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Columnas y artículos de opinión

Los escritores se han reunido

A salto de mata

Por: Gino Raúl De Gasperín Gasperín

13/07/2017

alcalorpolitico.com

Con motivo de mi reciente artículo sobre los escritores de libros, el excelente cuentista y narrador, lector de todos los días y, sobre todo, excelente persona y amigo, el maestro Edmundo López Bonilla, me envía dos textos, uno que es su propio comentario al tema y otro, de Gabriel García Márquez, sobre los congresos de escritores.
 
Empiezo haciendo referencia al de García Márquez, quien contesta con su ironía la forma «airada, burlona o despectiva en que la prensa de los Estados Unidos ha reaccionado ante la reunión de casi 500 intelectuales en la venerable Universidad de la Sorbona, en París». Los críticos norteamericanos censuraron severamente al promotor francés, el ministro de Cultura, por gastar inútilmente el dinero que, dicen, bien podría haberse utilizado en paliar la crisis económica que vivía el país de la torre Eiffel.
 
El escritor colombiano comenta: «Yo tengo y he tenido siempre grandes reservas, en general, por los congresos de escritores y artistas. Sobre todo en los últimos tiempos en que se han puesto de moda hasta un punto en que cualquier intelectual más o menos solicitado podría pasar el año entero viajando por el mundo entero y de ese modo, malgastar su tiempo entero sin tener que hacer nada más fructífero. Según cálculos de primera vista, y según se desprende de las cartas y telegramas de invitación que han pasado por mis manos en los últimos días, en este año que apenas comienza habrá 63 congresos, encuentros, reuniones o seminarios masivos de escritores». Y añade el autor de Cien años de soledad: «Los costos sumados alcanzarían sin duda para resolver la situación de muchos escritores de menores recursos que de veras quisieran tener mejores condiciones para escribir. Pero no es eso lo que importa tanto, como el hecho demostrable por la experiencia de los años anteriores, de que los congresos de escritores no sirven para nada. Otra cosa son sin duda los congresos científicos en los cuales se discuten e intercambian secretos útiles para el género humano. Pero los escritores no tenemos secretos que intercambiar, ni su divulgación ―en caso de que los tuviéramos― serviría para nada».
 
Por su parte, el maestro Edmundo señala «Andando en estos bailes, se experimenta, pero no siempre se aprende. Tuve la noción de que todos, o casi todos los escritores —ateniéndonos a esta regla de graduación que va del terciopelo, el medio pelo y la pelusa—, y en mi caso y algunos más, militantes de la pelusa, eran tan idealistas como yo; que los encuentros de escritores eran para discutir ese importante segmento de por qué escribimos, y para qué sirve lo que escribimos; para hablar de técnicas, de teorías, de estilos, de géneros, de tendencias, de influencias y de la ‘calidad de imponerse’ de la literatura y externarlo así en esas reuniones. Pero esa creencia, como muchas creencias que nos dicta el entusiasmo, fue apabullada por la realidad, al constatar que importa más el currículum que el valor de la obra, y que de este modo, en esta feria de vanidades, donde se tienen cinco minutos, reloj en mano, para leer un poema o “un cuentito”, se gastan sin ninguna cortapisa, quince o más minutos, en nombrar los logros académicos de cada participante y por supuesto, la lista de publicaciones, con editorial, lugar y fecha de cada revista o periódico donde haya aparecido el poema o el cuento, nunca un ensayo». Y remata más adelante: (Y así) «nos pasamos el tiempo oyendo muchos poemas y poca poesía, mucha narrativa disfrazada de verso libre y textos sin encuadre en algún género […] y así por más de tres horas».
 
En términos generales, coincidimos, aunque yo sea el menos indicado para hablar de esos Congresos de escritores puesto que solo he asistido a uno en toda mi vida, en la que sucedió lo que ambos escritores describen fielmente, aunque ahí no hubo ni agua de jamaica siquiera. Con esa única ocasión me bastó para saber que yo no tenía nada que hacer ahí, sea porque no pertenezco al gremio de los escritores ni medianamente notables o porque, para perder el tiempo, prefiero resolver crucigramas o realizar otros menesteres.
 
Y, finalmente, coincido en lo que bien dice el maestro Edmundo: el triunfo de un escritor, «de terciopelo, medio pelo o de pelusa», es que alguien se tome un tiempo para leer sus letras. Eso es lo mejor.
 
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(Tiempo de lectura: 4 min)

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