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Columnas y artículos de opinión

No es el amor que muere…

Tierra de Babel

Por: Jorge Arturo Rodríguez

20/12/2012

alcalorpolitico.com

No, no se acabará el mundo. La tierra seguirá girando. Simplemente porque quienes se acabarán somos nosotros mismos. ¿O ya estamos acabados? Sucede como los versos del poeta español Luis Cernuda: “No es el amor que muere, somos nosotros mismos”. He ahí el asunto. A mí me da la impresión que vivimos atados al exterior, en tanto que quizás sea mejor que vivamos, o aprendamos a hacerlo, libres hacia el interior para después, libres también, gocemos del exterior. Vaya, en pocas palabras, nos hemos deshumanizado, y en su lugar testarudamente nos hemos enfrascado en depender de lo material, sea éste lo que usted guste, desde un puñado de monedas hasta lo más sofisticado que considere, si se tiene la oportunidad engañosa de contar con ello.

Nos hemos olvidado a nosotros mismos, al diablo con lo espiritual, los valores, la neta de la moral –no la meta moralina. ¿Todo eso es asunto del pasado? ¿Quién se acuerda de ello? Tan superficial que somos, tan falsos, que quizás por eso el miedo nos invade pronto, se incrusta en nuestras almas, y hete aquí que, dicen, el miedo no anda en burro: huimos desesperadamente, ni siquiera tenemos una mínima fuerza para enfrentarlo. Otras veces no huimos, nos quedamos paralizados de miedo. ¿De dónde carajos podríamos sacar una pizca de impulso para actuar aún en medio del miedo si no sabemos nada de nuestra potencia creadora espiritual?
En otras ocasiones, dicen los sabihondos, el miedo nos lleva, nos arrastra a cometer barbaridades que un segundo después no sabemos lo que realmente hicimos, y el miedo continúa… Incluso, hay quienes nos meten miedo para subyugarnos, mantenernos aterrados e inmóviles, porque el poder, la sobrevivencia del más cabrón así lo requiere.

Pero dejando tanta palabrería mía, ya hasta parezco terapeuta con un rollo barato de autoayuda y superación personal, Aldous Huxley decía que el amor ahuyenta el miedo y, recíprocamente el miedo ahuyenta al amor. Y no sólo al amor el miedo expulsa; también a la inteligencia, la bondad, todo pensamiento de belleza y verdad, y sólo queda la desesperación muda; y al final, el miedo llega a expulsar del hombre la humanidad misma.

Y sí, dijera William Shakespeare, de lo que tengo miedo es de tu miedo. Pero, como afirmó el escritor español Alonso de Ercilla y Zúñiga, el miedo es natural en el prudente, y el saberlo vencer es ser valiente. Además, ya saben que el valiente vive, hasta que el cobarde quiere. ¿Cómo lograr esto? Ahí está el detalle, Chato. Se los dejo de tarea, y en realidad no es tan difícil, sólo hay que empezar por creer y crear. Vaya, empezar por nosotros mismos, desde ahí en lo más profundo del “yo” necio y testarudo.

Como bien escribió el poeta alemán Friedrich Hebbel, muchos no creen en nada, pero temen a todo.

De cinismo y anexas

Ya saben que Grecia, como otros muchos países, anda de la chingada. ¿Le falta poco a México pa’ hundirse en ese abismo? En fin, que el poeta Titos Patrikios, en entrevista, expresó: “A veces las personas me preguntan si soy pesimista u optimista, yo les digo que soy optimista. ¿Por qué? Por tres razones. La primera: en la Isla de Creta producen un aceite de oliva muy bueno y lo han promovido tan bien que ahora hacen colas en París para comprarlo; segunda razón: los productores de vino al norte de Grecia fueron a China y lograron conseguir un primer contrato por 11 millones de botellas; la tercera razón: el equipo de waterpolo femenil ganó la copa mundial. Si todos trabajamos de la misma manera podemos superar el problema. Lo malo es que no todos trabajan de la misma manera”.

Y luego, a la pregunta “¿Usted era muy joven cuando vivió la guerra, que les dice a los jóvenes que hoy viven la crisis?”, Patrikios manifestó: “Tengo una gran simpatía por lo que he vivido, sin embargo nunca trato de comportarme como un hombre joven, me da miedo hacer el ridículo. Hay un dicho francés que dice: “Lo ridículo mata”. Claro, descubrí que no es cierto esto, para muchos políticos hacer el ridículo los levanta”.
Por lo pronto ahí se ven.

Hasta la próxima
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