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Columnas y artículos de opinión

Sangrando en sus entornos

Causas y efectos

Por: Alfredo Ríos Hernández

14/01/2020

alcalorpolitico.com

*Escuela, hogar y violencia
*La tormenta que agobia
*Permea al tejido social
 
Se asegura en las oficinas estatales del sector educativo veracruzano, en donde precisamente (por mandato del gobernador jarocho Cuitláhuac García Jiménez) despacha como titular Zenyazen Escobar, que los padres de familia deben vigilar y aumentar la supervisión sobre el tipo de juegos que sus hijos utilizan para divertirse, para evitar que se registren escenarios como los sucedidos en Torreón, argumentación que, por las circunstancias del tema, deja entrever que los espantosos sucesos como el referido, tienen su origen, según puntos de vista del sector gubernamental, de manera significativa fundamental en el hogar, así como en relación “al tipo de juegos que incitan a la violencia”, lo que al estilo del legendario comediante de origen cubano identificado como “Tres Patines”, valdría referir que tales apuntes sobre los ámbitos escolares, no se encuentran del todo fundamentados y que, por lo mismo, podrían ser calificados como “falsos con toda falsedad”...
 
Porque nos debe quedar claro lo que ya en parte describimos en la publicación de ayer lunes, al apuntar que las nuevas generaciones se desarrollan en marcos criminales nunca antes registrados en la historia moderna del país, escenarios que se originan en los marcos y registros de crímenes sin castigos, que han quedado en clara y absoluta impunidad, historia sangrienta que está permeando al tejido social y que por lo mismo impacta primordialmente a quienes menos vivencia registra, cautivos inocentes de un panorama que palpita sangrando en sus entornos.
 
Las normas dictadas por los gigantescos educadores que han transitado por los sistemas de enseñanza en el país, se podrían calificar como correctas agregando a tales esquemas lo que resulte apropiado para una mejor formación de los ciudadanos del futuro, pero no cometamos el error de considerar la “operación mochila” como la tabla de salvamento para evitar que la violencia invada centros escolares, impactando con sus negativas secuelas a los alumnos y maestros en lo general, porque recuérdese que incluso en nuestras tierras veracruzanas, maestros y alumnos se han visto influidos por el terror que se origina por la presencia de actos delincuenciales, como marcos cotidianos entre la colectividad... Pregunten a los maestros y padres de familia en la región zongoliqueña y encontrarán cimientos a lo aquí sostenido.
 
Los hechos de violencia se deben atender en todos los marcos del colectivo social (también en las escuelas pero desde mucho tiempo atrás) porque los ejemplos virulentos se encuentran en las pantallas de la televisión, en las salas cinematográficas y, lamentablemente también invaden nuestras rancherías, nuestros pueblos y ciudades, incluso ha ingresado a nuestros templos y, apenas unos días atrás, fueron sacrificados sin defensa alguna varios pequeños, incluso recién nacidos, integrantes de la familia Le Barón... ¿O ya tan pronto se nos olvidó lo registrado en tierras norteñas?... ¿Y sobre tales infiernos nuestros niños escolares no saben nada?...
 
La violencia y obviamente los rangos de inseguridad, refirieron en los marcos de la colectividad en lo general y de medios de comunicación, la creciente ineficacia de varios sexenios de administraciones federales y estatales, así como innumerables trienios y ahora cuatrienios municipales...
 
Es en parte resultado de lo referido el que hoy gobierne una estructura, que por sus propios orígenes y su presente, ya no puede ser calificada como ajena a los escenarios que persisten dentro de los marcos de la Cuarta Transformación, que nunca podrán ser superados si se continua, no sólo con la misma ineficacia de inseguridad en torno a los centros educativos, sino en el marco de todo el contexto social.
 
El peor ejemplo que reciben los niños en materia de violencia se encuentra permanentemente frente a ellos, en las banquetas, en las calles, en las carreteras, en los centros comerciales, en los parques, en los templos, en los medios de comunicación, en las rancherías, en las costas y los valles, siempre frente a los menores siguen persistiendo actos de barbarie que por doquiera se registran, escenarios de violencia que no sólo se suscitan en los sistemas cibernéticos del hogar, sino que constituye un panorama cotidiano que incita hacia la ilegalidad, en los marcos de una sociedad que se contextualiza en la escasez de oportunidades para el desarrollo personal, al que se agrega ineficacia tanto en la formación de las nuevas generaciones, como en la administración de justicia y la falta de oportunidades para desarrollo y bienestar en lo general de la población.
 
Cierto, no es una acción incorrecta las recomendaciones del sector educativo para que los padres de familia participen en la correcta formación de sus hijos, pero ello no constituye el factor fundamental que origina escenarios delincuenciales en el país, dado que las evaluaciones sobre el tema, apuntan que las fallas sobresalientes son estructurales y la inexistencia de una correcta administración de justicia, no sólo desde el punto de vista policiaco y judicial, sino también en el marco social y económico en lo general, porque sin bienestar no puede esperarse un ámbito de tranquilidad y respeto mutuo.
 
Es verdad que la educación y la formación en el seno del hogar es significativo para la cimentación de un mejor país, pero tales valores nunca resultarán suficientes si persiste el abuso de los unos contra los otros, si los fines fundamentales de la democracia es maquillada con simulaciones, si el crimen y el castigo van de la mano como resultado de la colusión de los unos con los otros, si la pobreza invade y frustra a millones que trabajan con honradez y esperanza de mejorar la situación.
 
En fin... La violencia escolar no surge porque en los hogares se motive, sino que existe porque se encuentra encadenada como fomentada, tanto por hechos negativos del pasado como del presente, que se consolida y manifiesta ante la menor chispa de frustración, realidad que priva en el entorno de todo el colectivo social que atraviese por panoramas semejantes, y, por lo mismo, sabemos de su lastimoso estruendo día tras día... Esa es la realidad y sobre ella se deben reflejar las respuestas para superar la tormenta que nos agobia... Ahí la dejamos.

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