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Columnas y artículos de opinión

Un contexto para las campañas y la elección

Metrópoli

Por: Francisco L. Carranco

02/04/2018

alcalorpolitico.com

La pasarela política más importante de los últimos años dio inicio este viernes y, junto con ella, las aspiraciones de cuatro personajes que expondrán sus ideas y propuestas al ciudadano, con el fin de obtener su atención y, en consecuencia, el voto esperado para acceder a la Presidencia de la República: AMLO, Anaya, Meade y Margarita ¿están listos?
 
Los mexicanos hemos esperado seis años para elegir al nuevo Presidente de la República, seis años, en los cuales observamos pasivamente dos cosas importantes, la primera: la destrucción social del país y la segunda el cinismo con que la clase política orilló al casi colapso económico de los mexicanos, obviamente, en ese proceso destructivo aparecen los altos índices de corrupción e impunidad que permitieron todo tipo de acciones para, lentamente, “exterminar” cualquier aspiración del ciudadano común y corriente para mejorar su supervivencia y acceder al progreso
 
Bajo este contexto, los candidatos presidenciales, empezaron sus campañas políticas en busca del voto ciudadano que les favorezca para ocupar, todavía y pacíficamente, la Presidencia de la República y todo lo que conlleva esa aspiración, definitivamente chocan con los intereses del pueblo que quiere seguridad, precios estables, honestidad y respeto.
 
Los cuatro candidatos, cada uno, con sus propios intereses, deberán conciliar con los intereses sociales del pueblo mexicano, para coronarse con el sufragio de los electores; eufóricamente, exhiben sus fantásticos planes para convencer al ciudadano éste que, impacientemente, espera con la realidad cotidiana a cuestas el gran día de la elección.
 
Las campañas electorales mostrarán las buenas intenciones de los aspirantes, jugando con las posibles respuestas a los problemas y angustias de los mexicanos, esas que, en los tiempos modernos, han avasallado al ciudadano en casi 80 años de gobiernos revolucionarios, que enriquecieron, nuevamente a los extranjeros y a una clase política privilegiada, que utilizó la democracia como un botín de guerra y bajo argucias y todo lo que se puede hacer debajo de la mesa, logró apoderarse del gobierno, los recursos económicos y la política para convertir al pueblo mexicano en un pueblo pobre, esclavizado al autoritarismo político, impune y corrupto que conocemos hoy, bajo el mandato del poder de un solo hombre, el Presidente.
 
La presidencia de la república y el Pueblo de México perdió, nuevamente, el desarrollo económico e industrial que había logrado hace unos 30 ó 40 años, la pobreza y los grupos vulnerables han crecido súbitamente, impuestos, precios a la canasta básica y energética agobian al país, la violencia e impunidad han catalogado al país como uno de los más inseguros del orbe, contra los buenos deseos del Gobierno.
 
El fomento a las inversiones extranjeras a favor de la explotación de los recursos naturales, incluido, principalmente, el petróleo y la industria alrededor de éste, que con una reforma para concesiones extranjeras se entregó para desplazar a los industriales mexicanos que también sucumben a asociaciones con capitales extranjeros para seguir operando, discriminando la mano de obra mexicana y, la que se queda, pagada a muy bajo costo.
 
La ley Laboral, que permaneció años enterrada y que a la fecha, con la reforma en esta materia, mantiene a los obreros, campesinos y demás trabajadores casi sin derechos con bajos salarios, que pagan renta, transporte, vestido, comida y servicios, con calidad de vida deplorable que, en ocasiones, tienen que delinquir para sobrevivir, porque el salario no da para vivir.
 
Los electores mexicanos, en su gran mayoría constituido por las clases sociales menos privilegiadas que viven de aspiraciones, por un lado, las más bajas que tratan de sobrevivir un día más con lo precario de su ingreso y las clases medias que aspiran a tener una oportunidad en las clases política y las altas, mantener una medianía moderada, serán los votantes que exigen cuentas.
 
La clase política, algunas veces, contrastada con cualquier aristocracia esa que todo lo puede, todo lo compra y es una minoría que se ha perpetuado en el poder que ha utilizado, precisamente, para perpetuar el abuso en nombre del poder político, pero que, con el abuso y ambición, también está en crisis, porque el pueblo mexicano aspira a una alternancia, no sabemos por cuál de los tres contendientes opositores al candidato oficial de los Pinos.
 
Lo que casi es seguro, es que el pueblo decida por uno de los personajes que representan, a través de sus alianzas. La división social es un punto que, ningún candidato, debe perder de vista, los hartazgos de la población están en función de las clases privilegiadas y su ostentación de sentirse superiores al grueso de la sociedad civil del país.
 
La corrupción e impunidad, los peores lastres que carga el país aparte del autoritarismo, represión, soberbia y arrogancia de la clase política, son factores que tendrán que desmenuzar los candidatos y resolver de inmediato, a través de sus campañas, de sus mensajes qué nos van a decir para desterrar la violencia e inseguridad en el país, si no convencen al pueblo, el que gane tendrá en su contra al elector y pondrá nervioso al Tigre, como dicen por ahí.
 
Y, el candidato oficial, el heredero del deterioro del país, el que carga en su espalda todo el malestar ciudadano que le toca competir con la bandera de un partido que en sus 80 años ha destruido todas las estructuras políticas, sociales, económicas, y que está a punto de perder hasta el poder, pero que, como candidato, también tiene una oportunidad la de reivindicar al gobierno actual, y devolverle todo lo que los militantes y seguidores le han robado al pueblo de México.
 
La preferencia electoral está dividida en tercios, las preferencias del voto dan (+ /-) 31% a MORENA-PT; 26% PAN-PRD-MC; 18% PRI-Verde-Panal; 3% Margarita, pero, hay un 22% que no ha definido su voto y ahí estará la inclinación de la balanza, donde el voto ciudadano de los indecisos se sienta más cómodo, obviamente, el abstencionismo junto con los dudosos, son lo que podrán cambiar el rumbo de la elección.
 
En fin, en estas líneas hay un pequeño contexto social en donde las campañas presidenciales estarán inmersas, desarrollándose, calentando, provocando, invitando al elector a votar para elegir a un Presidente que tendrá la responsabilidad de levantar a este país. Si es que todavía se puede, ante la incertidumbre social.
 
Suburbio 1
 
El alcalde pasando apuros y los grupos midiendo fuerzas.
 
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