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Columnas y artículos de opinión

¿Un atentado contra la familia? ¿En serio?

Diario de un reportero

Por: Miguel Molina

07/06/2019

alcalorpolitico.com

Las niñas quieren jugar y moverse libremente, y no sentirse incómodas cuando hace frío, así que el gobierno de la Ciudad de México ordenó que lleven la ropa del uniforme con la que se sientan más cómodas, y no sancionará a las niñas por llevar pantalones. Hasta allí todo iba bien.
 
Pero no faltó quien se sintiera inclusivo y agregó sin necesidad que "tangencialmente, bajo el nuevo reglamento, si un niño usara falda tampoco sería sancionable (sic )". Ese fue el pecado, la buena intención que empedró un poco más el camino del infierno.
 
Muchos reporteros no leyeron lo que habían anunciado las autoridades. Muchos jefes de Redacción no se molestaron en hacer preguntas. Y las cosas cambiaron y se desató el escándalo. Los medios se encendieron proclamando que el gobierno cambió el reglamento para que los niños puedan usar falda.
 
Cuando el tema llegó a las redes sociales, la historia se convirtió en un plan del gobierno para obligar a que los niños usen faldas y se vuelvan homosexuales, y se alzaron voces condenando que las autoridades hayan decidido permitir que las niñas puedan ir de pantalones a la escuela. "Es un atentado contra la familia", decían. En pleno siglo XXI.
 
Pienso que muy pocos de los comentaristas de las redes sociales leyeron bien de qué se trataba, porque lo normal ahora es reaccionar sin pensar y decir cualquier cosa con cualquier ortografía. Hasta la iglesia – en la persona de don José Manuel Suazo Reyes, quien es vocero de la arquidiócesis de Xalapa – metió la mano, es decir la pata.
 
Según el señor Suazo, es "lamentable esta imposición de la ideología de género, pues con ella se confunde a los menores". ¿Cuál imposición y qué ideología? ¿La de que los estudiantes se puedan vestir como mejor les parezca en la Ciudad de México? ¿Cómo se confunde a los menores? ¿Enseñándoles que cada quien tiene derecho a ser y hacer lo que quiera mientras se respete y respete los derechos de los demás?
 
La medida, asegura don José Manuel, "es una falta de respeto a los alumnos, a la educación, a la cultura mexicana y al derecho de los padres para educar a sus hijos", que además "lastima a la niñez" en modos que no alcanzó a explicar o no le preguntaron. Todo eso.
 
Lo bueno, en la opinión del vocero de la Arquidiócesis, es que esa idea loca de que haya un uniforme neutro es un tema "que no cabe aquí en Veracruz, la gran mayoría de padres de familia seguramente están en contra de esto, y no se puede hacer valer la petición de algunas personas (sic)".
 
En fin, el señor Suazo advirtió que los padres de familia (y de paso los diputados) "deben estar muy alerta para defender sus derechos, de modo que esta iniciativa no se pueda imponer en Veracruz". Se queda uno sin palabras, oyendo la gritería de la turba en las redes, leyendo lo que dijo don José Manuel.
 
Esperando que pierda...
 
Cuando Donald Trump llegó a Londres estábamos en Edimburgo. Llovió, hizo sol, volvió a llover una lluvia que el viento volvía horizontal, hizo sol otra vez, y oscureció casi a las once de la noche. Ese lunes comimos pescado rebozado con papas fritas y chícharos, y en la noche vimos lo que había pasado.
 
El presidente de Estados Unidos llegó ofendiendo. Ofendió al alcalde de Londres, Sadiq Khan, a quien llamó perdedor, y a la duquesa de Sussex, también conocida como Meghan Markle, a quien calificó como desgradable y perjudicial. Después ofendió a todos los demás, incluidos Theresa May, que este viernes deja su cargo, y a México, que al parecer también vino en este viaje trumpiano.
 
Fue un espectáculo que daba pena ajena. Decenas de miles de personas protestaron en el centro de Londres y en otras ciudades. Rompiendo los protocolos, Trump declaró que Boris Johnson sería un buen Primer Ministro y Nigel Farage un negociador ideal ante la Unión Europea. Pero los favoritos de Trump tienen colas muy largas...
 
Una tarde, cuando Johnson todavía era alcalde de Londres, el azar y el vino nos juntaron en un salón de la alcaldía. Cuando Boris supo que soy mexicano me confesó que éramos paisanos porque sus padres fueron de luna de miel a Acapulco y muy probablemente lo concibieron ahí. Fue corresponsal de The Telegraph en Bruselas: inventaba noticias sobre la Unión Europea y casi todos se las creyeron.
 
De Nigel Farage (promotor de la salida de la Gran Bretaña de la Unión Europea) se puede decir poco y casi todo es malo. Lleva veinte años como eurodiputado y ha asistido a muy pocas sesiones del cuerpo legislativo, donde es motivo de burla y sujeto de desprecio por su irresponsabilidad, por las mentiras que dijo durante el referéndum del Brexit, y porque no declaró cuantiosos donativos que comprometen su posición de eurodiputado.
 
Ni para dónde correr. El martes – tras un viaje de los ocho grados con viento en Edimburgo a los veintitantos grados sin brisa en Ginebra – pasé por el oporto de primavera en Don Duarte, y comprendí que el gobierno de México está comprando tiempo hasta que las campañas presidenciales de Estados Unidos le quiten a Trump los reflectores.
 
Y si Trump pierde, gane quien gane, México gana.

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