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¡A por el acto comunitario perdido!

Lenin Torres Antonio 16/08/2019

alcalorpolitico.com

A propósito de la urgencia de un proceso masivo de cercanía del estado con la ciudadanía y viceversa.

Muchos que no somos tan jóvenes, vivimos tiempos sociales en el que la cercanía con el otro, el pariente, los vecinos, amigos y contertulios era patente, aunque siempre ha habido fronteras (paredes, cercas, vallas, etc.) que deslindaban una propiedad de otro, éstas no separaban, al contrario, eran extensiones de nuestras casas y propiedades, ¡con qué facilidad las eludíamos y brincábamos para estar con el vecino y ser parte de esa familia, un otro que no tenía esa carga de extrañeza y hostilidad que hoy vivimos! Todavía recuerdo cómo en el corredor de mi casa nos quedábamos dormidos después de un día de intensa cercanía, juegos y pláticas (sin la frialdad del diálogo) y ver a mi madre despertarnos para que nos fuéramos a dormir mis hermanos y yo a nuestras camas y mis vecinitos a las suyas.
 
Ahora nos preguntamos cómo hemos venido perdiendo vecindad y el acto comunitario se ha transformando en un simple acercamiento para velar por nuestros intereses. ¡A la chingada el otro! El mundo soy yo y mis deseos y cómo hemos clausurado, con el predominio del sistema y la visión de vida del neoliberalismo, la comunidad en el sentido de fraternidad, hermandad y de sentir al otro como uno mismo.
 
El mundo no es igual, aunque siempre la guerra y la lucha entre Apolo y Dionisio, entre el bien y el mal han estado presentes, podíamos lograr síntesis que superaran esas contradicciones y crear espacios comunes, donde se satisficieran tanto a Apolo como a Dionisio, el bien como el mal, sin que la convivencia con el otro fuera mortal como hoy vivimos. Hoy vemos cómo parece que la cultura esta perdiendo la lucha contra el instinto de destrucción y de muerte que contiene nuestra estructura psíquica, cómo las fuentes de displacer provienen de las manos del propio hombre y seguro en esas manos está detener esa autodestrucción y recuperar el acto comunitario que nos hizo hacer hogar alrededor del fuego.
 
La civilidad, no piensen que proviene de cosas y actos complejos, se construye desde lugares comunes y simples como la plática alrededor de la mesa cuando comemos en familia, en los saludos de cada mañana que nos procuramos unos a otros, pero que en ese acto comunitario, el saludo, se hace hermano, humano.
No pensemos que recuperar la humanidad tiene que ver con una cátedra filosófica y ética, tiene que ver con la vecindad y la mirada sincera, tiene que ver con la intersubjetividad de compartir la misma idea de mundo y hombre, aunque sepamos que es una construcción arbitraria, pues al fin de cuenta el hombre es algo atípico en la naturaleza, con un cerebro grande y una larga infancia, con un dedo pulgar y un cuerpo sin pelos, con un habla y con una sexualidad permanente polimorfa, perversa que no tienen nada que ver con la reproducción, con sus religiones que le hace más tolerables los mundos posibles.
 
Hacer comunidad no implica renunciar a nuestras diferencias e identidades, no implica intolerancia, sino incorporación y construcción de nuevos espacios y actos comunes, donde sin dejar de ser yo pueda ser el otro o los otros.
 
La idea de un hombre universal ha fracasado y por ende, la globalización es las trampa donde se desfiguraron los rostros de los pueblos y de la que cada día se quieren liberar.
 
El retorno a la local es inescrutable y urgente, esto implica recuperar el acto comunitario; ontogenética y filogenéticamente volver por nuestros mismos pasos hasta el lugar común, donde fue posible tolerarnos los unos a los otros.
 
Tenemos que cambiar la idea que únicamente al Estado le corresponde la responsabilidad de lo que ocurre en la res publica; garantizar seguridad, progreso, justicia, etcétera; con un mínimo de participación ciudadana, los tiempos actuales demandan cambios radicales de perspectiva epistemológica y ontológica de lo social, en la que se haga efectiva gobernar para y con el pueblo, que los canales de participación ciudadana se fortalezcan y amplíen, que se pase de una democracia electoral a una auténtica democracia ciudadana, realmente no hay otro camino si queremos enfrentar con inteligencia el estado de crisis social y política que vive México. 
 
Eso sí, le corresponde al Estado crear e instrumentar las políticas públicas de acercamiento masivo con la ciudadanía para la atención e incentivar el acto comunitario,y en corresponsabilidad, la sociedad debe hacer conciencia que su papel en el proceso de restitución de la normalidad de la funcionalidad institucional es fundamental. No podemos continuar, el pueblo, actuando edipicamente y esperar, como si fuera sólo  responsabilidad del estado enfrentar el permanente atentado al estado de derecho y a la cohesión social, pensar que sólo al estado le corresponde resolver la guerra irracional que se libra todavía por el poder, el trabajo de recuperar la certeza de futuro perdida y fundamentalmente, de ganar la lucha que se libra por recuperar la tranquilidad y el buen funcionamiento de nuestros espacios públicos, en suma, de poder los individuos vivir en sociedad en paz, progreso y seguridad.
 
Por eso es lamentable ver como se desgarran las vestiduras los medios de comunicación, la verborrea política, los analistas plus ultras y observar como en los contertulios de café a “los avisados” e interesados en la política, preguntarse qué hacer ante los exabruptos que nos escupen a la cara el estado de crisis, incertidumbre y miedo que vive, no tan sólo el estado, sino la sociedad en general.
 
Al tocar la muerte en nuestras puertas y ver como paulatinamente se deteriora el estado de bienestar y la pobreza se incremente de forma progresiva, sabemos que algo grave está ocurriendo en nuestro país y lo peor, que no hay excepción, ni lugar ni contenidos, todos los indicadores están, dicho coloquialmente, “del nabo” (dicho de un asunto en particular, que está en mala situación, está en malas condiciones, es de mal gusto o tiene mal aspecto) y la vulnerabilidad del estado se hace patente.
 
Se hacen pues, urgentes programas institucionales, ciudadanos y municipales, más hoy que urge una vuelta a lo local, una vuelta a los espacios naturales de interlocución y de vida colectiva, más hoy que la política, su efectividad, para organizar y planificar la vida en sociedad pasa por recuperar los espacios de representación para ensayar nuevos instrumentos de participación ciudadana efectivos.
 
Los municipios representan la célula principal de la república, es así que reactivar y crear estos espacios de representación ciudadana desde lo local pueden hacer que desde los municipios se recupere los actos comunitarios para conocernos y reflexionar sobre el pasado, enriquecido desde el presente y se inicie un proceso de ciudadanización de la participación social, es decir conjugar la Historia con el Pensamiento actual, a fin de fortalecer el marco de convivencia, los valores e ideales y principalmente la ética que dan sustento e identidad a “lo veracruzano” desde la diferencia en este caso, así como a partir de ese vital encuentro impulsar contribuir a la solución de los graves problemas que viven los pueblos (municipios) de México.
 
La historia de la que hablamos no es única ni excluyente, por ende, todos desde su singularidad pueden volver a vivirla sin incertidumbre, conocerla, difundirla e interpretarla y de esta forma, ser parte activa de ella, contribuyendo así a la construcción de un mejor futuro para nuestros municipios. Con ello podemos difundir la Historia de los municipios y sus Ilustres Ciudadanos, promover una reflexión individual y colectiva, propiciando con ello, un diálogo abierto y plural entre los habitantes. Intercambiar experiencias y discutir lo que fuimos, somos y queremos ser; que se aprecien y valoren los sueños y promesas de aquellos que nos antecedieron y también de los que construyen lo actual de nuestros pueblos.
 
 
En suma, recuperar el acto comunitario es el reto de nuestros tiempos.
Agosto de 2019
 
Crónicas Ausentes
Lenin Torres Antonio
 
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