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Sección: Estado de Veracruz

Sursum Corda

«Al morir un amigo... algo de mí, resucitó en él»

Pbro. Jos Juan Snchez Jcome 01/11/2021

alcalorpolitico.com

En una de sus reflexiones, el padre Javier Gafo -teólogo y moralista español- mencionaba un artículo de la escritora Pearl S. Buck, en el que hablando de la vida y la muertecitaba la carta que le escribió una mujer desconocida que habíaperdido a su marido:



«Cuando mis pequeños no pudieron comprender el silencio desu padre, recientemente fallecido y que les quería mucho, tratéde explicárselo describiéndoles el ciclo vital de un caballito de

mar. Comienza como un gusano en el mar; pero, en el momentojusto, emerge, y cuando se da cuenta de que tiene alas, vuela. Supongo -les dije- que los que se quedan en el agua sepreguntan dónde se ha ido y por qué no vuelve. No puede volver

porque tiene alas, ni los que se quedaron pueden volar junto a élporque todavía no las tienen». La escritora estadounidense y premio Nobelde Literatura concluía: «Es cierto; aún no tenemos alas, pero llegará un día».



La muerte de un ser querido se convierte en una experiencia desconcertante que nos deja hundidos en la tristeza, el sufrimiento y la desesperanza. Frente a la muerte de un ser querido sentimos la necesidad de generar fuerzas especiales para mantenernos en pie y para vislumbrar cómo será nuestra vida sin su presencia.

A nivel de la fe a duras penas alcanzamos a balbucear una oración, en todo caso para pedirle al Señor que admita en su reino glorioso a nuestros fieles difuntos. Fuera de esta petición difícilmente expresamos algo más en ese momento de profundo dolor y desconcierto. Así que ante un cuadro como este experimentamos nuestra pequeñez, fragilidad y vulnerabilidad que nos hace clamar al cielo.

Como cristianos tenemos que reconocer que aun cuando tengamos mucha confianza y familiaridad con Dios, sin embargo, el misterio de la muerte nos estremece y nos cuestiona. Decía San Agustín:



Aquellos que nos han dejado
no están ausentes,
sino invisibles.
Tienen sus ojos
llenos de gloria,
fijos en los nuestros,
llenos de lágrimas.

Creyentes y no creyentes sufrimos por igual ante el misterio de la muerte, pero los que tenemos fe nos esforzamos por descubrir en este misterio la mano poderosa del Señor que nos rescata de las garras de la muerte. Los que tenemos fe no sufrimos la muerte como un fracaso, sino como una experiencia de renovación que vuelve a confirmar el designio de salvación de parte de Dios Nuestro Señor.

Vamos cayendo en la cuenta que cuando ya no podemos hacer nada por nuestros seres queridos, ni con nuestro dinero ni con el poder que ha alcanzado la ciencia y la medicina, el Señor es el único que con su infinito amor nos rescata para la vida eterna, pues la muerte no tiene la última palabra, la muerte no se sale con la suya.



Hablando de nuestros difuntos, la fe nos asegura que el destino de sus amores, de sus luchas,de sus alegrías y de sus buenas obras, no fue la muerte definitiva,sino la vida junto a Dios, por lo que podemos decir: “¡Dichosos los muertos que mueren en el Señor!

Sus obras les acompañan”.

Tiene que llegar el momento en que además de pedir por el eterno descanso de nuestros fieles difuntos, también aprendamos a darle gracias a Dios por todo lo que nos concedió por medio de ellos. Hay que reconocer las bendiciones de Dios a través de nuestros seres queridos para que vayamos cayendo en la cuenta que han culminado su misión y eso se tiene que convertir para nosotros en una motivación muy especial para no paralizarnos, para no vivir sin esperanza sino para retomar nuestra propia misión con la esperanza de volver a encontrarnos con ellos en el reino del Padre celestial.

En el mismo artículo el padre Javier Gafo citaba esta oración: «Al morir un amigo, algo de mí, que ya era él, se fue.

Algo de mí, resucitó en él. Algo de él, que todavía es yo, sequedó. Algo de él espera a mi resurrección». Es cierto: aún notenemos alas, pero llegará el día en que nuestros ojos vean

finalmente al amigo, a la madre, a la esposa, al hermano, al padre, al hijo..., que allí nosesperan.