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Columnas y artículos de opinión

Emigración italiana: la historia "menuda"

A salto de mata

Por: Gino Raúl De Gasperín Gasperín

11/10/2018

alcalorpolitico.com

El 19 de este mes se cumplen 137 años de la llegada de los emigrantes italianos a México y la fundación de la colonia Manuel González, en el cantón de Huatusco. Los colonos que entonces llegaron formaban parte de la segunda ola migratoria. La primera, compuesta de 200 italianos, ocurrió en 1857 y fue asentada en la zona de Papantla-Tecolutla. El proyecto colonizador, con base en documento del Ministerio de Fomento expedido el 15 de abril de 1857, pretendía la fundación de un corredor de colonias, ubicadas en El Chico, Rinconada, Paso de Ovejas y Tejería, en el estado de Veracruz. Este proyecto terminó en desastre por el abandono del propio gobierno mexicano, enfrascado entonces en la guerra entre conservadores y liberales. Según lo deja ver el Dr. José Benigno Zilli en su libro La Villa Luisa de los Italianos, ese proyecto tenía dos intenciones: una abierta: la fundación de una colonia agroindustrial modelo; pero había otra, oculta: todo parece indicar que este aguerrido grupo de italianos estaba siendo pensado como grupo de choque del gobierno de Benito Juárez para enfrentar al grupo conservador. De hecho, resulta increíble que su director, José María Mata, nunca estuvo en la colonia y la «dirigió» desde Estados Unidos, en donde realizaba gestiones políticas y económicas a favor del gobierno liberal. No es de extrañar que la colonia fuera un absoluto fracaso...
 
En 1881, ya asentado el gobierno liberal, bajo la presidencia de Manuel González y de Carlos Pacheco como ministro de Fomento, se reanuda el proyecto colonizador. En esta ocasión, el gobernador de Veracruz, Apolinar Castillo, publica en Córdoba, el 23 de marzo de ese año, el decreto ofreciendo facilidades fiscales a quienes vendan terrenos para ubicar la nueva colonia. Se produce así la segunda inmigración, en la que 88 familias, con 431 personas, salen de Livorno el 15 de septiembre y llegan a Veracruz el 19 de octubre del mismo año.
 
Dado que a su llegada no había ni siquiera un improvisado cobertizo para ubicarlos y los terrenos no estaban aún dispuestos en el lugar de destino, tuvieron que permanecer durante bastantes días en la cabecera del cantón de Huatusco. Finalmente, se hizo el deslinde y fraccionamiento de las parcelas de cultivo y la distribución de los lotes para la ubicación de los hogares de los colonos.
 
La tercera ola migratoria se da con el arribo de 300 familias con 1513 personas, destinadas a fundar las colonias de Morelos (100 familias), Mazatepec, Puebla (96 familias) y San Luis Potosí. Salen de Génova el 16 de enero de 1882 y llegan a Veracruz el 24 de febrero.
 
Finalmente, la cuarta migración se produce por un nuevo contrato para la colonia de Chipilo, en Puebla. Se traen 605 personas, que salen de Génova y llegan a Veracruz el 25 de septiembre de 1882.
 
Este proyecto se termina, oficialmente, con el regreso de Porfirio Díaz a la presidencia de la república, quien determina que, de llegar nuevos emigrantes, esto se hará única y exclusivamente como un proyecto de particulares, en el que el gobierno ya no meterá las manos.
 
Esta historia, minúscula dentro del contexto de la historia patria, es sin embargo muy significativa por las repercusiones que tuvo, especialmente para los propios emigrantes, que se vieron envueltos en guerras políticas y civiles que les eran absolutamente ajenas. Esta historia «menuda», «historia de gente llana», se entreveró con la «historia grande», esa que fabrican los hacedores de la historia oficial: los políticos de alto nivel y sus últimas ramificaciones: los jefes políticos (ya desaparecidos, pero en vías de ser resucitados…), los jefes de Cantón y los siniestros directores de las colonias...
 
Como lo anoté en mi novela Con la esperanza en el corazón, sin entenderse ni comprenderse, los hilos de cada historia se tejieron: uno, el popolo minuto vivía su vida, su aventura, sus desgracias y esperanzas sin entender qué se tramaba «allá arriba»; el otro, el popolo grosso, pactaba alianzas, hacía guerra intestina, se aprovechaba de la mejor manera del proyecto y se la jugaba por sus muy personales intereses.
 
Mientras los emigrantes ignoraban eso, su destino iba a correr la misma suerte de los protagonistas de los conflictos políticos. Y así, producto de estos últimos, prácticamente desaparecieron las colonias de Mazatepec, Puebla; de Morelos, San Luis Potosí y la de Villa Aldana, en las goteras de la ciudad de México.
 
Solo subsistieron, como tales, la colonia Manuel González, de Huatusco, y la de Chipilo, en Puebla. Los emigrantes de estas colonias y unos pocos aguerridos e indómitos colonos de las otras se aferraron con gran cariño y denodado esfuerzo a los agrestes terruños para hacerlos lugares dignos de vivir.
 
Y como dijo el poeta latino Ovidio: bene qui latuit bene vixit, ‘vivió bien quien vivió ocultamente’.
 
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