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Sección: Vía Correo Electrónico

Mutatis mutandis

Gobernar sin prevenir, para lamentar y endeudar

Rafael Arias Hernández 24/10/2012

alcalorpolitico.com

Gobierno sin compromiso social no es un buen gobierno.

Antes y después lo que importa es el origen y el fin, la razón de ser y hacer del gobierno.

Servidores públicos, no son concesionarios, ni patrones o dueños de las instituciones. Servidores al servicio de la sociedad y no al revés.

Gobierno sin organización, eficiencia, seguimiento y control, evaluación, fiscalización, transparencia y rendición de cuentas, veraz y oportuna, tampoco es o puede ser un buen gobierno.

La base de la legitimación es la credibilidad y confianza de los gobernados en todos y cada uno de los actos de gobierno, principalmente en resultados y hechos, no en declaraciones y repetidos buenos deseos.

Viaje sin retorno de los dichos a los hechos; del aislamiento del poder, al reconocimiento y aceptación, con verdadera participación social.

Las poblaciones de hoy padecen, tienen que sobrevivir a más y más situaciones y problemas, que pasados gobiernos no previeron, ni evitaron y, por lo tanto, nunca atendieron. Simple relación entre causa y efecto.

Lección repetida pero no aprendida: imposible desafiar o atender aquello que se desconoce, que se ignora o no se es capaz de enfrentar; o bien, sabiendo y siendo capaces de asumir el reto, quienes gobiernan, lamentablemente conducen al sacrificio y penalidades extremas a los pueblos, convenenciera y perversamente, deciden hacerlo para sacar utilidad o beneficio, provecho o ventaja, sin importarles el tamaño del daño.

La Historia muestra y demuestra la conocida, costosa y experimentada metamorfosis de malos a peores gobiernos. Transformaciones múltiples y a todos los niveles, en los que ineficiencia se combina con delincuencia y complicidad con impunidad.

Lo peor es que muchos de los gobiernos actuales, en todos sus órdenes, asumen y siguen iguales o peores patrones de conducta.

Hay razones de sobra y abundan evidencias.
Los futuros gobiernos, pero más que todo, los habitantes del mañana padecerán la falta de precisión y las ineficiencias de los gobiernos de hoy. Prevenir o lamentar.

Los errores e injusticias presentes, sin previsión y anticipación, fácilmente se convierten en causa y origen de situaciones peores que, tarde o temprano, transforman las condiciones en nuevas realidades, en problemáticas más difíciles y complejas.

Gobiernos eficientes mejoran su capacidad de respuesta, previsión y atención. No se limitan al inmediatismo, por muy importante que pudiese ser. Saben que sin planeación y evaluación, su capacidad se reduce y limita, a una atención apresurada y mala, cara y forzada que fácilmente los debilita e incapacita; que reduce la credibilidad y confianza de la población, hasta provocar inconformidad, insurrección y subversión. En el otro extremo, gobiernos de indeficientes y hasta de delincuentes son responsables de la inestabilidad y la violencia.

Así ha sido y será, porque en innumerables casos, quienes gobiernan no piensan en el mañana y, porque les conviene, todo lo reducen a un inmediatismo simple y ramplón, de boletín, spot, video y fotografía tan malos como caros y desacreditados ; o lo que es peor, pasan de la simulación de la ineficiencia, hasta la de la delincuencia.

Grave, cuando los gobernados, por las razones que sean, tampoco se preocupan y ocupan por el mañana, por el diseño y construcción del futuro.

En la feria del “para hoy” y del sólo importa el ahora. En cuanto a los recursos públicos y las atribuciones gubernamentales, el uso y abuso se hacen presentes, ocasionando con frecuencia, manipulación, condicionamiento, clientelismo y, desde luego, complicidad, delincuencia e impunidad. Problemática que se agrava, cuando no se piensa que las situaciones y sus condiciones se pueden prever, evitar o cuando menos disminuir y hasta controlar.

Si se revisa lo hecho, se encontrara también, una inundación de incapacidades y corrupción. Así como la proliferación de negocios y la abundancia de utilidades mal habidas.

Para empezar se sabe, desde tiempos ancestrales que llueve de arriba para abajo, que todo recipiente o espacio receptor tiene un límite y, que cuando se llena, se derrama o se inunda.

O para ponerlo más sencillo. Bien se sabe que la producción y disponibilidad de agua se da en un ciclo, que requiere de condiciones favorables como la reforestación que lleva años. Atenderla, bien y a tiempo, es un problema de capacidades y también de entendimiento. Luego entonces, en muchos casos conocidos, repetidos y padecidos:

¿Qué no se sabe lo que va a ocurrir?

¿Por qué esperar a que suceda el problema, y se causen los daños y las pérdidas consecuentes?

Lección no aprendida y experiencia redundada hasta el cansancio, a lo largo y lo ancho de aquí, de allá y de todas partes.

Historias en las que abundan la falta de previsión y los jugosos negocios apresurados de la improvisación, como el de pavimentar para hacer hoyos y destruir lo construido.

Después de mucho tiempo, de largas y pacientes esperas, primero se pavimenta o asfalta, para después meter el drenaje y volver a pavimentar; y así repetir el ciclo, para introducir el agua potable, el teléfono, la luz o cualquier otro servicio. Contratos y más contratos, sobre todo sin licitación, supervisión y evaluación. Negocios y más negocios.

Experiencia conocida y mil veces reiterada en aparente falta de coordinación o ineficiencia, que en realidad oculta complicidad y delincuencia: abrir, excavar y modificar (o hasta destruir) lo construido, con limitados recursos y hasta con sacrificios.

Se hace, rehace y deshace a cualquier precio, total es recurso público; y lo que es más importante, a cada corrección hay un reciclaje de la corrupción, así que cuál problema. Entre menos previsión y más corrección en cada obra o servicio público, habrá más beneficiarios del presupuesto apresuradamente aprobado. Claro sin evaluación, fiscalización y participación, dejar hacer y dejar pasar se vuelve costumbre.

VERACRUZ: MAYOR DEUDA
De acuerdo a un reporte especial reciente, de la calificadora Fitch Raitings, la entidad ocupa ya en el país el segundo lugar, con mayor Incremento absoluto en su endeudamiento, después del estado de Coahuila.

A partir de un amplio análisis del comportamiento de la deuda de los estados y municipios, en los últimos años, también señala que la calificación para Veracruz, seguirá con perspectiva crediticia negativa.
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