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Columnas y artículos de opinión

Derechos humanos

Por: Luciano Blanco González

14/07/2017

alcalorpolitico.com

Algo muy grave está sucediendo en el sistema de justicia nacional, es posible que las instituciones de la materia reposen sobre una estructura endeble que no permite a los funcionarios aplicarla a modo, como también puede suceder que estos procedimientos por novedosos sean de difícil manejo para los encargados de aplicarlas.
 
Nos resistimos a pensar que sea el manipuleo gubernamental o la nefasta corrupción la que permita que peligrosos delincuentes atrapados in fraganti en posesión de verdaderos arsenales de armas, drogas o en la manipulación de ductos para extraer combustibles sean puestos en libertad tan pronto como llegan a manos de los jueces de control o bien cuando interponen costosos amparos que los protegen y ordenan su inmediata libertad.
 
El respeto a los derechos humanos es un privilegio sin par en toda sociedad civilizada, es un valor que nos da categoría como seres humanos, es un concepto universal cuyo contenido ha sido diseñado por los grandes pensadores precursores del humanismo, recogido por organizaciones internacionales, acogido por la Organización de las Naciones Unidas e impuesto a todos los pueblos del mundo a través de los tratados internacionales.
 
En México ya no se habla de las garantías individuales que nos heredaron los padres de la patria, ahora los derechos humanos constituyen un código subjetivo del individuo que el Estado como tal, tiene la obligación de garantizar y de respetar, no hacerlo trae como consecuencia una serie de sanciones que llegan hasta el aislamiento territorial y la exclusión de sus Estados para participar en algunas áreas de la economía o el veto a las inversiones que lógicamente las empobrece y agita sus poblaciones empinándolas inclusive a guerras entre su población, Venezuela, Cuba, Libia. Siria, Irán, Arabia Saudita, corea del Norte, Rusia. China y una veintena de países más.
 
El costo de imponer su vigencia de manera intempestiva, con nuevas leyes y procedimientos en una época de crisis de valores muy profunda, con policías y fiscales impreparados sobre la materia y lo más grave sin una mentalidad sobre la transformación por parte de la sociedad y de los medios sobre esta innovadora cultura ha tenido un costo para la seguridad bastante elevado que hace percibir la idea de que no hay justicia y lo seguirá teniendo mientras no se revisa a profundidad todo el cuerpo de leyes, cuyas virtudes ahora nos parecen monstruosidades por las resoluciones judiciales que por nuestra falta de conocimiento nos parecen aberrantes.
 
El pueblo no sabe si aplaudirle a los fallos que dictan los jueces liberando a los delincuentes para resarcir los agravios cometidos por la autoridad al violar sus derechos, o maldecir al derecho que les otorga impunidad y obliga a los jueces a dictar resoluciones en contra de toda lógica punitiva, agraviando a la sociedad y a los mismos agraviados.
 
Esta opinión no tiene por objeto celebrar el nuevo sistema penal acusatorio que se sustenta en una serie de principios que tienden a proteger al individuo de las arbitrariedades de la autoridad, tiene el propósito de alertar que ante la ineficiencia de la autoridad, estamos a punto o ya estamos en la necesidad de hacernos justicia por nuestras propias manos, o caer por parte de la autoridad en las sanguinarias vindictas de los escuadrones de la muerte o grupos paramilitares de ajusticiamiento.
 
Porque cuando la autoridad se pone en manos de la delincuencia o pone la ley al servicio de determinados grupos, el pueblo y las ahora corporaciones pasan de la autodefensa al ataque.
 
Históricamente en la Huasteca Veracruzana, allá en los años 40 era un respiro cuando el capitán Pineda llegaba a las poblaciones asoladas por bandas de delincuentes que robaban ganado, asaltaban poblaciones, violaban doncellas a capricho y cometían toda clase de tropelías,
 
Pineda con una estrategia muy definida llegaba cautelosamente a los poblados y los sitiaba, para ir a sacar de sus casas a quienes previamente ya llevaba minuciosamente enlistados, no para hablar con ellos sino para en la orilla de los caminos colgarlos, ordenando a la autoridad local que no se atrevieran a bajarlos o a sepultarlos y que permanecieran a la vista de todos como escarmiento.
 
Como ahora, en aquel entonces se espiaban los movimientos de Pineda y no por medio del teléfono que no existía, él a sabiendas de esto aislaba precautoriamente a los núcleos de población y todo viandante o caballerango era investigado y recluido, hasta que él actuaba.
 
Cuando se rumoraba que iba a llegar, los bandidos ponían tierra de por medio y difícilmente regresaban porque sabían que sobre ellos ya pendía una sentencia de muerte, pues abigeos y compradores tenían el mismo destino que era la horca.
 
En lo individual se recuerda en Tantoyuca aquel hecho de venganza en que un joven, siendo niño juro ante el féretro de su padre que había sido asesinado en una emboscada, que él se iba a encargar de hacer justicia, justicia que le fue negada en los tribunales, por lo que un día de plaza cabalgando un portentoso cuaco, vio al asesino de su padre, sacó la lazadera y de certero tiro lo lazó y dando vuelta a la riata en la cabeza de la montura, lo arrastró por el centro del pueblo, dando el cuerpo tumbos entre el empedrado quedando finalmente desfigurado en un charco de sangre. Nadie recriminó al joven, porque acá cuando es “desquite” nadie ajeno reclama, ni critica.
 
Algo similar sucedió en Platón Sánchez, donde un temible cacique de apellido Machuca, tenía sometida a la población. Machuca por las buenas o por las malas se hizo dueño de muchas ranchos, sobre todo de los que le gustaban, sus corredores llegaban a ofrecer la compra y si el propietario se resistía, tenía la frase célebre de “me arreglo contigo o con la viuda” y a sabiendas de con quien trataban, optaban por aceptar lo que él quisiera darles.
 
Pero sucedió que un día, después de una operación que dejó a una familia en la calle, uno de los hijos pidió dinero a su padre para un viaje, pero realmente era para comprar un buen rifle y parque, una vez hecho esto se amatojó en la orilla de un camino junto al río, donde aseguran que estuvo esperando al verdugo de su familia 3 días, hasta que el cacique con sus guardias se atravesó por el punto. 2 tiros y dos muertos, duelo general y rompimiento de las cadenas de opresión.
 
A este machuca por cierto se le debe el que los muy conocidos líderes nacionales y maestros Flores Fuentes, hayan tenido que abandonar el terruño disfrazados, para salvar la vida porque el cacique ya los había sentenciado por sus ideas.
 
En fin, quién no recuerda a la temible mano armada de los terratenientes reaccionarios de Veracruz, denominada “Guardias blancas” o “Mano Negra”, que eran auténticos ejércitos de sicarios para perseguir y asesinar a los campesinos que reclamaban tierra y que fueron el instrumento por el que, mediante el asesinato trataron de exterminar el movimiento agrario.
 
O la Guardia Civil de Úrsulo Galván mediante la cual con el apoyo del Coronel Tejeda armó miles de campesinos para defenderse de los latifundistas y repartir la tierra,
 
O será el hecho de la incompetencia de la autoridad el motivo por el cual hay tanto asesinato a diario en todo México, en cuyo territorio vemos por doquier lujosos automóviles repletos de individuos que pertenecen a un nicho denominado seguridad privada custodiando a personajes “importantes” de la iniciativa privada.
 
O será que policías cansados de las amenazas y del menosprecio a que son sometidos por la delincuencia y ante sus quejas ignorados por la autoridad prefieren hacerse justicia por sí mismos.  
 
En este caso para qué quejarse, para qué denunciar, si no se les va a hacer justicia, para qué esperar a que te roben, que te maten, a que golpeen a alguien de tu familia, por eso se dan infinidad de crímenes provocados por el temor a que les ganen la delantera y sean ultimados.  
 
El delincuente, domina la situación por su anonimato y por sus métodos crueles, asesina, amenaza y se siente inmune hasta que el policía se decide a actuar.  
 
Si la situación de seguridad sigue igual el ciudadano común, con permiso o sin permiso, para poseer o portar armas, clandestinamente se armará, por sobre los derechos humanos, esta su defensa de la vida, la dignidad, el honor, la protección de la familia y del patrimonio.
 
Si el Gobierno no apoya a la población, la población impondrá al gobierno sus métodos de defensa, impondrá sus métodos para lavar como sea las ofensas.  
 
La población no tolera más los atropellos y la zozobra a que cada día está sometido, en el hogar, en la calle, en el trabajo y en todas partes, se siente espiado, hostigado y amenazado por una delincuencia que ha rebasado a la autoridad, que le ha robado la tranquilidad, por eso se organizan los vecinos para vigilar, para defenderse y para hacer lo que sea necesario para preservar su vida y su patrimonio.  
 
Es necesario fortalecer el Estado de Derecho, efectuar las reformas que sean necesarias, en virtud de que las expectativas que se tenían sobre el nuevo sistema penal, son al momento totalmente negativas. Los ciudadanos ya no debemos permanecer expuestos a la generosidad que tiene la ley actual con los delincuentes, que ahora en la cárcel brindan por la salud de los ministros de la suprema corte, que en una interpretación estúpida de la ley, en su anhelo de seguir recibiendo Loas y Laudos de reconocimiento, acaban de determinar que a su solicitud sus procesos pueden ser revisados y miles de delincuentes pronto serán puestos en libertad inmediata, para engrosar las filas callejeras de la transgresión. Benditos derechos humanos que en su nombre se está faltando a los elementales principios de existencia, de orden y de convivencia, entregándonos inermes como reses al matadero, convertido en un infierno cruel y voraz, situación que por su magnitud inimaginable, ahora es lo más parecido a una interminable pesadilla de terror que es urgente remediar. Por el bien de la causa.
 
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