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Libertas

Caminar hacia el futuro

Jos Manuel Velasco Toro 06/08/2020

alcalorpolitico.com

Múltiples, diversos, inéditos y sorprendentes son las experiencias que hemos tenido a lo largo de los cinco meses que ya dura la “cuarentena”, aunque eso de “cuarentena” es más una consigna sanitaria que una realidad acatada, pues el impulso o la necesidad de lanzarse a la calle impele más que la orden sanitaria de “permanecer en casa”, por lo que los contagios se triplican a diario y las muertes aumentan irremediablemente. Al 4 de agosto de 2020, las cifras oficiales a nivel mundial se acercaban a los 19 millones de personas contagiadas y casi 7 millones de muertes, en las que, desde luego, no se registra aquella población rural o urbana marginal de muchos países que por no tener acceso cercano a los sistemas de salud, quedan al borde de los registros oficiales diarios, por lo que se supone una cifra considerablemente mayor de contagio y muerte, número alarmante que refleja lo aún distante que está el volver al estado de salud general en equilibrio. La “curva” de la gráfica mediante la cual se refleja el movimiento epidemiológico que se realiza cotidianamente, ni desciende ni se “aplana”; por el contrario, sus crestas aumenta con variado ritmo en cada país del orbe, pero más intensamente en aquellos cuyas medidas de contención fueron tardías porque no se dimensionó la magnitud del problema biológico y las acciones adoptadas fueron timoratas ante una situación emergente (aunque con referentes símiles en el acontecer histórico) que confrontó con lo no esperado. La “docta creencia” irrumpió en el escenario negando la virulencia o existencia del SRAS-CoV-2 (Coronavirus-19) y las redes sociales se encargaron, ante la carencia de una correcta orientación educacional, de distorsionar la información sanitaria y alentar afirmaciones fundadas en falsas creencias de orden religioso, mágico o demagógico que sembraron prejuicios y miedos en sectores de población cuya precariedad educativa es patente. La adopción de actitudes sesgadas, por otra parte, también contribuyó a no prever el conjunto de implicaciones entrelazadas para asumir una acción política integral preocupada por el bien común (que implica el sustento económico mismo de la vida social) y estuvo impregnada de egoísmo al priorizar lo político-electoral por sobre la salud de la población. La realidad, hasta el día de hoy, es que no se vislumbra una intervención efectiva en la dinámica social para controlar la propagación cabalgante del virus SRAS-CoV-2 y, mucho menos se percibe, en diversos países en los que está incluido México, que se “aplane” la famosa “curva”. La dinámica de contagio sigue una tendencia de propagación horizontal persona a persona, los rebrotes pronosticados están ocurriendo de manera acelerada y los contagios ya laceran la salud del segmento infantil y joven de la población, situación que pone en jaque al sistema sanitario de cualquier país.
 
Los retos inmediatos y mediatos son enormes. Estamos viviendo una condición distinta a la vivida hace seis meses en todos los ámbitos de la actividad social. Seis meses en el que los aprendizajes y frustraciones han sido comunes, individuales, compartidos, institucionales, privados o públicos. Un aprendizaje que emana de la observación de los acontecimientos y reacciones humanas, del heroico compromiso hipocrático de médicos y enfermeras que, pese a circunstancias institucionales adversas, han mantenido en alto su juramento de desempeñar su “arte con consciencia y dignidad”, pues la “salud y la vida del enfermo serán las primeras de mis preocupaciones”. Un sentir que no se desprende del sufrimiento por la muerte de seres queridos, de la tristeza por la partida de creadores, científicos, filósofos, docentes y luchadores sociales o por el enojo derivado que brota ante el incremento de la desigualdad social que está aumentando la población bajo situación de pobreza multidimensional (material y espiritual). Un aprendizaje que parece estar anclado a la angustia que brota por el inmediato panorama que se percibe nebuloso, a veces confuso, en otro momento incierto y aterrador por no divisar un compromiso dimensional para imaginar un proyecto global que impulse una transformación humana futura, pese a que el éxito de una acción depende de la cooperación entre las naciones, pues el mundo está vinculado.
 
Es claro que el flujo de la historia se rompió como lo conocimos, por lo que el hábito del ayer ya no es condición suficiente para guiar el intenso cambio que nos arrastra por caminos y senderos poco o nada explorados. En el liderazgo de hoy se debe comprender que para superar la crisis multidimensional en la que aparentemente estamos empantanados, se requiere pensar y actuar en concordancia con el tiempo que se está viviendo, no seguir en la rememoración de lo ido, sino en enfrentar lo inédito que aún está por venir. Es necesario agitar la imaginación prospectiva para retomar el compromiso ético-social profundo del bien común; impulsar la cooperación inteligente de la multiplicidad de actores, tanto en el orden mundial como en lo regional, para fortalecer la libertad en el ejercicio participativo de la democracia y de los derechos humanos universales; suscribir el pacto natural con la Tierra, nuestro hogar, para evolucionar hacia el equilibrio sustentable que es condición inaplazable para la existencia humana. Cambios profundos, telúricos si se quiere, para ascender a un mundo que no se avecina, sino que ya está aquí, lo que exige la construcción de alternativas futuras, muchas de las cuales serán poco familiares, pero que empezamos a buscarlas y en el clásico aprender mediante el ensayo y el error, las estamos diseñando para afrontar situaciones distintas a nuestra anterior forma de vida. Dinámica económica fundada en el bien común, educación con democracia cognitiva, cuidado del medio ambiente, salud universal, agricultura sustentable, movilidad espacial, desarrollo institucional democrático, maneras conductuales de comportamiento social, sostenibilidad energética, comunicabilidad digital, justicia social equitativa para salvaguardar a la persona en sociedad, impulso científico y tecnológico propio en cooperación internacional para limitar la dependencia externa. Una nueva visión del mundo que profundice raíces en la libertad y en el logro del bien común. ¿Utopía? Tal vez, pero necesaria para cultivar un futuro que regrese la certidumbre de saber hacia dónde caminamos.
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