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Columnas y artículos de opinión

Sin embargo se sembró la duda

Metrópoli

Por: Francisco L. Carranco

18/06/2018

alcalorpolitico.com

Muy “ad doc” en la temporada en que se celebra la copa mundial y como si fuera un dramático juego de futbol, en el último minuto, Ricardo Anaya, empareja el marcador, acorrala y deja sin palabras al candidato que lidera las encuesta hacia la presidencia de la república. Me refiero a la contundente ventaneada que el candidato del PAN arremete contra López Obrador por la asignación de recursos públicos sin licitar a su amigo y compadre suyo, José María Riobóo.
 
La Trascendencia e importancia de esta maniobra es impactar en la intención del voto “la duda” de sí vale la pena votar por tal o cual candidato, donde las acciones de cada uno, de alguna manera, evidencian actos de probable corrupción en algún momento de la gestión pública de cada contendiente o, de su vida privada que afectan directamente al candidato y se refleja en la aversión del elector al partido o candidato, cómo le sucedió a Ricardo Anaya con las acusaciones de lavado de dinero.
 
La rudeza usada contra el candidato del PAN, necesariamente, reflejan que el ataque se debió a su crecimiento luego del primer debate donde “resultó ganador” sí entrecomillado para no herir suspicacias, qué otra cosa sería si no.
 
Y bueno el impacto se logró de ahí se colgaron Priístas, Morenistas e incluso muchos electores que buscaban un pretexto para no darle el voto al Panista, sin embargo, las campañas siguieron y la sacudida también la ciudadanía cree que Anaya efectivamente ha ocupado su carrera política para hacer sus negocios privados, gastó mucho tiempo en tratar de demostrar los contrario al video acusatorio, sin lograrlo plenamente.
 
La especulación generada le resto varios puntos en las encuestas y le dio un crecimiento a José Antonio Meade, pero, también a los indecisos que recularon y justificaron también su indecisión argumentando que no hay un político derecho o todos de alguna manera son corruptos.
 
Andrés Manuel López Obrador, en tono triunfalista hasta antes del último debate, logró mantener parte de sus discurso contra el candidato del PAN enfatizando los negocios “turbios” del contrincante logrando risas y burlas de sus seguidores en cada templete, cuando se refería a Anaya como lavador de riqueza en negocios, insisto, privados y familiares.
 
Meade, también, aprovechó la coyuntura para subir en la intención de los electores y, a tiro por viaje, arremetió golpes contra el adversario panista; las encuesta variaron en la competencia por el segundo lugar, Meade, subió, los indecisos subieron y Anaya se quedó igual.
 
Poco antes del tercer debate surgió un nuevo vídeo, la segunda parte de la entrevista filtrada en la cual el hermano de Manuel Barreiro explica las tranzas supuestamente ligadas a su consanguíneo y al candidato presidencial.
 
Otro duro golpe para la campaña de Ricardo Anaya, que lo obligó a salirse de los cánones establecidos en el sistema político mexicano y de frente, como él dice, acusa de la campaña de su desprestigio al propio Presidente de la República y al Gobierno de México de estar al frente de la guerra sucia en su contra.
 
Este acto le devuelve discurso y vuelve a atraer los reflectores con esa acusación, nunca antes vista en donde señala al ejecutivo nacional, acusándolo de ser responsable si algo le pasa a él o a su familia ante la indecente estrategia utilizada con ese vídeo bastante burdo, pero que tuvo un gran impacto mediático al hacerse público en una televisora de difusión nacional.
 
En este contexto llegan al tercer debate AMLO, Anaya, Meade y El Bronco a confrontar sus ideas, propuestas, alcances, expectativas, ocurrencia y opacidad; sus fortalezas y sus debilidades… todo, todo quedó evidenciado en el debate de Mérida, donde se dijeron casi de todo y ahí mismo en ese escenario, Ricardo Anaya, presentó dos ases bajo la manga, el primero y, ya comentado, la acusación a nivel planetario, por eso del internet, de que el Presidente de la República de México orquestó la maniobra de desprestigio para derrumbar su campaña, cosa que no ha ocurrido y dos el acto de “corrupción” de Andrés Manuel López Obrador, en el que exhibe al candidato de Morena de haber celebrado adjudicación directa de más de 170 millones a un empresario amigo y constructor consentido, además, de tener nexos con Oderbretch y haber participado en las licitaciones de las pistas del NAIM.
 
Contundente, Ricardo, asestó un golpe muy fuerte a AMLO, que de entrada no se acordaba de cuando había sido eso, sin argumentos para defender el caso y mucho menos enfrentar el reto con que Anaya lo acorrala al decir que apostara a demostrar que no era cierto y que renunciara a la candidatura en caso de que la acusación fuera verdad, el tabasqueño calló.
 
Esta acción de defensa del panista pone a los tres: Meade. Anaya y AMLO en una situación de relativa “corrupción” Meade como tapadera de los funcionarios del sistema político corrupto actual: Fobaproa, Pemex, Gasolinazo y otras cosillas, el inmaculado AMLO como político tradicional que, cuando ostenta el poder, puede discrecionalmente manejar actos de autoridad unilaterales como privilegiar a los amigos y socios en concursos donde él que manda dice quién gana, el claro ejemplo del empresario Riobóo y Anaya, que si sí o que sí no, carga la pesada lapida de una transacción, chueca o derecha, que le restó mucha intención del voto.
 
Ahora resulta que ninguno de los candidatos presidenciales en este país está limpio de pecado, los electores ante estos descalabros que las campañas han mostrado viven, actualmente, la indeterminación entre dos decisiones; una vacilación de la decisión más importante que un mexicano puede decidir en el único momento y acto democrático: decidir a quién elegir para que gobierne este país en las condiciones que éste está.
 
La creencia que cada elector conceptúe del candidato que elegirá para que sea presidente, pondrá en juego el destino y el rumbo de los mexicanos y del país. Seguramente los indecisos sufren más por su decisión que los que ya eligieron a quién le darán el voto… y como colofón las encuestas el 90% indicaban que la selección mexicana perdería ante Alemania, cualquier semejanza con las del Peje, será mera coincidencia.
 
Sea lo que sea, que el supremo nos agarre confesados…
 
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