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Columnas y artículos de opinión

Indefensos y temerosos

Causas y efectos

Por: Alfredo Ríos Hernández

16/12/2019

alcalorpolitico.com

*"Rama" de los Náuticos
*Las sombras y tragedias
*Las fugas apasionadas
 
Hoy se inician "Las Posadas" aparejadas a la música tradicional de estas fechas "que visten" los mensajes navideños y las tradicionales "posadas", las cuales, conjuntamente con aquellos obligados recorridos de las "ramas navideñas" solicitando "el aguinaldo... Si me lo han de dar", bellos rasgos culturales de nuestro pueblo que, incuestionablemente, constituyen parte de lo que el crecimiento urbano y el escalofriante desarrollo delincuencial, le están arrebatando a nuestro país, escenarios que, para los adultos mayores de la actualidad, e incluso para los "no tan mayores", constituyeron parte de los tesoros de nuestra niñez y nuestra juventud.
 
Y refiero el tema de "la rama", no sólo en apuntes hacia la etapa de la niñez, sino también en torno a la dorada juventud, porque "presente lo tengo yo" (expresión que le robo para el tema al excelente columnista Gilberto Haz Diez) que en mi etapa juvenil participé en el puerto de Veracruz, allá, por la década de los sesenta, con un grupo de jóvenes alumnos estudiantes de la prestigiada Escuela Náutica Mercante "Fernando Siliceo", con quienes portando un remo de enormes medidas, cubierto de cascabeles, al tiempo de colocar y adornar una rama navideña sobre la batea de una camioneta, con maracas, panderetas, bongos, guitarras y otros instrumentos hechizos, decidimos recorrer la ciudad de Veracruz, cantando en casas de amigos… "Rama navideña de la náutica que aún despierta añoranzas", no sólo por su originalidad, sino por la alegría que sembraba entre quienes recibían nuestra visita.
 
La fama que generó tal actividad alcanzó tales dimensiones, que nos vimos precisados a programar las rutas para el recorrido, agendando las invitaciones de numerosas familias porteñas que nos solicitaban lleváramos "la rama" para entonar nuestros "improvisados villancicos", apoyados con las referidas panderetas e instrumentos de percusión distintos, algunos elaborados por nosotros mismos.
 
Es incuestionable que cumplimos entusiasmados y dotados de notoria algarabía "con la rama navideña de la Náutica", tanto así que hasta la fecha, quienes la recuerdan en el puerto jarocho, la refieren como "la mejor en la historia" de la ahora "Riviera veracruzana", práctica que se extinguió paralelamente a los sombríos ámbitos estudiantiles registrados en 1968, que condujeron a "los trágicos acontecimientos de Tlatelolco".
 
Pero aquel espíritu de "la rama", para aquellos tiempos representaba una etapa insustituible (al igual que las posadas) en la vida de los mexicanos, que tenían plena y absoluta confianza en los satisfactorios ámbitos de seguridad y solidaridad que privaban entre la población, tanto así que en las rancherías, los pueblos y las ciudades, los hermanos mayorcitos se hacían acompañar de los de menor edad, para que todos disfrutaran el placer de entonar villancicos propios de cada región, sin que se presentara ningún rango de preocupación en torno a la seguridad de "los niños", que peregrinaban noche tras noche pletóricos de alegría portando sus ramas, transitando sin temor (que no fuera al perro de la esquina) por las calles y senderos que, por tramos, en algunos casos lucían solitarios pero nunca con los rangos de inseguridad que en la actualidad se advierte.
 
Recuerdo con toda claridad que, años atrás en mi tierra natal que es Córdoba, de chavito recorría ya oscurecido el día, las calles cercanas a mi casa, al igual que lo hacían mis hermanos y mis amigos, no recuerdo haber presenciado un atentado violento en contra de un menor de edad, e incluso el tema del secuestro, ni en sombras aparecía en nuestros entornos, salvo aquellas versiones de que el novio acelerado "se había robado" a la novia, lo que en verdad nunca había sido "un robo", sino una fuga apasionada "de ambos dos", pactada de común acuerdo a la luz del amor y a las sombras del romántico anochecer...  Ya tiempo después escuchábamos el encantador lloriquear de un esplendoroso bebé, precisamente en la casa de los felices abuelos.
 
Para quienes formamos parte de las generaciones mayores de mexicanos, es incuestionable que nunca pasó por nuestra imaginación un país con las características de inseguridad y desestabilización como el que hemos procreado para nuestros hijos y, desafortunadamente, tal perversión afecta ahora también a nuestros nietos.
 
No debemos confundirnos, ni pensar que estamos hechos pelotas, porque los verdaderos culpables de que hoy los niños tengan miedo de recorrer las calles "para cantar la rama", lo somos precisamente todos nosotros, los abuelos y en algo de parte la generación a la que le otorgamos vida.
 
Porque fuimos capaces de casi duplicar el número de habitantes en nuestro país, pero incapaces para mantener los niveles de bienestar y tranquilidad social por los que, tiempo atrás, transitamos en nuestra niñez y en nuestra juventud, convirtiéndonos por nuestros desatinos, como una sociedad que estimuló un país muy diferente al de aquellos días de la "Rama Navideña de la Náutica Mercante Fernando Siliceo", dando curso a una nación en la que se desgastaron los valores y, consecuencia de ello, se gestaron niveles delincuenciales sin paralelo en la historia del territorio nacional.
 
Es indudablemente que fuimos "todos nosotros" quienes por nuestros errores y desviaciones, dimos curso precisamente a los ámbitos de terror que, en los tiempos actuales, les han robado a los niños y jóvenes, espacios que fueron plenamente nuestros, como los parques, los jardines, las calles, las aceras, los campos deportivos, los ríos, arroyos y lagunas, y que a más de ello les han arrebatado lo más valiosos de nuestro patrimonio, que es "la libertad" de disfrutar de su entorno y de nuestras tradiciones.
 
Los efectos delincuenciales que siembran temor entre la colectividad, constituyen los resultados de imperfecciones en nuestros programas para el desarrollo integral de la sociedad, fallas de nuestro sistema de vida que originan el quebranto y la desesperanza, escenarios propicio que han otorgado curso la marginación, marcos en los cuales regularmente surgen alternativas, ajenas a la rectitud y la honorabilidad, que conducen hacia los ámbitos delictivos, como perniciosa ruta para obtener dividendos, castigando el patrimonio, la tranquilidad y seguridad, de quienes lograron con trabajo y esfuerzo mejores niveles de vida para sus respectivas familias.
 
Transita el México actual, con añoranzas sobre el pasado y preocupación tanto por el presente, como por el futuro inmediato de nuestro país, referencias que precisamente originaron "un golpe de timón" aplicado por la ciudadanía para brindarle el control de la nave a quien, por sus antecedentes, refería la posibilidad de "una transformación", que frenara las causas que dan curso a niveles de inseguridad nunca antes registrados en la historia moderna de nuestro territorio y que, incuestionablemente, colocan en alto riesgo el presente y futuro del país.
 
La tranquilidad social es la demanda primera de la colectividad, reclamo que por el momento sigue sin una respuesta efectiva, que no sea el diseño y aplicación de programas nuevos encaminados en su proyección y aplicación, con la idea de abrir mayores niveles de bienestar y oportunidades a sectores marginados, que incuestionablemente representan en cualquier parte del mundo, focos de inconformidad proclives por sus propias características hacia actividades fuera de la Ley.
 
Aparejado a tales programas, se han creado nuevos instrumentos como la Guardia Nacional, cuyo objetivo en su primera etapa ha sido la de hacer sentir que, paulatinamente se aplicará la fuerza para quien delinque, políticas que han despertado agudas polémicas, sobre todo cuando delitos de elevado impacto como los feminicidios se han incrementado en lugar de decrecer.
 
Mucho nos falta por ver y evaluar del México actual y, mientras tanto, hoy se inician las tradicionales posadas, etapa que obligadamente nos remonta al recuento de lo pasado y la valoración sobre las perspectivas del año que está por iniciarse... ¿Cuál habrá de ser para usted su respectiva y personal valoración?

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