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Columnas y artículos de opinión

De policías y estudiantes

Diario de un reportero

Por: Miguel Molina

22/11/2012

alcalorpolitico.com

El oficial me ordena que me detenga, y me señala un lugar. Me detengo, y me rodean cuatro, cinco policías enmascarados con las armas listas. En la carretera, el tránsito fluye lentamente no por el retén sino por el triste estado del camino. Es un lunes soleado, y el día tiene aire de fiesta.

El oficial me ordena que baje los vidrios de las ventanillas y que baje del carro. Otros dos policías se acercan. El oficial me pregunta de dónde vengo y a dónde voy, a qué me dedico, de quién es el carro, y me pide una identificación. Le ofrezco mi credencial de periodista británico, y respondo a sus preguntas.

"¿Qué cosa es esto?", me dice sorprendido. "Es la única identificación que tengo", le digo. Saco mi pasaporte mexicano vencido y se lo doy. "No lo he renovado porque en el consulado de México en Londres no aceptan mi licencia de manejo de Veracruz como documento oficial". "¿Y cómo entró usted al país?", me dice. "Con el pasaporte vencido", le digo.

El oficial me informa que sus compañeros van a revisar el carro. Le digo que sí porque no tengo nada que ocultar (traigo regalos para Emiliano y dos litros de whisky de una sola malta pero ningún pecado...). Los otros policías revisan el carro, ven mi equipaje, y deciden que no represento ningún peligro.

"Puede usted seguir su viaje, señor", me dice el oficial, y me regresa mis documentos. Le doy las gracias. El oficial me mira. No creo que nadie le haya dado nunca las gracias por hacer su trabajo. Me voy pensando que el oficial y muchos otros policías arriesgan sus vidas para que nosotros podamos vivir las nuestras más o menos sin sobresaltos, sin que nadie les agradezca.

Más tarde me entero de que otros policías detuvieron a un grupo de estudiantes que trataban de protestar durante el desfile del 20 de Noviembre en Xalapa. Me entero, como todos los demás, que fueron detenidos sin causa y liberados sin problema, aunque hay periódicos que no se enteraron o no quisieron publicar la noticia.

Supongo, como muchos, que debe haber malestar en los más altos escalones del gobierno porque en Veracruz se permite y se alienta la libre manifestación de las ideas, sobre todo entre los jóvenes, cuya edad los hace naturalmente inconformes y cuya energía busca salidas donde las haya.

Cualquiera se da cuenta de que las detenciones del lunes solamente contribuirán a que los jóvenes desconfíen de las autoridades y de lo que digan las autoridades, y harán que las protestas que vengan -porque vendrán- sean directamente proporcionales a lo que los policías les hicieron a los estudiantes.

Uno sabe, porque lo ha visto, que los policías no son necesariamente violentos, y casi nunca intolerantes con quienes piensan distinto. Tal vez llegó el momento de que quienes dan las órdenes lean o escuchen los discursos del gobernador Javier Duarte y se enteren de la importancia que el joven político cordobés le da a los veracruzanos que tienen menos años y menos experiencia.

Uno sabe, también, que la desconfianza alcanzará a los medios que eligieron no mencionar los arrestos. El contrato social de la prensa con sus audiencias o sus lectores implica satisfacer la necesidad que tenemos todos de saber qué pasó y qué pasa, a cambio de la voluntad de creer lo que los medios dicen. Pero nadie puede confiar o desconfiar de lo que no se dice.

Y cuando me acuerdo del oficial que me detuvo en el retén, pienso en los policías que detuvieron sin razón legal a los estudiantes. Nadie les va a agradecer nada. Ni siquiera quienes les dieron las órdenes...

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