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Columnas y artículos de opinión

Apuntes de viajero

Diario de un reportero

Por: Miguel Molina

06/12/2012

alcalorpolitico.com

Tal vez el dicho debería señalar que nadie es turista en su tierra, pero no sería verdad. No hace mucho pude volver a viajar por caminos que me llevaron a mis raíces antiguas, en este caso Huatusco, donde nació mi papá.

No es la primera vez que viajo en busca de mi propia historia. Un día de hace años subí con Liz a un avión que nos llevó a Niza, y en Niza subimos a un carro en el que cruzamos los Alpes por el Col de la Bonette, el paso más alto de las altas montañas, y de ahí, de curva en curva, cuesta abajo, hasta el punto en que el viajero tiene que decidir si va a Barcelonette o a Jaussier.

No sé por qué di vuelta a la izquierda y terminamos en Barcelonette, donde buscamos sin encontrar huellas de don Clemente Graille pero pasamos varios días de asombro en asombro y de banquete en banquete hasta que fue hora de regresar a Londres. Ahí me di cuenta de que el bisabuelo había nacido y crecido en Jaussier, y que ahí vive todavía parte de la familia.

Pero esta vez me fui a Huatusco, y traté de ver el viaje con ojos de turista. Me fue mal. La única carretera que encontré en buen estado fue la de Xalapa a Veracruz. De ahí en adelante no hay señalamientos, y los que hay son para quien ya no los necesita porque sabe para dónde ir.

Hallé un trecho transitable - es decir un tramo que no hiciera vibrar las llantas y estremecer la carrocería - en la autopista a Córdoba, aunque el resto del camino esté francamente dañado por el tránsito de camiones cañeros y de otros. Pero no hallé señalamientos que me dijeran sin lugar a dudas cómo seguir hasta Huatusco...

De regreso tampoco encontré nada, y habría terminado en Los Tuxtlas si me hubiera parado a preguntar en una gasolinera. El resto del camino me la pasé pensando por qué están las cosas como están, y buscando letreros que me dijeran a dónde iba y cuánto me faltaba para llegar.

También pensé que la ausencia de información precisa en las carreteras - y en las ciudades mismas, como Xalapa - echa a perder la idea de que Veracruz sea un lugar en el que los turistas extranjeros puedan andar con facilidad y sin confusiones. Si yo me perdí, cuantimás los viajeros que vienen de países donde las señales dicen lo que uno necesita para llegar a donde va.

El problema - porque es un problema - es que no hay responsable claro de esta omisión que afecta sobre todo a la secretaría de Turismo, que ya tiene encima el trabajo grande de convencer a los viajeros del mundo de que Veracruz vale la pena (aunque haya despistados, sobre todo periodistas despistados, que piensan que no hay que salir del estado para vender su imagen, como si ellos supieran de estas cosas...).

Pero hasta donde sé, a Turismo no le toca decir qué distancia hay de un lado a otro, ni mantener las carreteras en buen estado, ni pensar en asuntos que les corresponden a otros. Eso sí: Turismo tiene, como todos, la obligación ponerse a pensar en lo que necesitan saber quienes vienen a pasarla bien acá en vez de irse con las divisas a otra parte.

Tal vez sea hora de que los jefes se sienten a pensar qué hace falta. Tal vez los jefes necesitan que venga alguien que no conozca el estado y que les diga qué necesita para no perderse y para llegar a donde quiere ir. Tal vez los jefes necesitan ser menos jefes. Tal vez. Tal vez.

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