13 de marzo de 2026
alcalorpolitico.com
Los mexicanos asistimos en la semana que termina a un hecho histórico: el rechazo de la mayoría de diputados federales a la iniciativa de Reforma Electoral de la presidenta Claudia Sheinbaum, muy pronto para sufrir su primera gran derrota política cuando apenas va a cumplir un año y seis meses en el poder, pero, además, la primera de gran calado a la primera mujer que llegó a la Presidencia.
Aun cuando de inmediato echó a andar su plan B y sin duda va a lograr cambios importantes usando las leyes secundarias, que no requieren de mayoría calificada para ser aprobadas, lo ocurrido mostró el costo que tiene para el poderoso tomar decisiones sin consultar a las partes interesadas o a las más representativas, y hacer oídos sordos cuando las voces plurales quieren hacerse escuchar.
Sheinbaum argumenta que la reforma es la que quería el pueblo, pero si bien ella fue elegida democráticamente por una gran mayoría, tampoco fue por todo el pueblo, y en una democracia las minorías cuentan, pero tan no se sostiene su argumento que ni siquiera a sus aliados quiso escuchar y menos atender sus propuestas, y a la oposición de plano la ignoró, así como a los especialistas en temas políticos electorales que argumentaban con razón.
Tiene todavía bastante tiempo para tratar de rehacerse del duro golpe que recibió, pero ya quedó demostrado que si intenta de nuevo imponer solo su voluntad, sin consultar y tomar en cuenta las voces representativas del país, seguramente sufrirá otro tropiezo, pues aunque va a tratar de sacar adelante algunas de la reformas que iban en su iniciativa original, sus propios aliados han adelantado que van a volver a votar en contra si, por ejemplo, insiste con el tema de los plurinominales.
Es cierto, las leyes son perfectibles, pero modificarlas, para cambiarlas o actualizarlas, requiere tiempo y un proceso en el que se escuchen todas las voces, incluso no solo las de los aliados, sino también las del resto de los partidos políticos. El hecho de que Morena ganó por mayoría y la presidenta tiene alta aprobación en las encuestas no le da ningún derecho a imponer como si la suya fuera una dictadura.
El pueblo se dio cuenta que no son invencibles
Por ahora, ella misma se dio cuenta que es un espejismo la fortaleza que creen tener y lo vulnerables que son, pues con que solo sus pequeños aliados se hicieron a un lado, se estrellaron contra el bloque de la realidad, y lo más grave y preocupante para ellos es que el pueblo se dio cuenta que no son invencibles y, todavía peor para la 4T, lo sucedido los despertó del letargo del conformismo y los animó a luchar para evitar el regreso al partido único, como lo fue el PRI, que en el fondo es lo que perseguía la fracasada reforma electoral.
El morenismo debiera hacer un alto para la reflexión y el análisis, preguntarse, por ejemplo, de qué sirve que la presidenta salga hasta arriba en las encuestas cuando no pudo sacar adelante la que iba a ser la reforma de reformas de su sexenio, y, de cara a las elecciones del próximo año, plantearse si pueden seguir confiados, como están, de que en automático el electorado va a ir a votar por sus candidatos merced a los beneficios de los programas sociales.
¿Sirvieron de algo popularidad y clientelismo?
Para efectos prácticos, ya quedó muy claro que ni popularidad ni clientelismo son garantía de éxito desde lo más alto del poder, como tampoco acarreo para llenar sus mítines. La derrota de Sheinbaum, que eso fue por más que se trate de restarle importancia, mostró también cuán necesario es el contrapeso y el equilibrio del poder, que por ahora constituyeron el PVEM y el PT, cosa que nunca se imaginó uno y creo que ni siquiera ellos. Que dijeron no porque buscan un beneficio, todos los partidos buscan uno, sobre todo, alcanzar el poder.
Todavía no se puede celebrar que verdes y petistas se hayan asumido como verdadera oposición, porque en lo inmediato volvieron al corral de la Presidencia para empezar a trabajar con Sheinbaum en el plan B, pero sus dueños o dirigentes ya vieron que si se atreven la pueden hacer solos, como lo tienen demostrado en Veracruz luego de que en la elección municipal del año pasado, el PT jugó solo y propinó dolorosa derrota a su todavía aliado Morena.
Ni oposición ni prensa crítica; el duro golpe vino de adentro
Morena se quedó sin argumento para tratar de justificar su severa derrota. No fue la oposición PAN-PRI-MC la que los derrotó, ni tuvo que ver nada la prensa crítica, plural e independiente más allá de darles voz a quienes se opusieron, sino que el hachazo vino desde adentro mismo. Por encima de todo, intereses partidistas aparte, resulta alentador lo que sucedió: mostró que podemos y estamos a tiempo de gobernarnos en forma democrática, y que rechazamos cualquier intento de dictadura, por más disfrazado que se nos presente.
Ha de agradecérsele a Sheinbaum que se haya encaprichado en enviar al Congreso su iniciativa de reforma consciente de que se la iban a rechazar, pues de refilón envalentonó a la oposición, pero sobre todo a sus aliados, para buscar un equilibrio, o un mejor equilibrio, en la elección en puerta.
A verdes y petistas debe agradecérseles que, así haya sido a causa de sus intereses y solo por ahora, ya hicieron su parte. La oposición y las verdaderas fuerzas democráticas han de hacer ahora lo que sigue. Morena no es lo fuerte que se piensa. Si vuelve a su intento de tratar de imponer, a lo que habrá que agregarle el manto de impunidad con que busca proteger a sus pillos funcionarios o exfuncionarios públicos, le esperará ahora el rechazo ciudadano en las urnas.
¿Y el señor Zepeta?
Para mi gusto, este era el momento para que el morenismo saliera a respaldar públicamente a su presidenta, pero hasta la noche del jueves el señor Esteban Ramírez Zepeta no reaccionaba y no encabezaba la respuesta del morenato veracruzano, incluso, creo que al margen de los desplegados colectivos que sacan los gobernadores y las gobernadoras de Morena, Rocío Nahle debió haber adelantado su respaldo a través de las redes, lo que seguramente le hubiera gustado a la mandamás. Algo pasa adentro.
Aun cuando de inmediato echó a andar su plan B y sin duda va a lograr cambios importantes usando las leyes secundarias, que no requieren de mayoría calificada para ser aprobadas, lo ocurrido mostró el costo que tiene para el poderoso tomar decisiones sin consultar a las partes interesadas o a las más representativas, y hacer oídos sordos cuando las voces plurales quieren hacerse escuchar.
Sheinbaum argumenta que la reforma es la que quería el pueblo, pero si bien ella fue elegida democráticamente por una gran mayoría, tampoco fue por todo el pueblo, y en una democracia las minorías cuentan, pero tan no se sostiene su argumento que ni siquiera a sus aliados quiso escuchar y menos atender sus propuestas, y a la oposición de plano la ignoró, así como a los especialistas en temas políticos electorales que argumentaban con razón.
Tiene todavía bastante tiempo para tratar de rehacerse del duro golpe que recibió, pero ya quedó demostrado que si intenta de nuevo imponer solo su voluntad, sin consultar y tomar en cuenta las voces representativas del país, seguramente sufrirá otro tropiezo, pues aunque va a tratar de sacar adelante algunas de la reformas que iban en su iniciativa original, sus propios aliados han adelantado que van a volver a votar en contra si, por ejemplo, insiste con el tema de los plurinominales.
Es cierto, las leyes son perfectibles, pero modificarlas, para cambiarlas o actualizarlas, requiere tiempo y un proceso en el que se escuchen todas las voces, incluso no solo las de los aliados, sino también las del resto de los partidos políticos. El hecho de que Morena ganó por mayoría y la presidenta tiene alta aprobación en las encuestas no le da ningún derecho a imponer como si la suya fuera una dictadura.
El pueblo se dio cuenta que no son invencibles
Por ahora, ella misma se dio cuenta que es un espejismo la fortaleza que creen tener y lo vulnerables que son, pues con que solo sus pequeños aliados se hicieron a un lado, se estrellaron contra el bloque de la realidad, y lo más grave y preocupante para ellos es que el pueblo se dio cuenta que no son invencibles y, todavía peor para la 4T, lo sucedido los despertó del letargo del conformismo y los animó a luchar para evitar el regreso al partido único, como lo fue el PRI, que en el fondo es lo que perseguía la fracasada reforma electoral.
El morenismo debiera hacer un alto para la reflexión y el análisis, preguntarse, por ejemplo, de qué sirve que la presidenta salga hasta arriba en las encuestas cuando no pudo sacar adelante la que iba a ser la reforma de reformas de su sexenio, y, de cara a las elecciones del próximo año, plantearse si pueden seguir confiados, como están, de que en automático el electorado va a ir a votar por sus candidatos merced a los beneficios de los programas sociales.
¿Sirvieron de algo popularidad y clientelismo?
Para efectos prácticos, ya quedó muy claro que ni popularidad ni clientelismo son garantía de éxito desde lo más alto del poder, como tampoco acarreo para llenar sus mítines. La derrota de Sheinbaum, que eso fue por más que se trate de restarle importancia, mostró también cuán necesario es el contrapeso y el equilibrio del poder, que por ahora constituyeron el PVEM y el PT, cosa que nunca se imaginó uno y creo que ni siquiera ellos. Que dijeron no porque buscan un beneficio, todos los partidos buscan uno, sobre todo, alcanzar el poder.
Todavía no se puede celebrar que verdes y petistas se hayan asumido como verdadera oposición, porque en lo inmediato volvieron al corral de la Presidencia para empezar a trabajar con Sheinbaum en el plan B, pero sus dueños o dirigentes ya vieron que si se atreven la pueden hacer solos, como lo tienen demostrado en Veracruz luego de que en la elección municipal del año pasado, el PT jugó solo y propinó dolorosa derrota a su todavía aliado Morena.
Ni oposición ni prensa crítica; el duro golpe vino de adentro
Morena se quedó sin argumento para tratar de justificar su severa derrota. No fue la oposición PAN-PRI-MC la que los derrotó, ni tuvo que ver nada la prensa crítica, plural e independiente más allá de darles voz a quienes se opusieron, sino que el hachazo vino desde adentro mismo. Por encima de todo, intereses partidistas aparte, resulta alentador lo que sucedió: mostró que podemos y estamos a tiempo de gobernarnos en forma democrática, y que rechazamos cualquier intento de dictadura, por más disfrazado que se nos presente.
Ha de agradecérsele a Sheinbaum que se haya encaprichado en enviar al Congreso su iniciativa de reforma consciente de que se la iban a rechazar, pues de refilón envalentonó a la oposición, pero sobre todo a sus aliados, para buscar un equilibrio, o un mejor equilibrio, en la elección en puerta.
A verdes y petistas debe agradecérseles que, así haya sido a causa de sus intereses y solo por ahora, ya hicieron su parte. La oposición y las verdaderas fuerzas democráticas han de hacer ahora lo que sigue. Morena no es lo fuerte que se piensa. Si vuelve a su intento de tratar de imponer, a lo que habrá que agregarle el manto de impunidad con que busca proteger a sus pillos funcionarios o exfuncionarios públicos, le esperará ahora el rechazo ciudadano en las urnas.
¿Y el señor Zepeta?
Para mi gusto, este era el momento para que el morenismo saliera a respaldar públicamente a su presidenta, pero hasta la noche del jueves el señor Esteban Ramírez Zepeta no reaccionaba y no encabezaba la respuesta del morenato veracruzano, incluso, creo que al margen de los desplegados colectivos que sacan los gobernadores y las gobernadoras de Morena, Rocío Nahle debió haber adelantado su respaldo a través de las redes, lo que seguramente le hubiera gustado a la mandamás. Algo pasa adentro.