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CORAZONADA
Por experiencias dramáticas directas o a través del dolor de los adultos que lloran la pérdida de familiares, amigos o compañeros de trabajo, porque los desaparecen, los secuestran o sufren extorsiones, las nuevas generaciones de niños y jóvenes están creciendo en el ambiente de descomposición social, en que matar o robar no son delitos que las autoridades castiguen, ni es salvajismo o carencia de valores humanos, ni falta de respeto a la vida humana, sino simplemente es un modo de vivir, de enriquecerse; es la ley del más fuerte, del uso de las armas como fuente de poder
 
Si los gobernantes se lavan las manos y dicen que sólo “se matan entre ellos” es totalmente miope y falsa perspectiva; se matan por dominar “la plaza” para que otros entren a sojuzgar a la población, a saquearla, a reducir la convivencia al temor y la muerte y por eso, la autoridad no puede quedarse ajena a las ejecuciones porque ese es el hilo que conduce a la criminalidad
 
Y son los niños, los jóvenes, quienes están aprendiendo que matar o robar es natural, es “derecho legítimo”, en tanto la criminalidad crece y abarca cada vez más pueblos y aldeas, donde los habitantes no pueden defenderse y no hay autoridad que los auxilie… ni siquiera que les dé esperanza de solución