9 de abril de 2026
alcalorpolitico.com
“Supervisar obras es la
especialidad de la 4T”
Yo
especialidad de la 4T”
Yo
SE SACRIFICA GASTO PRIORITARIO POR MANTENER LOS APOYOS ELECTORALES
En un contexto de bajo crecimiento económico y fuertes presiones sobre las finanzas públicas, la presidenta Claudia Sheinbaum ha optado por sacrificar el gasto en salud, seguridad e inversión para mantener los programas sociales que más réditos políticos y electorales le han dado a los gobiernos de la 4T: las pensiones para adultos mayores, mujeres y personas con discapacidad.
De acuerdo con el estudio “Las finanzas públicas de 2025: balance del primer año del sexenio” de México Evalúa, ese año el gobierno mexicano destinó el 9.9% de sus ingresos tributarios únicamente al pago de pensiones asistenciales, casi el triple del porcentaje de 2019.
Y esto ocurrió en un año en el que la economía mexicana registró un crecimiento marginal (apenas 0.8%), mientras que las transferencias a Pemex llegaron a un monto histórico (156 mil millones de pesos) y el déficit fiscal cerró en 4.8% del Producto Interno Bruto (PIB), un punto arriba de la meta.
El mayor déficit observado en 2025 no sólo incrementó las necesidades de financiamiento del gasto público, sino que elevó el costo de la deuda acumulada, ya que el pago de intereses y el servicio de la deuda pública llegó a 1.31 billones de pesos, 9.8% más que en 2024 y el monto más alto registrado desde 1993. Por cada peso cobrado en impuestos, se dedicaron 24 centavos a ese rubro.
El trabajo de México Evalúa indica que todo esto hizo que al gobierno de Sheinbaum le resultara “inevitable” hacer un ajuste presupuestal, y éste se resintió especialmente en la inversión pública, que sufrió una drástica caída del 28.4% en 2025 con relación al año previo y se ubicó en su nivel más bajo en casi dos décadas.
EL ORGULLO DE MI NEPOTISMO
Hoy que el partido en el poder Morena dice promover la terminación del nepotismo que tanto practicaron gobiernos priistas en perjuicio de los fondos públicos, viene a mi mente el recuerdo de uno de esos casos que finalmente se convirtió en un escándalo nacional.
Fuimos testigos de muchos de estos asuntos los cuales nos indignaron, los denunciamos y algunos pudimos echar abajo. Casos de hijos de funcionarios públicos cuyos nombres aparecían en las nóminas de distintas dependencias en las que se presentaban cada quince días por el cheque sin haberlo trabajado, así como de personas que de momento figuraban como maestros de tiempo completo, o con plazas de medio tiempo, sin perfil académico, que correspondían a familiares cercanos a políticos miembros del gabinete, diputados locales o federales y senadores.
En Xalapa, muy cercano a mi familia, estudiaba la preparatoria un joven de nombre Rubén Luciano Rivera Villa, hijo de un matrimonio de trabajadores de la familia Fernández, los prósperos cafeticultores de esta tierra.
Mi amigo Rubén terminó sus estudios de prepa con promedio de diez y como los Fernández estaban muy pendientes de lo que hacían estos jóvenes hijos de sus colaboradores, lo llamaron para darle la buena noticia de que por sus merecimientos escolares lo becarían para que estudiara una carrera en la Universidad Anáhuac, la carrera que él decidiera. Rubén escogió economía y marchó a la ciudad de México a continuar con su exitosa carrera estudiantil.
En la Facultad de Economía de la Universidad Anáhuac, Rubén coincidió con José Ramón López Romano, hijo de José López Portillo con quien hizo una muy buena amistad de tal forma que cuando concluyó la carrera José Ramón lo invitó a trabajar con él en la Subsecretaría de Programación y Presupuesto, que le dieron cuando su padre estaba asumiendo la Presidencia de la República en diciembre de 1976.
Y cuando la prensa de aquel tiempo cuestionó al Presidente López Portillo por el abuso de poder que estaba cometiendo al incluir a su propio hijo en su gabinete, el Presidente contestó: “Es el orgullo de mi nepotismo”, casi, casi, AMLO.
Desde la Secretaría de Programación y Presupuesto José Ramón con el apoyo del economista xalapeño Rubén Rivera Villa, crearon una oficina con el nombre de Centro de Información y Distribución de Publicaciones Oficiales de la Presidencia (CIDIPO) y en cada capital de los estados se abrió una de estas representaciones. En la de Xalapa se ubicó en la calle de Zamora en el local donde funcionaron las oficinas del Comité de Carnaval y para ocupar la delegación fui invitado por mi amigo Rubén Rivera.
¿Qué funciones cumplían estos centros?. Ahí se concentraban todas las publicaciones que editaban las Secretarias de Estado, el Senado de la República y el Congreso.
Las puertas de los centros se abrían para cualquier ciudadano que quisiera consultar algo de la abundante producción de revistas, trípticos, planos y otros materiales más como los modelos de síntesis informativa de cada Secretaría de Estado. El mayor número de visitas que acudían a ese lugar eran estudiantes de distintas carreras de la Universidad Veracruzana, investigadores y académicos en general.
Gracias a esa delegación en la que estuve trabajando para el Gobierno Federal, conocí la residencia Oficial de Los Pinos, donde periódicamente acudía a recoger documentos que le hacían llegar a través de mi oficina al entonces gobernador Agustín Acosta Lagunes. Conocí también al hijo del Presidente y supe lo que era la administración pública federal.
Fue el periodista Mario Javier Sánchez de la Torre, el primer conductor de un noticiero de RTV, quien me entrevistó para dar a conocer los valiosos servicios que se daban a los veracruzanos en general, en la oficina de la cual fui titular, durante el gobierno de Jolopo gracias al “orgullo de su nepotismo” José Ramón, pero sobre todo a la invitación que me hizo el paisano economista Rubén Rivera Villa.
LAS CANDIDATURAS, EL BOTÍN DE GUERRA
En los partidos políticos mexicanos si hay un terreno donde este conflicto deja de ser la pura palabra para volverse brutalmente tangible, es el de las candidaturas. En el mundo de la política, las candidaturas son el combustible que mantiene viva a la maquinaria. Quien decide quién va en la boleta controla el acceso a los recursos, define el poder local y construye el futuro de las facciones.
Históricamente, Morena resolvía estas cuestiones bajo una regla no escrita: la voz del líder máximo era ley. Pero ese modelo tenía fecha de caducidad. Con la transición del poder, el arbitraje único ha desaparecido, convirtiendo cada proceso de selección en una batalla campal. Hoy, el partido enfrenta una realidad incómoda: hay más aspirantes que espacios y más ambición que disciplina. Los gobernadores empujan a sus favoritos, los legisladores buscan perpetuarse y los operadores territoriales defienden sus cotos de caza con uñas y dientes.
En medio de este caos, la dirigencia de Luisa María Alcalde intenta imponer reglas claras, pero se topa con una estructura paralela que sigue operando bajo la lógica del “movimiento original”. Cuando una decisión no se consulta o un nombre se impone desde las sombras, el conflicto deja de ser político para volverse personal. En los pasillos de Morena ya no se habla de rumores, se habla abiertamente de una ruptura total y de una falta de coordinación que empieza a ser alarmante.
Esta situación coloca a la presidenta de la República en una posición extremadamente delicada. Aunque ostenta toda la legitimidad electoral y el peso institucional, enfrenta la dura realidad de que gobernar el país es muy diferente a controlar el partido que la llevó al poder. Mientras desde Palacio Nacional se proyecta una imagen de estabilidad, las tensiones internas se acumulan.
REFLEXIÓN
En el PRI sabemos quién va a decidir (vender en muchos casos) las candidaturas del 27; en el PAN no hay certidumbre como tampoco en la alianza Morena, PVEM, PT. Al parecer la democracia solo hará su aparición en Movimiento Ciudadano donde sus dirigentes estatales como Luis Carbonell de la Hoz de Veracruz, caminan y siguen haciéndolo para conocer los mejores cuadros, los mejores perfiles, los mejores ciudadanos. Ya veremos resultados de esta lucha electoral.
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