5 de abril de 2014
alcalorpolitico.com
Alrededor de 1950, cuando Xalapa apenas se iba desarrollando y la población de la mayor parte de la periferia carecía de servicios sociales como drenaje y alcantarillado, agua limpia, luz eléctrica, guarniciones, banquetas, pavimentación, etc., era una ciudad capital muy atractiva, porque asumía lo que es la provincia en sus más exquisitos sabores. Cuando conversamos sobre el ambiente que nos rodeó, fundamentalmente en la niñez, algunos amigos me pidieron narrara cómo recuerdo a la Represa del Carmen y, la realidad, no es algo muy sencillo, porque esa construcción tenía un objetivo muy claro: evitar que la población sufriera las consecuencias de las grandes lluvias y fuera afectada por aguas incontrolables; entonces se edificó esa presa que fue muy útil a los xalapeños.
Es algo normal saber que los abundantes escurrimientos provenían de las partes montañosas hasta encontrar el cauce natural del Río Carneros y los ingenieros en aquella época hicieron un trabajo sumamente valioso, porque el puente que levantaron para detener las corrientes medía 40 metros de largo, cinco de ancho y cuatro de altura; en la parte superior tenía un mecanismo para abrir las compuertas a grado tal que cuando había exceso de líquido, se franqueaban para canalizarlo, pero antes había invadido el túnel hecho exprofeso para desahogar las demasías.
El puente fue excepcionalmente beneficioso porque tenía calidad y ese recipiente siempre cumplió con sus funciones. Fíjese usted que en mis recuerdos mozos, imagino todavía que hacia el lado derecho, estaba una loma donde había un naranjal y una casa de dos pisos; la verdad es que a la chiquillada se le impedía penetrar a esos terrenos para que no robaran los frutos, pero además la niñez jugaba allí porque los caminos eran de tierra y para llegar a aquella pasarela, había que enlodarse a fin de empezar a caminar sobre ella para salir a lo que hoy es la avenida Ruiz Cortines.
También quiero expresarle que una de las mejores remembranzas que tengo fue cuando a mi hermano Rafael se le ocurrió construir una lancha para navegar en esas aguas tibias y quietas. Cuando terminó de hacerla, junto con su remo, la cargó hasta el estanque, la depositó y de inmediato la abordó para pasear sobre el embalse, pero cuando quería hacer esto de la manera más inteligente y graciosa, se empezó a inundar, no tardó más de unos minutos hasta que se hundió para quedarse allí, atrapada por siempre en las profundidades de ese cuerpo acuífero.
Las humedades nunca se secaron, pero el reservorio dejó de funcionar y los sobrantes se iban por el túnel que utilizaban muchos jóvenes para invitar a sus amigas a permanecer en aquel lugar, lejos de la vista de los padres; la verdad no sabía yo que harían allí, pero seguramente convivían bien y admiraban la construcción de esa salida de agua. Nuestro amigo Ramón Sandoval, vecino de la colonia Salud, tuvo la ocurrencia de utilizar el hoyanco de la parte baja para improvisar una plaza de toros donde logró escenificar algunas fiestas taurinas. Cuando se dieron cuenta que quería utilizarla como propiedad privada, le solicitaron la documentación correspondiente, y al no tenerla, las autoridades del gobierno estatal le pidieron que la abandonara. Don Ramón se quedó con su pulquería Las Glorias de un Torero que competía con La Jabalina, establecimiento donde todavía se ofrecen unas enchiladas exquisitas y se juega rayuela.
Las crecidas del río formaban una corriente y obligaban a los ciudadanos a utilizar algunos puentecillos para tomar el camino hacia Coapexpan e ir rumbo a los bosques del Pixquiac, pero esa represa dejó recuerdos gratos porque fue de las pocas obras de ingeniería que tuvieron éxito en Xalapa.
En los cuarentas y los cincuentas, los accesos a Coapexpan eran de terracería y servían para que transitaran las bestias de carga que utilizaban los campesinos para acarrear fundamentalmente sus alimentos hacia las comunidades que habitaban y si queremos recordar, había hortalizas, verbigracia la de don José, y por el lado de Ruiz Cortines había otras porque a algunas personas les gustaba producir alimentos para la población y allí se generaban en cantidad suficiente.
Hoy día se extraña que para comer perejil, rábano, epazote, nabo o zanahoria se tiene que ir al mercado para comprarlos, porque aquellos plantíos en Xalapa desaparecieron y los terrenos que ocupaban se utilizaron para edificar casas y departamentos, creando problemas de comunicación y sin miramientos hacia las quejas de los propios ciudadanos. Esto significa que la Xalapa de aquellos tiempos ha cambiado, fundamentalmente en la obtención de comestibles para los ciudadanos, porque esto ya es historia y lo que sucede es que se tiene que pensar y repensar en la importancia de la alimentación para la vida misma.
[email protected]
Es algo normal saber que los abundantes escurrimientos provenían de las partes montañosas hasta encontrar el cauce natural del Río Carneros y los ingenieros en aquella época hicieron un trabajo sumamente valioso, porque el puente que levantaron para detener las corrientes medía 40 metros de largo, cinco de ancho y cuatro de altura; en la parte superior tenía un mecanismo para abrir las compuertas a grado tal que cuando había exceso de líquido, se franqueaban para canalizarlo, pero antes había invadido el túnel hecho exprofeso para desahogar las demasías.
El puente fue excepcionalmente beneficioso porque tenía calidad y ese recipiente siempre cumplió con sus funciones. Fíjese usted que en mis recuerdos mozos, imagino todavía que hacia el lado derecho, estaba una loma donde había un naranjal y una casa de dos pisos; la verdad es que a la chiquillada se le impedía penetrar a esos terrenos para que no robaran los frutos, pero además la niñez jugaba allí porque los caminos eran de tierra y para llegar a aquella pasarela, había que enlodarse a fin de empezar a caminar sobre ella para salir a lo que hoy es la avenida Ruiz Cortines.
También quiero expresarle que una de las mejores remembranzas que tengo fue cuando a mi hermano Rafael se le ocurrió construir una lancha para navegar en esas aguas tibias y quietas. Cuando terminó de hacerla, junto con su remo, la cargó hasta el estanque, la depositó y de inmediato la abordó para pasear sobre el embalse, pero cuando quería hacer esto de la manera más inteligente y graciosa, se empezó a inundar, no tardó más de unos minutos hasta que se hundió para quedarse allí, atrapada por siempre en las profundidades de ese cuerpo acuífero.
Las humedades nunca se secaron, pero el reservorio dejó de funcionar y los sobrantes se iban por el túnel que utilizaban muchos jóvenes para invitar a sus amigas a permanecer en aquel lugar, lejos de la vista de los padres; la verdad no sabía yo que harían allí, pero seguramente convivían bien y admiraban la construcción de esa salida de agua. Nuestro amigo Ramón Sandoval, vecino de la colonia Salud, tuvo la ocurrencia de utilizar el hoyanco de la parte baja para improvisar una plaza de toros donde logró escenificar algunas fiestas taurinas. Cuando se dieron cuenta que quería utilizarla como propiedad privada, le solicitaron la documentación correspondiente, y al no tenerla, las autoridades del gobierno estatal le pidieron que la abandonara. Don Ramón se quedó con su pulquería Las Glorias de un Torero que competía con La Jabalina, establecimiento donde todavía se ofrecen unas enchiladas exquisitas y se juega rayuela.
Las crecidas del río formaban una corriente y obligaban a los ciudadanos a utilizar algunos puentecillos para tomar el camino hacia Coapexpan e ir rumbo a los bosques del Pixquiac, pero esa represa dejó recuerdos gratos porque fue de las pocas obras de ingeniería que tuvieron éxito en Xalapa.
En los cuarentas y los cincuentas, los accesos a Coapexpan eran de terracería y servían para que transitaran las bestias de carga que utilizaban los campesinos para acarrear fundamentalmente sus alimentos hacia las comunidades que habitaban y si queremos recordar, había hortalizas, verbigracia la de don José, y por el lado de Ruiz Cortines había otras porque a algunas personas les gustaba producir alimentos para la población y allí se generaban en cantidad suficiente.
Hoy día se extraña que para comer perejil, rábano, epazote, nabo o zanahoria se tiene que ir al mercado para comprarlos, porque aquellos plantíos en Xalapa desaparecieron y los terrenos que ocupaban se utilizaron para edificar casas y departamentos, creando problemas de comunicación y sin miramientos hacia las quejas de los propios ciudadanos. Esto significa que la Xalapa de aquellos tiempos ha cambiado, fundamentalmente en la obtención de comestibles para los ciudadanos, porque esto ya es historia y lo que sucede es que se tiene que pensar y repensar en la importancia de la alimentación para la vida misma.
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