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Columnas y artículos de opinión

¿Quién defiende a los usuarios?

Prosa Aprisa

Por: Arturo Reyes Isidoro

29/11/2012

alcalorpolitico.com

El nuestro, qué duda cabe, es un país verdaderamente singular por cuanto hace a la forma en la que actúan sus gobiernos.
 
Ahora mismo, el polémico nuevo libramiento carretero de Xalapa es un buen ejemplo de cómo hemos pasado de los extremos del PRI… a los del PAN.
 
Hubo alguna vez en que se construían carreteras, totalmente acabadas, y pasaban meses y meses sin que se utilizaran hasta que sobre ellas no pusiera un pie el presidente de la república.
 
Lo mismo valía para la pavimentación de calles en los municipios y de otras obras materiales para el gobernador del estado.
 
Todavía quedamos muchos sobrevivientes que vimos y vivimos aquéllos despropósitos de la era de los gobiernos priistas hegemónicos, autoritarios, verticales.
 
Por ejemplo: se pavimentaba una calle y, ya lista, se cerraba hasta que no la inaugurara el presidente municipal, quien no lo hacía enseguida porque esperaba una fecha especial para hacerlo: su cumpleaños, el de su esposa, su informe de gobierno, la visita de algún personaje importante, etcétera.
 
Se construían muchas obras materiales en el último año del gobernador en turno, a veces a mitad del año, pero se empezaban a “guardar” y no se ponían en funcionamiento porque se dejaban para el último mes de gestión, noviembre, sólo hasta entonces, cuando el tlatoani local las empezaba a inaugurar para despedirse entre vítores de sus súbditos, perdón, del pueblo, quien de esa forma le agradecía tantos beneficios.
 
Hubo casos sonados de carreteras federales que se acabaron de construir pero que no dieron servicio hasta que fue el presidente a inaugurarlas. Y nadie, absolutamente nadie podía rodarlas antes de que lo hiciera el huésped de Los Pinos.
 
(Alguna vez, un día en que por fin se inauguraría una carretera, un automovilista se atrevió a hacerlo con tan mala suerte que lo sorprendió un Policía Federal de Caminos, quien lo detuvo. Pero, de esos bandazos de carácter que tenía el presidente Gustavo Díaz Ordaz, cuando se enteró, cesó al policía, lo que fue noticia de 8 columnas en los pocos diarios que entonces existían. Pero el agente “del orden” había actuado porque así eran las reglas del juego entonces. Por eso la, para ese entonces, insólita decisión presidencial.)
 
Y, claro, mientras, las obras ahí estaban sin ser usadas, muchas veces incluso deteriorándose.
 
Muchos lustros después, ya en otro siglo, cuando por fin el panismo llegó al poder, actuó en sentido contrario: no esperó a que estuvieran terminadas totalmente las obras para inaugurarlas.
 
En Xalapa, o más bien en sus cercanías, se ha tenido el más claro ejemplo de ello: no obstante que no estaba concluido y que le faltaban detalles, Felipe Calderón inauguró oficialmente el último tramo del libramiento Xalapa, entre Corral Falso y Banderilla.
 
A lo que quiero ir, en conclusión, es que, qué tristeza, los gobiernos, ya tricolores, ya azules, ya ¿liberales?, ya conservadores, siguen sin hacer bien las cosas, guiadas o por el sometimiento al poder de quien manda o al oportunismo para que se luzca el que manda.
 
La única justificación para que Calderón viniera a inaugurar una obra inconclusa es que quería lucirse a horas de entregar el gobierno. Y no tenía mucho con qué.
 
Obnubilados como están o son los hombres del poder, no reparan en que hoy es imposible ocultar la verdad. Pero, peor, en que continúan pensando y creyendo que el pueblo no se da cuenta o que no sabe.
 
Más grave, en que desde el mismo lado oficial se difunde, con un gran aparato de publicidad, que se tratan de obras inconclusas, como el ahora tan llevado y traído libramiento, del que se reconoció que se inauguraba pero que todavía no podía entrar en servicio porque le faltaban detalles.
 
Y si todo lo anterior ya es preocupante de que continúe ocurriendo, a mí todavía me parece de mayor gravedad el hecho de que los medios no se den cuenta o no quieran darse cuenta y se sumen sin mayor rubor a esta mascarada.
 
Yo pensé que la fiesta inaugural había concluido con la que hizo Calderón, pero ayer, este miércoles, me fui para atrás cuando vi las ocho columnas celebrando que por fin entró en servicio y todavía destacando, pero sin cuestionar a favor de los intereses de los lectores-usuarios, de la sociedad, el alto costo por el peaje.
 
Se destacaron algunos detalles técnicos y de magnitud arquitectónica y de ingeniera, como que hay un túnel y un puente entre los más altos del país. Eso se reconoce. Lo no se debe ni se puede pasar por alto es que con ello se trata de ocultar una verdad de fondo: el costo por el servicio es un verdadero atraco.
 
Generalmente, hasta donde lo conozco, que no es mucho, el delegado de la SCT, Agustín Basilio de la Vega, es un hombre sensato, mesurado. Pero esta vez, su respuesta a los cuestionamientos de algunos constructores con su dicho de que “El que busca defectos hasta en el cielo los encuentra” está fuera de toda proporción.
 
El libramiento es una obra inconclusa pues, para su alto costo, debiera tener, como han señalado las críticas, baños, rampas de emergencia (como las tiene la Puebla-México, de mucho menor costo el peaje), depósitos de agua y una línea telefónica de emergencia con teléfonos a determinadas distancias para casos de emergencias, además de la señalética adecuada, entre otras cosas.
 
Según la nota del reportero Edgar Reyes, de El Heraldo de Xalapa, el delegado de la SCT evadió responder a las críticas de algunos constructores. Dijo que no era el momento de responder y que “quien busca encuentra”. Pues claro. Ante el alto costo de la tarifa se debe buscar hasta el más mínimo detalle, que la construcción responda a lo que se cobra.
 
El costo es alto. Altísimo. Por lo que se ve, los empresarios españoles y portugueses que tienen la concesión están trasladando la crisis económica de sus países a Veracruz, esto es, quieren reponer a costa de nosotros las pérdidas que están teniendo en Europa. No se vale ni se debe permitir. Pero quienes lo deben evitar o contribuir a ello, no lo hacen: ni autoridades y, tristemente, ni los medios impresos más importantes.
 
Incluso se argumenta que se debe ver lo positivo de la obra. Habría que preguntar lo positivo para quién, porque para el pueblo, para el usuario, indudablemente que no lo es.
 
Tal como están las cosas –aunque habrá que esperar que pase algún tiempo–, todo apunta a que el alto costo del peaje será determinante para que los automovilistas prefieran continuar pasando por la ciudad, Xalapa, por lo que, lo que se llegó a pensar que sería la solución al grave problema de circulación vial en la capital no ha pasado de ser un sueño guajiro.
 
Algo triste, todavía más, en este caso, es que incluso la Iglesia Católica, que últimamente ha tenido una línea crítica ante la mala actuación de los gobiernos en defensa de los intereses de sus feligreses que son los intereses populares, avaló las irregularidades con la bendición que hizo del último tramo el sacerdote Rafael González.
 
No podía ser más contrastante la figura del religioso hisopo en mano regando (¿o regándola?) el agua bendita sobre la cinta asfáltica con la letrina móvil cercana, fiel y claro testimonio de la improvisación, del ahí se va, del valemadrismo en materia de obra pública en México.
 
Pero las autoridades, los medios y la Iglesia lo han celebrado. El pueblo está, continúa indefenso. A las instituciones no les preocupan sus intereses. Qué tristeza. Y luego por qué hay protestas, inconformidad, rebeldía.

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