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Columnas y artículos de opinión

Tiempo de reconciliación

Hemisferios

Por: Rebeca Ramos Rella

12/11/2012

alcalorpolitico.com

Al reconocer a su equipo de campaña, Barack Obama derramó unas lágrimas de emoción y gratitud. Fue el desahogo de semanas, meses, cuatro años empedrados que afloró en un momento tan humano y modesto, que hasta el hombre más poderoso del mundo puede permitirse. La contienda estuvo cerrada. En las primeras horas los números bailaban en danza frenética que, hasta las 9 y media de la noche del Súper martes, le daban ventaja al candidato republicano. Se filtró que Obama tenía dos discursos en su escritorio: el de la derrota y el de la victoria y cuando la logró, fue el respiro, la tensión desinflada, la resistencia aflojó.

En un vistazo a las redes sociales, sorprendió que muchos mexicanos despreciaran el significado y trascendencia de las elecciones presidenciales en nuestro vecino del norte y otros tantos miles, 6 por cada 10, hayan respondido en encuesta, que apoyaban el segundo mandato de Obama. La corta mira no debe ser nuestra visión cuando se trata de Estados Unidos de América y no sólo precisamente por tratarse de la superpotencia; tampoco debemos sumirnos en el pensamiento ideológico trasnochado, en el que se derrapa, al recurrir a la postura ochentera contra el imperio intervencionista, culpable de todos nuestros males y al que seguimos “sometidos”. La época que dividió al mundo en dos polos, desde la posguerra hasta el 91, lo que duró la Guerra Fría y la transregionalización del enfrentamiento de los bloques, ya quedó superada.

Lo racional y lo conveniente es que los mexicanos nos actualicemos y estemos atentos a los procesos globales y regionales porque nos afectan, porque vamos en la misma ola, que de pronto puede ser el tsunami o la onda calma. Este es el precio de la globalización.

En la coyuntura, la dupla BGC-Excélsior publicó una encuesta que refleja la percepción y opinión de las y los mexicanos sobre el proceso electoral en EUA. Veamos.

El interés sobre las elecciones fue de 46% y la indiferencia rayó el 49%. Obama fue el preferido en México con 58% contra 16% a favor de Mitt Romney, que es poco conocido acá –25% contra 95%-. En 2008, Obama llegó a seducir al 63% de los compatriotas; hoy 61% tiene buena opinión de él: 66% considera que con su permanencia mejorarán las relaciones bilaterales; 59% que facilitará las exportaciones; 56% opina que se podrá alcanzar un acuerdo migratorio; 54% que apoyará la estabilidad económica de México; 53% que respaldará el combate al crimen organizado y 50% que habrá voluntad para reducir el tráfico de armas.

El 56% piensa que con Obama, a México le irá mejor. No obstante el 82% considera que Obama ha hecho poco o nada para mejorar la situación de los migrantes indocumentados; 73% que mucho le falta para colaborar contra los cárteles de la droga y 71% que aún puede hacer más para elevar el intercambio comercial.

Los encuestadores revelaron que en México hay optimismo sobre el segundo mandato de Obama y el próximo gobierno. Una buena relación bilateral Peña-Obama buena, con un 55%. Los niveles de desconfianza o de indiferencia, sin embargo aún son altos. La percepción es que la relación con el vecino es regular en 41% y positiva sólo para el 38%. Así que Obama puede hacer mucho más para subir su popularidad en México.

Las reflexiones del proceso y de los saldos de la relección de Obama son profundas y avizoran desafíos, hasta algo dolorosos. Pero de entrada, hemos de considerar que la democracia es un sistema de vida donde se gana o se pierde por una nariz; por un voto. Es sistema político que incluye con tolerancia, respeto y voluntad, las voces de todos y que en esa pluralidad, el arte de la negociación adquiere nivel de herramienta insustituible para alcanzar el acuerdo, que es la base de los consensos desde los que se pueden alcanzar cambios, reformas y mejoras.

Como le pasó a Peña, el Presidente Obama tendrá que lidiar con un Legislativo representativo de fuerzas políticas y aspiraciones sociales e intereses políticos distintos a lo que él compromete. Aquí como allá, la competencia fue reñida; se vivieron las descalificaciones y tácticas de convencimiento, de manipulación de conciencias y de precariedades para ganar votos; hasta la desgracia de un ciclón destructivo se atravesó en plena campaña y unos días antes de la elección, como para complicar e inclinar la decisión final.

Los analistas coinciden en que un Presidente electo democráticamente requiere de una mayoría legislativa en ambas Cámaras para poder gobernar como lo propone. La intensidad y diversidad de la democracia pueden obstruir paradójicamente, la gobernabilidad y las modificaciones legales, los programas, los planes, los recursos necesarios para avanzar o destrabar.

En México ya vemos, el vía crucis de la reforma laboral aún no se supera precisamente por falta de mayorías y también por el juego de vencidas entre intereses políticos, partidistas y sindicales que se imponen al interés general. Esta es una probada de lo que podría ser el camino sinuoso de la reforma energética y de la fiscal que Peña quiere impulsar porque México necesita crecer y crecer sobre sus prejuicios, mitos y auto-boicots.

En Estados Unidos, el riesgo del precipicio fiscal, la posibilidad de que el déficit asfixie a la economía suprema del orbe, nos debe preocupar, porque nos podría pegar y muy fuerte.

Obama con el respaldo de 61 millones de votantes directos, el 52%, frente a los 58 millones del voto popular, el 48%, se queda gobernando un país dividido. La Cámara de Representantes de mayoría republicana y muy reacia y racista para apoyarlo con 234 contra 193 demócratas, ya se supo, difícilmente aprobará la Reforma Migratoria que los latinos le demandan como pago de su confianza y voto al Presidente reelecto. Y la mayoría en el Senado, con 53 demócratas contra 45 republicanos, peleará pero poco podrá concretar.

La emergencia es salvar a la economía del desastre y Obama ha propuesto que los ricos paguen impuestos, lo justo, en vez de recortar gasto en programas sociales que benefician al grueso de la población. Esta es la primera prueba a la democracia casi perfecta que lo sostiene otros 4 años, pero que también implica la labor extenuante de convencer a la otra mitad, a la que perdió. Si los republicanos y hasta los ultras mimetizaran la conducta civilizada y madura de Romney al reconocer la derrota y ofrecieran su respaldo, el mundo, México y los mercados podrían relajarse. No habría abismo donde caer; pero el comportamiento de la oposición puede errar en la ideologización de su bandera y cerrarse en la necedad.

Obama ha delineado ya sus planteamientos para el segundo mandato. Sus cartas están en la mesa, pero siendo el ganador, aún dependerá del Legislativo, de la oposición, que se enriquezcan las propuestas, se vuelvan leyes y reformas, programas y avances o se entierren.

Hoy hay 12.1 millones de desempleados y pese a la baja, aún la tasa de desempleo es de 7.9%. Obama impulsó un programa de creación de empleo que ha menguado un poco desde 2010. Ahora propone aplicar exenciones fiscales a empresas foráneas que se instalen en EUA.

Increíble pero Estados Unidos es uno de los países que tiene menor recaudación en el mundo. El 15.3% de su PIB. Obama ha planteado la “Regla Buffett”, que impulsa el cobro de impuestos, el 30%, a quienes ingresen más de un millón de dólares al año, lo que ha molestado a los sectores pudientes de su país. También busca la prórroga que vence este 2012, de los recortes de impuestos para rentas menores a 250 mil USdlls anuales, una herencia de Bush.

Estos temas fueron los más utilizados por los republicanos para atacarlo, pues discrepan. La solución para los conservadores es recortar gasto público en programas sociales como el Medicare y el Medicaid, que a su juicio son muy “socialistas”. Lo cierto es que Obama logró y sostendrá su reforma a los programas de salud que amplían la cobertura a ciudadanos sin seguro médico ni acceso a servicios gratuitos. Esta decisión le allegó votos.

La deuda de EUA está por arriba de lo 16 billones de dólares y el déficit arribó a los 1.13 billones. El borde del precipicio. Obama propone un ahorro de 4 billones para 2022; extender recortes en el presupuesto en un billón y aumentar los ingresos por impuestos, a los ricos, por supuesto.

En contraste al militarismo de los republicanos, Obama ha planteado un ahorro importante en el gasto militar que asciende al 41%, con la salida de tropas de Afganistán y el fin de la guerra en Irak. Ha insistido en la no proliferación de armas nucleares y en la reincorporación de los veteranos de guerra al mercado laboral. Pero los republicanos ven pérdida de hegemonía con este “repliegue presupuestal” militar.

Pese a que se abrogó la ley que en 2004 regulaba la venta de armas en EUA, hoy y según la ONU, hay entre 270 millones y 300 millones de armas que circulan en ese país. Y Obama no ha encontrado la ruta ni el consenso para la regulación, sobre todo en la frontera y a demanda tenaz de México. Los republicanos y uno de sus brazos de financiamiento, la poderosa Asociación Nacional del Rifle, no han permitido acuerdos en el Congreso para este propósito. Lo más que ha podido hacer Obama es promover la verificación de los antecedentes penales a quienes compran armas.

Obama ha sido un liberal. Es partidario del aborto legal y del matrimonio entre personas del mismo sexo. Temas de inclusión y tolerancia que abanderó en su campaña y que se espera, impulse como política de Estado, en este segundo término. Destaco que uno de los saldos de esta elección fue el voto a favor del matrimonio entre homosexuales en Maine y en Maryland, lo que suma 9 estados donde es reconocido legalmente. Y como nunca antes en la historia de EUA, hoy una senadora electa se asume públicamente como homosexual. Esto ejemplifica el respaldo de las minorías sociales a Obama.

Por otro lado, el tema “tabú”, obtuvo respaldo popular. Me refiero a la legalización del uso de la mariguana para recreación, que en Colorado y en Washington y casi en Oregon, fue votada a favor. Ya serán 19 estados donde la droga es legal, para “viajar” o para curar. Y Obama ha sido categórico en su posición contra la legalización de cualquier sustancia ilícita. Este es un reflejo del mandato democrático de una sociedad que votó a conciencia por lo uno y por lo otro; a favor de Obama en mayoría, pero en contra de sus posturas en algunos temas.

En el que interesa a los latinos, la Reforma Migratoria que no se ha concretado ni se ve que se logre, Obama en campaña impulsó la regularización de los jóvenes estudiantes indocumentados que llegaron siendo niños y que ahora podrán hasta tener un trabajo. Una amnistía temporal y electorera, pero que balanceó la decepción de la comunidad hispana que le dio su voto en un altísimo 70%.

Los temas de energía y de medio ambiente son parte de la agenda de Obama. Propone crear hasta 600 mil empleos en la industria de gas natural para 2020; ha fortalecido la producción de petróleo y reforzado las energías verdes. Si bien EUA no ha firmado el Protocolo de Kioto como uno de los principales emisores de dióxido de carbono, Obama es partidario del uso de energías renovables y seguramente insistirá en el Congreso sobre la regulación de emisiones de gases causantes de efecto invernadero, que ya sintieron, en Nueva York y Nueva Jersey, son los culpables de los estragos del cambio climático que casi las arrasó.

En política exterior, Obama ha sostenido que fortalecerá la relación con América Latina, a través del comercio, de la cooperación en justicia y seguridad y, con México, en la responsabilidad compartida en materia de combate al crimen organizado. Bien.

Frente a la crisis de la zona monetaria euro, Obama ha sido crítico constructivo del asunto. Ha planteado la fórmula doméstica para aliviar la economía de los países europeos que siguen padeciendo los efectos de la crisis del 2008: rescate público de los bancos y estímulos monetarios a las economías. Obama tiene buena relación con Europa. Las felicitaciones del bloque demuestran que siempre fue su candidato. También cruzaban los dedos.

En lo que respecta a Medio Oriente, la postura es invariable: el aliado es Israel y habrá de protegerlo, aunque Obama no deja de invitar a la negociación bilateral con Palestina para solucionar el conflicto eterno. Plantea la transición política en Siria mediante gestiones diplomáticas, aunque siguen las presiones a China y a Rusia para convencer a su aliado a dimitir. A Irán ya le cantó la cartilla; seguirán las sanciones y la advertencia contra las amenazas de ataques a Israel no quedará en el discurso rudo.

Especial mención en su campaña sobre China, país al que Romney propuso ignorar y hasta tumbar. En este año, el déficit comercial de EUA con el dragón rojo es de 203 mil 100 millones de dólares. Es su principal tenedor de deuda con más de mil 150 billones de dólares en Bonos del Tesoro. Pese que a EUA molesta el poderío económico de China, Obama plantea una relación de conveniencia y de socios, más que de enfrentamiento aunque los hay y seguirán.

Lo que sigue, es lo que ya se vive en México. La negociación efervescente, el calibre a la voluntad política, explayar toda habilidad para conquistar a los que no pudieron sacar a Obama de su Oficina Oval, el primer presidente no blanco que volvió a ganarles.

Los opositores deben aprender a funcionar con el patriotismo que promueven y ser responsables del presente y del futuro de su país y de la estabilidad económica internacional.

En la primera democracia del globo, la oposición conservadora y extremista no puede darse el lujo del berrinche ni del rencor. La derrota los resintió, la polarización no les funcionó para vencer, pero sí para revelar los contrapesos de una nación. Obama sabe que gobernará con poco más de la mitad y que habrá que construir puentes sólidos de negociación, para lograr. El tiempo del odio murió en las urnas. Así debiera quedar. Viene el tiempo de la reconciliación.

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