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#YoSoy132 ¿Quo vadis?

15/08/2012

alcalorpolitico.com

Manuel Martínez Morales

Ha despertado entusiasmo en amplios sectores de la sociedad mexicana la aparición del movimiento juvenil #YoSoy132, pues éste ha sido como una corriente de aire fresco irrumpiendo en el viciado ambiente de la política nacional. Cómo no entusiasmarse cuando vemos a esos jovencitos compartiendo sus reflexiones, llamando a la acción que transforme las condiciones sociales prevalecientes. Y lo que parecía ser sólo una reacción pasajera, ante la afrenta que el PRI y su candidato pretendieron infligir a los estudiantes de la Universidad Iberoamericana, se ha convertido en un movimiento social con una fuerte capacidad de convocatoria.

Paso a paso, los jóvenes de #YoSoy132 ganan experiencia en el terreno de la praxis política concreta y, a la vez, intentan que su movimiento trascienda la coyuntura electoral y logre concretar un programa para sumar fuerzas con otras organizaciones y movimientos sociales con los que coinciden en lo fundamental: avanzar hacia la construcción de un país con mayor democracia, libertad y justicia.

Declaran estos jóvenes: “Cuando llegamos estaba el mundo y éramos ya un pueblo con hambre y con siglos de opresión. Éramos cúmulo de descontento, éramos fraudes electorales sin revolución, éramos Chiapas y 500 años sin nombre levantados en armas, éramos Aguas Blancas y el pueblo en la tierra asesinado, éramos crisis y deudas ajenas, manos sin trabajo, éramos huelga, barricadas aplastadas, Atenco y Oaxaca, mujeres violadas y asesinadas, víctimas de represión. Éramos trabajo de esclavos, familias migrantes, cuerpos en puentes colgados, mártires (presas) del terrorismo de Estado, moneda de cambio en una campaña, asesinato como libre mercado.
No fuimos buscados sino que fuimos la ineludible consecuencia de un pasado y presente plagado de certezas impuestas.

No somos sino que hemos sido. Somos el efecto de la muerte y la indignación.
Asumimos la dignidad del difamado y su lucha como propia. Dijimos que no éramos sólo un número y que los números no volveríamos a ser sirvientes callados de estadísticas y encuestas.

Dijimos que #YoSoy132 es ponerse de pie ante la afrenta y negarse rotundamente a agachar la cabeza. Es no aceptar la representación que nos imponen como realidad.

#YoSoy132 es un movimiento estudiantil y social, político, apartidista, pacífico, autónomo, antineoliberal, independiente de los partidos, candidatos y organizaciones que responden a un programa electoral; un movimiento democrático donde la toma de decisiones emana de sus asambleas locales y generales, que ha trascendido la coyuntura electoral y seguirá organizándose y luchando para transformar profundamente a México, como contrapeso a cualquier decisión y política que vulnere los derechos e intereses de nuestro pueblo…”( Discurso del movimiento #YoSoy132 pronunciado en durante la toma pacífica de las instalaciones de Televisa Chapultepec.)
De estas y otras consideraciones se desprende el esbozo de un programa mínimo que han dado a conocer recientemente y que se resume en los siguientes seis puntos:

1. Democratización y transformación de los medios de comunicación, información y difusión. Consideramos que sólo con la socialización de los medios de difusión y un modelo de medios públicos se alcanzará una verdadera apertura mediática y se garantizará el derecho a la información y a la libertad de expresión.

2. Cambio en el modelo educativo, científico y tecnológico. Buscaremos una educación verdaderamente laica, gratuita, científica, pluricultural, democrática, humanista, popular, crítica, reflexiva, de alto nivel académico y garantizada por el Estado en todos los niveles como obligación constitucional.

3. Cambio del modelo económico neoliberal. La experiencia y la historia nos dan la certeza de que el mercado no es la panacea para la solución de los males sociales, y que el gobierno y la sociedad deben de jugar un rol fundamental para resolver los problemas económicos que aquejan al país. Por eso lucharemos por una economía humana, justa, soberana, sustentable y de paz.

4. Cambio en el modelo de seguridad nacional. Para la restauración de la paz, es imperante el retiro de las fuerzas armadas de las funciones de seguridad pública, así como detener la criminalización, represión y hostigamiento de la protesta social y de la población en general. Exigimos el esclarecimiento de los asesinatos como el caso del luchador social Carlos Sinuhé Cuevas y nos pronunciamos por un ¡Alto a los feminicidios y crímenes de odio! Al mismo tiempo reivindicamos los procesos autónomos de seguridad comunitaria y de organización contra los megaproyectos.

5. Transformación política y vinculación con movimientos sociales. Para fomentar y fortalecer la democracia participativa en la toma de decisiones, la construcción de políticas públicas y el apoyo a los proyectos autónomos y autogestivos, proponemos el enriquecimiento y creación de asambleas distritales, municipales, comunales, locales y barriales. Todo esto, para la constitución de un poder popular y ciudadano que vigile a los órganos de gobierno e implemente desde la sociedad mecanismos para la solución de sus demandas. Abrazamos las voces de las organizaciones y movimientos sociales, vinculándonos de manera solidaria en búsqueda de alianzas que toman como principio el respeto a su autonomía, la construcción de una relación horizontal y el reconocernos con humildad como uno de tantos actores sociales que expresan el descontento social.

6. Salud. Lucharemos por el pleno cumplimiento del derecho a la salud consagrado en el artículo 4º constitucional y en la observación general 14 del Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (DESC) de la ONU. Nos oponemos al esquema neoliberal de salud adoptado en las últimas décadas por el Estado mexicano y nos pronunciamos en favor de un enfoque multidimensional e interdisciplinario del sector de la salud.


Si analizamos la propuesta, veremos que el punto central es el número 3: cambio del sistema económico neoliberal, pues de este cambio estructural depende la consecución de los otros puntos del programa de acción. Debe prestarse particular atención al tema pues pronunciarse por el cambio del sistema neoliberal equivale a posicionarse en contra del capitalismo, ¿y qué es esencialmente estar en contra del capitalismo? Muy sencillo: estar en contra del capitalismo significa estar en contra de la propiedad privada de los medios de producción y a favor de la socialización de éstos.


¿Qué otra cosa significa democratizar los medios de comunicación (medios de producción de ideas, esto es de ideología) sino quitarlos de manos de empresas privadas, socializar su propiedad y, por ende, su administración y manejo? Pues resulta peregrino creer que los actuales propietarios de los medios de comunicación, atendiendo al clamor popular, modificarían su política comunicativa (de clase) y pondrían estos medios al servicio de la democracia.

Sería como pedir a los capitalistas que “democratizaran” sus utilidades y que, por favor, no explotaran tanto a los trabajadores y que les dejaran la mayor parte de la plusvalía que hoy les roban. No hay que pecar de ingenuidad, como en la fábula del alacrán y el sapo: está en su naturaleza. Está en la naturaleza del capitalismo (exacerbada en su fase neoliberal y para asegurar su permanencia) no solamente explotar el trabajo asalariado, sino asegurar el predominio de la clase capitalista mediante el control de los aparatos del estado (los poderes públicos, el ejército, la policía y demás aparatos represivos, etcétera) y de los aparatos ideológicos como son los medios de comunicación y el sistema educativo. Es decir, un movimiento social no puede aspirar a modificar sustancialmente las reglas del juego político-electoral, cambiar el sistema educativo y científico, democratizar los medios de comunicación, cambiar las políticas de seguridad interna y nacional, o reorientar el sistema de salud si no se ataca el centro de gravedad del sistema: la propiedad privada de los medios de producción. Tarea histórica formidable que se vislumbra, repito, en el punto 3 del programa de acción propuesto por los muchachos de #YoSoy132.


Creo que en las alturas del poder –el verdadero poder, que no reside en Los Pinos, ni en la sede del PRI, ni en Televisa, sino en Washington- se han percatado del potencial subversivo del movimiento #YoSoy132 y, por ello, se han puesto en práctica toda clase de medidas para debilitarlo y apagarlo, como son las amenazas, los amagos represivos, la infiltración, la inducción de la división entre sus filas, etcétera. Pero además este movimiento sufre embates en otros frentes: desde “la izquierda” se intenta poner el movimiento al servicio de los intereses facciosos de partidos, corrientes y/o líderes ambiciosos de poder. Sería lamentable que #YoSoy132 sucumbiera a estas presiones.


Sin embargo, creo que el movimiento de estos chavos lleva una alentadora dinámica propia que lo fortalece, expresándose en los continuos debates que se tienen hacia su interior y que se hace patente en propuestas razonadas y concretas como las expresadas en su programa de seis puntos, así como en su insistencia por mantener al movimiento en una posición apartidista. Y llaman a la unidad:

¡Hoy tenemos mucho por hacer! Organizarnos será el primer paso. Desde nuestra causa, nuestra comunidad indígena, nuestra milpa, nuestra plaza, nuestra selva, nuestras creencias, invitamos a que se adhieran a nuestro manifiesto y acciones, que desde sus territorios, sus organismos e historias que esperamos hacer nuestras, podamos juntos entrar en contacto, podamos juntos entrar en confianza, luchar y transformar a este nuestro México.

Sin duda, hay que seguir apoyando y acompañando al movimiento #YoSoy132, aprendiendo de ellos e insistiendo en buscar y expresar siempre la verdad, sin importar si es políticamente correcta o si en los gastados esquemas de la (pseudo)izquierda partidaria se está fuera de lugar. La verdad es su fuerza.
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