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Columnas y artículos de opinión

Pena de muerte por delitos de corrupción

Metrópoli

Por: Francisco L. Carranco

19/03/2018

alcalorpolitico.com

Hace unos días circuló una nota que hablaba sobre acuerdos parlamentarios para instituir la pena de muerte a políticos corruptos, la advertencia emanada del Bundestag, parlamento alemán, autorizó aplicar la pena de muerte a políticos condenados por corrupción cuando malversen o reciban sobornos superiores a 463.000 dólares.
 
El acuerdo de los representantes sociales en el parlamento pretende que, aquellos que ostentan el poder público, erradiquen cualquier intento de corrupción hacían en interior del estado, uno de los peores lastres que puede cargar un país.
 
Esa decisión en un país altamente desarrollado, la pena de muerte es considerada la condena más severa que un estado puede aplicar a un ciudadano que quebrante la ley; siempre se ha considerado que esta práctica es un retroceso en materia de derechos humanos, pero, dado el aumento de la delincuencia y lo grave de la violencia que provoca la corrupción, es necesario aplicarla para mantener el control político y el estado de derecho.
 
Contra los delitos de alto impacto, en muchas regiones del mundo, se siguen aplicando como medidas correctivas y de advertencia para aquellos delincuentes que atenten, principalmente, contra la vida de los ciudadanos y es razonable la aceptación de esta medida en los países desarrollados como último recurso contra el crimen.
 
La corrupción en el mundo provoca los mayores desastres en cualquier pueblo, deteriora tanto la armonía como el engranaje social, cuesta mucho, detiene el progreso y el desarrollo que la ciudadanía pretende para tener una mejor calidad de vida, incluido el deseo de que sus instituciones sociales y el gobierno público dote y preserve la gobernabilidad, la convivencia en paz, aplique las políticas de servicio y garantice los derechos ciudadanos.
 
Abordamos el tema de corrupción a partir de que el parlamento alemán dicta una ley contra sus políticos que pudieran verse involucrados en un caso de corrupción; la pena capital es el emblema de que en Alemania está prohibida la corrupción en el gobierno y en sus primeros niveles de funcionarios, pero, aún así si alguien se atreviera y se le comprobara ese delito, serían sometidos a esa condena letal a él o sus familiares que aprovecharan la posición del servidor público para esos actos contra el estado y sus finanzas.
 
En China, uno de los países con un poderío comercial y financiero, y bastante proclive a corromper a funcionarios con los que tiene tratos comerciales, en el mundo, y donde los delitos provocados por el crimen organizado han hecho tambalear al estado, también optó por decretar una Ley; el Tribunal Popular Supremo de China y la Fiscalía del Estado aprobaron la pena de muerte para políticos que malversen o reciban sobornos superiores a más de 3 millones de yuanes (unos 9 millones de pesos mexicanos).
 
Change.org, una plataforma digital abierta en la que cada día más de 165 millones de personas participan para generar cambios, ha formulado una petición para que México instaure la Pena de Muerte contra políticos corruptos, la sociedad mexicana firmó la petición y se envió para que las autoridades agenden el tema en los congresos de los estados y el Congreso de la unión con el fin de atender los focos rojos sobre este gran problema social provocado por los funcionarios y políticos mexicanos corruptos, bajo el auspicio y tolerancia del sistema político mexicano.
 
Recientemente, Ildefonso Guajardo Villarreal, ha dicho dentro de las negociaciones del TLC que en México hay dignidad, que no somos malcriados como dice Trump, sí, pero, tenemos un sistema político infectado de corrupción que no nos ayuda para nada, la violencia, inseguridad, impunidad y corrupción inundan los noticiarios y el mundo observa el deterioro de la clase política como el causante de todos los problemas que hunden a este país, al mismo tiempo que otros millones de mexicanos aún creen que hay salvación.
 
El nuevo Auditor Superior de la Federación, David Colmenares, dijo en su toma de posesión que sin importar los colores partidistas ira sobre los funcionarios corruptos y dará seguimiento a las denuncias interpuestas por su antecesor ante la PGR, entre ellas la estafa maestra, que dejó en evidencia que, en todas las instancias de gobierno, hay corrupción, pero, también corruptos, de los cuales los ciudadanos mexicanos ya están hasta el copete.
 
La sociedad mexicana, indignada y tan lastimada por los delincuentes de cuello blanco, apáticos por participar en política por el desencanto creado por el monolito de la corrupción que permitió la sociedad del crimen, donde funcionarios corruptos, familiares, amigos, socios, todos corruptos, roban y transan y cometen toda clase de delitos utilizando el poder para vivir del pueblo.
 
Los países del primer mundo tienen la pena capital contra los criminales más peligrosos, por ello, el pueblo mexicano desde hace unos años empieza a pedir a los supremos poderes democráticos que se revise el código penal para dar certeza a la sociedad de que las cosas deben cambiar para bien y que, la pena de muerte, no sería mal recibida en el país, obviamente, pasarán años de debate entre los vestigios de los viejos políticos corruptos y una nueva generación que pudiera venir respetando las reglas de honestidad, patriotismo, amor a México y respeto a la sociedad mexicana y sus derechos fundamentales.
 
El modelo de Alemania y China, seguramente, haría pensar a los que ostentan el poder público, dos o tres veces, antes de la intención de meterle mano al cajón de los recursos públicos de los mexicanos, bueno esta reflexión, es un deseo no por condenar a muerte a los políticos, sino erradicar la corrupción de tajo para que México sea otro.
 
La caldera que a su interior guarda, en efervescencia, el enojo, hartazgo, repulsión y decepción de la clase política, está a punto de reventar y la manifestación plena de ese descontento, quizás, se pueda concretar el próximo 1 de julio en donde los representantes de los partidos que ya hubieron de haber presentado sus ideas y compromisos, para que la ciudadanía pueda escoger al menos peor para que el anhelado cambio llegue y se vuelvan a replantear reformas de estado para que los mexicanos opten por una mejoría social a través del sufragio.
 
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