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Sección: Estado de Veracruz

Con sobrepeso y obesidad se es proclive a desarrollar cirrosis, como los alcohólicos

- Un alto consumidor de alcohol tiene 5.4 veces más depósitos de grasa en el hígado y un obeso 4.6 veces
- Una “llantita” puede traducir en ese riesgo, advierte el doctor Iván Hernández Gutiérrez

Ángeles González Ceballos Xalapa, Ver. 12/10/2012

alcalorpolitico.com

No sólo los alcohólicos pueden llegar a padecer de cirrosis hepática, también las personas con obesidad, incluso aquellas personas que tienen una “llantita”, debido a que su hígado está graso y si no se atienden pueden desarrollar este mal que siempre se asocia al consumo de alcohol.

El doctor Iván Hernández Gutiérrez, ex director del Centro de Especialidades Médicas (CEM), expuso -durante las XXIII Jornadas Académico-Científicas y Tópicos Selectos de Atención Ambulatoria- que por cada uno por ciento de aumento del peso corporal del peso ideal, el incremento en la grasa intracelular en el hígado, puede llegar del 20 al 40 por ciento de más.

“Un alto consumidor de alcohol tiene 5.4 veces más depósitos de grasa en el hígado que una persona que no consume, pero un obeso tiene 4.6 veces más depósito de grasa en el hígado, qué quiere decir: tener sobrepeso, obesidad equivale casi a ser un alto tomador de alcohol, para los fines del daño hepático que provoca…45 por ciento de los hispanos la tienen y 19 por ciento de los asiáticos”, expuso.

Subrayó que no hay que estar extraordinariamente obeso, a veces el tener una “llantita” se puede traducir en ese riesgo.

Durante su conferencia “Esteatosis hepática no alcohólica”, comentó que siempre se piensa que las personas con problemas de obesidad son las que van a tener problemas de salud, pero no es así, pues también la gente que tiene sobrepeso sin llegar al rango de obesidad, tiene riesgo para desarrollar los mismos padecimientos de uno con obesidad.

Incluso la gente que tiene alguna distribución anormal de grasa ó “llantitas” cae en el mismo rango, de modo que “cada vez que sea habla de los obesos, el sobrepeso y los que tienen una distribución anormal de grasa, aún con un índice de masa corporal normal, puede caer en ese riesgo”.

El galeno quien en un principio pidió a los presentes levantarse, pues algunos se estaban durmiendo, explicó que el tejido adiposo o la grasa del cuerpo es un órgano altamente secretor e íntimamente relacionado a los procesos de inflamación del cuerpo y a las consecuencias de ello.

Recordó que en 1980 se publicó un hallazgo de pacientes con esteatosis hepática sin que estuvieran relacionados con el consumo del alcohol, fue una condición en la cual el hígado empezaba a generar cirrosis hepática; 14 años después se describe a esta enfermedad como la enfermedad hepática más prevalente en los países occidentales.

De tal suerte que ahora se sabe que la esteatosis hepática está relacionada al aumento del riesgo coronario, a la diabetes tipo II, aumento para cáncer y demás padecimientos como hipertensión, apnea del sueño, entre otros.

“Tenemos ante nosotros un padecimiento que ha tomado una gran importancia y cómo es que se llega a encontrar la asociación entre obesidad y un daño hepático progresivo. Hay un par de teorías con relación a esto. La primera tiene que ver con un aumento en la producción de grasos libres como consecuencia del sobrepeso, de la obesidad y con la resistencia a la insulina”, expuso.

Asimismo, señaló que una segunda causa que provoca el daño al hígado es la producción anormal de citosinas y un aumento en el estrés oxidativo.

Abundó que las anormalidades es que en vez de que la grasa se acumule en el compartimiento subcutáneo se acumula en el hígado, fue ahí donde explicó que por cada uno por ciento de aumento del peso corporal, por arriba del peso ideal, el incremento en la grasa intracelular hepática llega del 20 hasta un 40 por ciento más, “como consecuencia tenemos nuestro hígado graso”.
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