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Columnas y artículos de opinión

Un PRI sin rumbo

Apuntes

Por: Manuel Rosete Chávez

08/08/2019

alcalorpolitico.com

“Mil 654 millones de presupuesto dará
el INE a Morena para el año entrante”

El mejor negocio
 
Un PRI sin rumbo
 
Desde la primera vez que el PRI perdió la Presidencia de la República, en 2000 con Francisco Labastida Ochoa como candidato, ese instituto político casi perdió el rumbo. No habiendo presidente priista en Los Pinos, nadie sabe qué línea seguir y todo se vuelve una anarquía. Ante la ausencia de un liderazgo sólido, que supliera el dedo presidencial para tomar las decisiones del partido, quien le brincó a la presidencia fue el tabasqueño Roberto Madrazo Pintado, y de ahí nadie lo movió hasta la siguiente elección para la que se autonombró candidato presidencial del PRI, gozando del repudio social y de las bases militantes que lo condujeron al tercer sitio de la contienda (ganó el panista Felipe Calderón y en segundo lugar quedó López Obrador).
 
A Madrazo se le volvió a ver participando en una carrera atlética en la que haciendo trampa trató de ganar el primer lugar, solo que al ser descubierto por los jueces lo mandaron al rancho de AMLO y desde entonces no se sabe nada del tabasqueño.
 
El próximo domingo habrá elección de nuevo presidente del CEN del PRI y en lo que podría ser una caricatura del arribo de Madrazo a la dirigencia, por albazo, Alejandro Moreno “Alito” se encumbrará como nuevo dirigente nacional pasando por encima de Ivonne Ortega y la paisana Lorena Piñón, quien participa como comparsa.
 
El PRI, al igual que el PAN, está en condiciones inmejorables para refundarse y levantarse de la lona, tras la arrastrada que les pegó Andrés Manuel López Obrador con su Movimiento Regeneración Nacional (Morena), pero las ambiciones internas y los pleitos por tomar la dirigencia del PRI, permiten pensar que no lo conseguirán, que por los antidemocráticos mecanismos que emplean para autoelegirse y por los personajes que participan, los más identificados con insultantes actos de corrupción, el resentimiento y la animadversión que hay hacia ellos no se lo podrán sacudir teniendo una elección abierta, democrática, que sirva como ejemplo de que los priistas honestos que aún quedan tendrán el mando echando de sus filas a quienes hundieron con sus acciones al partido.
 
Es Alejandro Moreno, “Alito”, gobernador con licencia de Campeche, uno de los candidatos a la dirigencia nacional del Partido Revolucionario Institucional (PRI), el que va a la cabeza, el que cuenta con el apoyo de los tradicionales políticos corruptos… y él es uno de ellos.
 
“Alito”, por ejemplo, es dueño de una residencia de más de 46 millones de pesos que construyó cuando era mandatario estatal y percibía ingresos anuales por 5 millones de pesos. La casa de 'Alito' Moreno está ubicada en una zona escénica de la playa de Campeche, sobre terrenos que el priista adquirió entre 2012 y 2015, cuando fue diputado federal por el PRI, refiere la misma información.
 
Consultado al respecto, Moreno rechazó dar más detalles respecto a su patrimonio con el argumento de que su declaración patrimonial es pública. De acuerdo con un trabajo de investigación periodística, antes de asumir la gubernatura, en 2015, ‘Alito’ se hizo de 13 predios en Lomas del Castillo, una zona de alta plusvalía en Campeche, en donde el metro cuadrado de terreno tiene un valor de 3,500 pesos aproximadamente, por lo que el valor del terreno ascendería a 24.5 millones de pesos.
 
En su declaración patrimonial 3de3, el priista informó que compró estos terrenos a un precio mucho menor, de entre 595 y 1,645 pesos por metro cuadrado, es decir, en total asegura que desembolsó 6 millones de pesos.
 
En su declaración, Moreno también informó que como gobernador percibía un sueldo de 1 millón 184 mil pesos al año, mientras que "por otras actividades" obtuvo una ganancia de 4 millones 122 mil pesos, luego entonces, destinando el cien por ciento de su ingreso, a Moreno no le alcanzaría para costear la construcción de esta mansión.
 
El reporte indica que, antes de ser gobernador, 'Alito' vivió en el Fraccionamiento Residencial Resurgimiento, cercano al malecón, en la Colonia Montecristo, detrás de un edificio de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), en una casa de tres habitaciones, tres baños, con 210 metros cuadrados de construcción y 228 de terreno, con un valor de unos 3.5 millones de pesos.
 
La de “Alito” es una historia igualita a la de Javier Duarte, a la de Fidel Herrera Beltrán y a la de otros exgobernadores quienes, cuando asumieron el cargo, no tenían ni en qué caerse muertos, pero al concluir su administración no saben dónde poner tanta riqueza robada.
 
La guerra interna del PRI
 
Los nuevos dirigentes del PRI habrán de conducir al partido los próximos cuatro años en medio de una sus peores crisis que lo tiene postrado en el tercer lugar como fuerza política nacional.
 
Para cualquiera que llegue a ocupar la presidencia del partido habrá de manejar un instituto casi en cascarón, sin fuerza para ser el fiel de la balanza en los contrapesos políticos, y con una falta de credibilidad interna que amenaza con generar profundas fracturas y divisiones de grupos, muy parecidas a las sufridas en 1987 con la salida de Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez, a la cabeza de un numeroso grupo de militantes.
 
Las cosas pintan mal para el PRI en este periodo de transición de su dirigencia. Ninguno de los aspirantes –Ivonne Ortega, Alejandro Moreno y, menos, Lorena Piñón–, han logrado encender el ánimo de los militantes para participar en la votación que se realizará el próximo domingo.
 
Una muestra de esta desmoralización en el PRI es que después de dos procesos de auscultación, no logró cubrir las 6 mil 156 casillas que se prevén instalar en todo el país para la elección interna de su nueva dirigencia. Sólo tienen el 10 por ciento de cobertura con presidente y secretario de casilla y el temor entre algunos de los contrincantes es que Alejandro Moreno imponga a sus seguidores, lo que amenaza con un fraude.
 
La contienda interna ya está manchada por todos los escándalos que se han presentado desde antes del inicio. Los aspirantes se confrontaron con quien consideran el “candidato de la cúpula”, Alejandro Moreno, quien recibió el apoyo de 11 de los 12 gobernadores que tiene el PRI actualmente y a quien acusaron de usar los recursos del gobierno de Campeche para su campaña de imagen e inflar el padrón con nuevos militantes.
 
Fue tan fuerte la diferencia entre los contendientes, que el exrector de la UNAM, José Narro, renunció al acusar que se estaba gestando una simulación para imponer al exgobernador de Campeche, a quien llaman “Amlito” por su supuesta cercanía con el presidente Andrés Manuel López Obrador.
 
Ulises Ruiz, a pesar de su mala fama, fue uno de los más críticos de la organización del proceso, acusando que Enrique Peña Nieto está detrás de Alejandro Moreno. Esto le provocó que fuera rechazado de la inscripción bajo el pretexto de que no cumplió con los requisitos estatutarios de apoyo de los sectores partidistas.
 
Al quedarse marginado, el exgobernador de Oaxaca unió sus fuerzas a Ivonne Ortega y José Alfaro, que tienen más posibilidades de pelear la dirigencia, ya que desde hace un año, cuando quiso ser candidata presidencial, la exgobernadora de Yucatán viene formando una corriente interna. Tomar las riendas del PRI y sacarlo del atolladero en el que se encuentra estancado parece una misión imposible si tomamos en cuenta que de los 6 millones 605 mil 740 militantes que tenía inscritos ante el INE, más de 5 millones sufren de inconsistencias e irregularidades.
 
Además, tiene una complicación económica que lo obligó a hipotecar por 100 millones de pesos uno de sus edificios, ubicado en José María Lafragua número 3, en la colonia Tabacalera, para organizar su elección interna. Quien se quede al frente del PRI tiene ante sí la posibilidad de recuperar la credibilidad, fortalecer la unidad y generar confianza para que sea nuevamente una opción en las próximas elecciones. Y obviamente no se descarta que esta elección interna termine en tribunales.
 
REFLEXIÓN
 
Juan Antonio Aguilar Mancha, alcalde de Tuxpan, está siendo señalado de desviar recursos de la comuna para su primo Pepe quien al parecer los aplica para comprar la dirigencia estatal del PAN por instrucciones de Miguel Ángel Yunes. De plano: una familia completita de “Manchados” ratas.
 
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