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Sección: Vía Correo Electrónico

Crímenes no resueltos generan dudas razonables

Cirilo J. Rincón Aguilar

02/11/2012

alcalorpolitico.com

Desde la aparición del homo sapiens sobre la tierra cuya explicación no ha sido suficientemente aportada por la ciencia, no así por los sagrados textos, como era en un principio desde los orígenes del mundo, el primer relato de la creación: el Libro del Génesis en la Biblia refiere el homicidio de Abel a manos de su hermano Caín y desde entonces, el odio, la envidia, la mala fe, las disputas por el poder han llenado los tiempos y las naciones de crímenes y genocidios cometidos por un solo hombre o por pandillas que han llenado de dolor y de tristeza a familias e incluso a naciones enteras.

La historia universal, a la par de los grandes avances en los inventos que han evolucionado y revolucionado el conocimiento científico, las bellas artes, la política, la sociedad y la composición de los estados modernos desde su nacimiento. También ha recogido el comportamiento de los líderes de los pueblos para hacerse del poder en base a la prosperidad y felicidad de sus gobernados o por el empleo de la fuerza bruta para retenerlo a cualquier costo.

Los feudos se convirtieron en reinos y los reinos en estados. Los señores feudales por el poder divino se erigieron en reyes y los reinos evolucionaron hasta convertirse en estados como España, Inglaterra y Holanda por citar los más clásicos casos de modernas monarquías europeas.

No se puede entender la consolidación de sistemas de gobierno sea cual sea el signo que los distinga y el espacio que ocupen en el mundo, sin absurdos derramamientos de sangre y, sin que nadie pueda explicar en forma suficiente por qué no se resuelven.

Reyes y tiranos, lideres religiosos y sociales, estadistas o ciudadanos de la calle, buenos y malos cayeron abatidos en nombre de Dios durante el periodo de la Santa Inquisición, del Estado o por bajas pasiones de otros seres humanos.

Así, siglos tras siglos evolucionó la sociedad hasta la vida moderna.

Entrados en la actualidad, millones de personas fuimos testigos a través de la televisión un 22 de marzo de 1963 en la ciudad de Dallas Texas, del magnicidio del presidente de los Estados Unidos John F. Kennedy. La misma mala suerte corrió su hermano el senador Robert F. Kennedy y el líder por los derechos civiles Martin Luther King. En los tres casos los sicarios Lee Harvey Oswald, James Earl Ray y el inmigrante palestino Sirham Sirham negaron su responsabilidad en los hechos y los casos todavía están sujetos a especulaciones que dieron origen a un gran número de teorías conspiratorias.

En otra esfera, bajo el mismo tema, nos enteramos de la muerte de Juan Pablo I la mañana del 29 de septiembre de 1983 a pocos días de haber sido elegido Papa por el Colegio cardenalicio. Ese día fue encontrado muerto el santo sacerdote poco antes del amanecer. La desinformación que difundió la Santa Sede en torno al caso, dio pie a igual número de teorías conspiratorias desde la casa de Pedro.

Por supuesto que el país no escapa de las perversidades humanas: Luis Donaldo Colosio Murrieta y José Francisco Ruíz Massieu son casos pendientes de resolver. La detención de Mario Aburto Martínez y Daniel Aguilar Treviño, ambos asesinos detenidos en la escena del crimen poco aportaron al esclarecimiento de los actos criminales. Por cuanto hace a Colosio, la opinión pública nunca quedó convencida de la autenticidad y posible reposición del verdadero asesino; uno fue el que vimos en la televisión el día de los hechos y otro el que presentó la PGR a los medios de comunicación sin las lesiones en la boca, corte de pelo raso, fresco y más joven que el detenido en Lomas Taurinas de Tijuana, BC. Y; en el asunto Ruíz Massieu, se involucró como autor intelectual al diputado federal por el estado de Tamaulipas Manuel Muñoz Rocha, de quien el periódico El Universal escribió el domingo 21 de 2009 “Los misterios del caso Muñoz Rocha” quien a pesar de que la justicia federal lo absolvió de toda responsabilidad, su cuerpo nunca apareció.

El caso más reciente de crímenes cometidos en el país al amparo de la impunidad, el odio y la brutalidad fue la muerte del joven José Eduardo Moreira, hijo del ex gobernador del estado de Coahuila y ex presidente del PRI Humberto Moreira. “No busco venganza, sino justicia” dijo. Otro caso más para la araña.
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