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Sección: Vía Correo Electrónico

Mariana Sayago, mujer caritativa, legó la mayor parte de sus bienes a hospitales de Xalapa

Este martes 22 de enero se conmemora su natalicio

22/01/2013

alcalorpolitico.com

Mariana Gertrudis Ildefonsa Sayago Dorantes nace el 22 de enero de 1817 en Naolinco, Veracruz, la mayor parte de su vida transcurrió en Xalapa, Veracruz, a donde se trasladó con parte de su familia.

Su principio fue humilde y su destino luminoso: sus padres fueron el señor Don Eusebio Casimiro Sayago y la señora Doña María de la Cruz Dorantes, tuvo cuatro hermanos; Guadalupe y Manuel quienes no abandonaron su natal Naolinco, Bernardo y Antonio, que llegaron a ser hombres acaudalados, de cuya fortuna la hicieron partícipe por herencia.

Ya en la Cuidad de las Flores, los tres hermanos acudieron a prestar sus servicios a la Hacienda El Lencero, propiedad del General y presidente Don Antonio López de Santa Anna. Dada la acción satisfactoria en el trabajo y la honradez acrisolada de estos jóvenes, el general Santa Anna depositó en ellos toda su confianza, al grado que al trasladarse a la ciudad de México para ocupar alguna de las veces la Presidencia de la República, encomendó los destinos de su hacienda a Don Bernardo, quien desempeñó ese puesto con extraordinaria atingencia; hecho que más tarde le valió ser designado por el mismo señor Santa Anna para atender algunos cargos públicos, entre ellos, el de regidor, Juez de Primera Instancia, presidente municipal de Xalapa y diputado local.

Quizá por el origen tan humilde en que desenvolvieron su infancia o bien por las penalidades que sortearon en el trabajo rudo de su juventud, jamás se enorgullecieron de la opulencia económica a que habían llegado, pues lejos de practicar esto, procuraron hacer el bien a los necesitados sin distingo de sexo, ideología y clase.

Al morir Don Bernardo el 22 de junio del año de 1880, quedó su riqueza bajo custodia de sus hermanos Antonio y Mariana. Desde esa fecha comenzaron a destinar sus capitales a obras de carácter social.

En el año de 1886 donaron a su tierra natal, Naolinco, la suma de $60,000.00 oro, conviniendo que con la mayoría de esta cantidad se construyera un hospital y el resto se destinara, según deseos de doña Mariana, a la Escuela Hidalgo de niños.

Sobre este particular conviene decir que en 1937 la población escolar de la Escuela Sayago se trasladó a la Escuela Hidalgo debido a que el lugar ocupado por la primera se construiría el Hospital que hoy lleva el nombre de tan altruista mujer.

Doña Mariana Sayago Dorantes fue mujer hermosa, no obstante lo cual permaneció soltera, alcanzando la ancianidad, en que perduró caritativa y religiosa.

Un año después del valioso donativo que habían hecho, falleció Don Antonio, precisamente el 15 de octubre y aproximadamente 11 años más tarde murió doña Mariana, el 17 de diciembre de 1896, dejando estipulado en su testamento, que la casona de su propiedad ubicada en Xalapeños Ilustres 90, a su muerte, fuera destinada a la manutención y cuidado de los ancianos, deseo que se llevó a cabo en enero de 1897, fecha en que se fundó el Asilo, como lo muestra una placa colocada en el descanso de las escaleras de la Casa Hogar del Adulto Mayor Mariana Sayago.

Fue sepultada en el Panteón Antiguo de Xalapa, donde se les erigió un mausoleo, rodeado por verja de hierro, reposa al lado de sus hermanos y de su padre, en simbólico monumento levantado a su espíritu benefactor. Se encuentra al centro una columna con un ángel que tiene en el brazo derecho a un niño y semidesnudo y en la mano izquierda una pieza de pan, simbolizando la caridad practicada por esta familia. Su epitafio dice: “A la memoria de la Srita. Mariana Sayago: legó la mayor parte de sus bienes a favor de los hospitales de esta cuidad, de la Instrucción Pública de Naolinco, de las ancianas, viudas y demás mujeres desvalidas.”

Los Sayago fueron una familia ejemplar, porque supieron partir los dones que la vida les dio, para alivio de muchas existencias desafortunadas. Sin duda alguna el proceder tan generoso de estas personas, jamás se perderá en el transcurso incesante del tiempo, en lo perdurable de sus obras, esto hará que cada uno de los que reciban sus beneficios, les tributen un recuerdo en el templo de su pensamiento y les prendan una lámpara en el sagrario de su corazón.
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