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Columnas y artículos de opinión

¿Le pondrán el cascabel al gato?

Espacio Ciudadano

Por: Jorge E. Lara de la Fraga

20/12/2012

alcalorpolitico.com

“… es la sombra protectora del SNTE lo que desprestigia a la profesión
docente…” Alba Martínez Olivé (2009) Actual Subsecretaria de la SEP.
 
Del dicho al hecho hay un buen trecho. Sin embargo, espero que los aires renovados que empiezan a soplar con dirección a la SEP sean benéficos para la conducción y para el desarrollo apropiado de los niños y jóvenes de la nación en este tercer milenio. No expreso nada novedoso cuando afirmo que la educación en México tiene una gran cantidad de problemas, como el enorme rezago de la población mayor de 15 años, la desigualdad en las oportunidades formativas, la baja calidad en la enseñanza y la ausencia de un consistente proyecto educativo. Anhelo por ello que con la iniciativa de la reforma de ley en materia pedagógica, elaborada por el Ejecutivo Federal y turnada al Poder Legislativo para su análisis y aprobación, sea un parteaguas significativo que posibilite arribar a propuestas factibles y a políticas viables para favorecer la calidad educativa.
 
Como es del conocimiento de los lectores, el pasado lunes 10 de diciembre el Presidente de la República, Enrique Peña Nieto, turnó al Poder Legislativo la iniciativa de decreto que reforma y adiciona a los artículos 3º y 73 constitucionales. Tal propuesta de ajuste se inscribe en el marco del llamado Pacto por México y pretende en síntesis lograr los siguientes propósitos: Que la SEP vuelva a ejercer la rectoría del Estado en la materia, que esa institución máxima sea la responsable de diagnosticar los problemas, establecer las metas y los objetivos, de elegir la pertinencia de las estrategias y dar seguimiento puntual a las evaluaciones; también reformar el artículo 3º constitucional, con el fin de establecer un sistema profesional de carrera, o sea poner orden en lo concerniente al ingreso y a la promoción de docentes en el sistema, a fin de que los eficientes y buenos profesores puedan ascender, con base en sus méritos. Asimismo se pretende y propone levantar un censo, en colaboración con el INEGI, para conocer realmente el número de alumnos, de escuelas y docentes existente en el sistema.
           
Aunado a lo anterior y en aras de superar la crisis formativa actual, se propone la instauración del Instituto Nacional de Evaluación Educativa, como un organismo independiente y con patrimonio propio, mismo que se encargará de someter a mediciones a todos los actores del hecho educativo. Es de entenderse que la labor de ese Instituto será diversa y titánica pues, entre otras cosas, encauzará sus esfuerzos para conocer cómo están operando los actuales planes y programas de los diversos niveles educativos, observará el funcionamiento y organización de las instituciones formadoras de docentes, también cómo se está procediendo en las aulas y con qué recursos se desenvuelve el proceso enseñanza – aprendizaje; detectar con objetividad si los supervisores y jefes de sector cumplen con su tarea institucional, así como mensurar las condiciones materiales de los inmuebles escolares y la participación de los padres de familia en la conformación de sus hijos.
 
Por ese sendero de buenas intenciones, no estaría nada mal que nuestras autoridades pusieran especial atención al trabajo cultural e intelectual del docente, a efecto de estimularlo con dignidad y con justicia, así como considerar al aula como un ámbito de experimentación, de creatividad, innovación e imaginación pedagógica. Encuadrar a la evaluación como un proceso sistemático y con una proyección formativa más que punitiva. Frente al enciclopedismo prevaleciente, a la repetición mecánica de contenidos y a la uniformidad en la enseñanza, promover ambientes formativos flexibles, donde se le otorgue importancia tanto a los saberes como a las capacidades y habilidades socioafectivas , sin descuidar los renglones psicomotrices y estéticos. Lo obvio y prudente: enseñar a aprender y a pensar, mantener el principio de laicidad, otorgando prioridad a la formación en valores, a consolidar identidades culturales y a tener en singular consideración la formación ciudadana para la democracia y la justicia.
 
Y ya de salida, con las novedosas reglas futuras en el capítulo didáctico, sin pretender ser el clásico “aguafiestas”, me formulo las siguientes interrogantes: ¿Se terminarán los abusos sindicales y serán historia los “aviadores” consuetudinarios que cobran sin trabajar?; ¿proseguirá cogobernando el SNTE y la SEP?; ¿Ya no se suspenderán clases por motivos corporativos o por razones político – sindicales?; ¿continuarán las celebraciones en días hábiles para homenajear al o a la lideresa moral de la agrupación?; ¿ya no habrá privilegiados en el sector educacional? y por último, ¿seguirán operando los mismos supervisores, jefes de sector y funcionarios diversos que se subordinan fielmente a las directrices del SNTE?, etc… Sería demasiado cruel que toda esa parafernalia oficial, que esa nueva iniciativa jurídica y todas esas declaraciones triunfalistas sobre un nuevo amanecer en el campo educativo, se quedaran únicamente en el sendero de los buenos deseos navideños y emergiera sólo de tal embrollo un lamentable “parto de los montes”

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