate: “México es un país de alto nivel cultural, ha sido un faro para América Latina y hasta para Estados Unidos en la riqueza de las ideas. Un país en donde hay que celebrar el valor del arte y la cultura, el valor de la interculturalidad”. En Xalapa, creo yo, por lo menos entre quienes estábamos presentes, en la celebración misma en la ciudad del Hay Festival, así lo hacemos. Javier Duarte de Ochoa y Elizabeth Morales García han ofrecido su apoyo para los años siguientes. Que así sea.
 
Reyes Leo
 
Pero la vida política en la aldea local sigue. Ya domésticamente, el juego y rejuego de nombres para las elecciones locales y municipales del 2013 continúa. En el caso de Boca del Río, en días pasados cité unos nombres. Otras fuentes me mencionan al joven Jorge Reyes Leo, todavía titular del Comité Municipal del PRI, que, me dicen, le sirve de base para estar en contacto con la militancia de ese municipio y distrito. Me apuntan que no pierda de vista también las relaciones y simpatías que tienen él y su familia con diversos personajes políticos del estado y del altiplano y me ponen como ejemplo la boda de su hermana, Paulina Reyes, quien además ya fue reina del Carnaval de Veracruz, en cuya acta de matrimonio constan como testigos tres personajes de peso político completo: el propio gobernador Javier Duarte de Ochoa y los ex gobernadores Miguel Alemán Velasco y Fidel Herrera Beltrán. El estira y afloja habrá de continuar y como en política no hay nada escrito, no hay que perder de vista a ninguno, ni a este joven, creo yo.

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