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Abuelita de 76 años lava tumbas desde hace 27 años para sobrevivir

“Saco para mi comidita para mí solita porque mis hijos están en el norte, tiene rato que no los veo”

Fabio Avenda?o 10/05/2013

alcalorpolitico.com

Para la mayoría de las madres este 10 de Mayo es fecha de celebración, de compartir con la familia y de recibir afecto y regalos, pero a doña Mary este día sólo le trae tristezas.

Lavadora de lápidas en el panteón más antiguo de Minatitlán desde hace 27 años, la abuelita de 76 años, refirió que este día es como cualquiera, inicia su jornada desde las primeras horas esperando a sus clientes con ansias, porque sabe que hoy sí tendrá buenas propinas.

“Me pongo abusada porque saco para mi comidita para mí solita porque mis hijos están en el norte, tiene rato que no los veo”, dijo doña Mary.

Y así -contó- es su vida diaria: trabajar para mantenerse, porque no tiene apoyo económico de ninguno de sus 5 hijos; su esposo falleció ya hace diez años, era sepulturero.

“Lo bueno es que yo no ando pidiendo en la calle como otros, yo no me rajo”, señaló riendo, pero conteniendo las lágrimas.

Este Día de las Madres  trabaja sólo medio día, se va a la una de la tarde directo a su casa para preparar los alimentos, que compartirá con alguna vecina.

“Ya dejé listo mi pollo, nomás lo meto a la lumbre y me compro mi refresco”, narró en medio de los andenes, lo que será su humilde festejo.

Cargando una pesada cubeta de agua para un cliente que ya la espera, doña Mary dijo que, como sucede desde hace muchos años, hoy tampoco recibirá obsequios.

“Para qué quiero regalos, mi mejor regalo es estar viva, lo que importa es tener salud y seguir trabajando, muchos quisieran estar como yo a mi edad”, presumió.

Pero aún cuando pareciera de gran fortaleza, admitió que antes de morir le gustaría estar con toda su familia y celebrar esta fecha tan especial para todos.

Y ahí, soltando el llanto, dijo que la lejanía y el abandono de su familia “la está matando de tristeza”.

Terminando de llenar otro balde, se recobra, ofrece disculpas y se despide diciendo que tiene mucho trabajo.

 Y se va doña María del Carmen Ignacio Martínez, rodeando las tumbas y pidiéndonos que “mientras Dios nos preste vida, hay que adorar a nuestras madrecitas”.
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