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Columnas y artículos de opinión

¿Es el destino?

Por: Luciano Blanco González

31/01/2020

alcalorpolitico.com

Vivimos rutinariamente en el equívoco deseo de que quisiéramos que las cosas sucedan tal y como nosotros las deseamos, desafortunadamente a nuestras pretensiones se atraviesa la indeseable fatalidad del destino, que nos castiga haciendo que las cosas resulten diferentes por factores diversos, la mayoría de las veces ajenos a nuestra voluntad.
 
Así, imaginémonos cuánta frustración y desánimo debe de campear en el espíritu valiente de nuestro presidente, que vive en la obsesión de extirpar de raíz a la corrupción desde su negra y maligna cepa que contamina y envenena a la administración pública.
 
Parece inútil y de nada vale su gran esfuerzo que hace todos los días por sembrar la moralización entre todos sus colaboradores del nivel que sean, a estos pareciera que el Presidente predica en el desierto pues la corrupción continúa asomándose y lo admirable es que tenga que aceptarla.
 
No se explica de otra manera la colusión de más de diez funcionarios públicos para permitir la evasión de reos del más alto nivel económico y peligrosidad, ocurrida ayer en el Reclusorio Sur de la ciudad de México.
 
No fue torpeza, ni ineptitud el motivo por el que se dieron tantas facilidades para la preparación y ejecución de la fuga, fueron los corruptores y ansiados sobornos cuya magnitud es incalculable, de tal nivel que el monto de la cuantía indujo a los inmiscuidos a exponer su vida, su libertad y su familia para permitir la evasión.
 
Es posible que mandos superiores estuvieran al tanto de lo que ocurrió, inclusive que ellos mismos lo hubieran preparado, pues de antemano no ignoraban la clase de fichas que tienen en las celdas, y su función es estar al pendiente de todos los movimientos que ahí se realizan, estas cloacas modernas están dotadas de todas las medidas de seguridad y burlarlas equivale a un conocimiento estricto de todos los movimientos y, al igual que en Almoloya, se quiso hacer aparecer que nadie sabía nada, aquí se repite la peliculesca historia del "Chapo" Guzmán, (que también estaba bajo proceso de extradición) con distintos escenarios y actores, pero todo en el miserable marco de la corrupción.
 
Es temerario pensarlo, pero por las circunstancias, al tratarse de la misma actividad del narcotráfico, el paisanaje, la amistad y la familia, podríamos imaginar que aunque este gobierno no pacta con delincuentes, en este caso, se esté tratando del cumplimiento de compromisos con el mismísimo Ovidio Guzmán, quien seguramente exigió la libertad de estos asociados presos, a cambio de devolverle la seguridad a Culiacán y la vida a los rehenes que en gran numero tenían en aquel momento y en aquel trágico día.
 
Todo se sabrá a detalle, creemos que nadie los ve, ni los oye, cuando planean y cuando maquinan el operativo de escape, pero no duden que pronto saldrán al aire grabaciones y videos de los embozados espías norteamericanos que los hay por donde quiera, hay que imaginarse los brindis y la fiesta por una derrota más al Estado Mexicano que debe de estar haciendo el otro estado, el de los jefes, el de los triunfadores de los que verdaderamente mandan.
 
Mientras, en nosotros, al igual que en el del señor presidente, el ánimo es de desaliento, porque cuando no son los magistrados quienes los amparan y los exoneran, es el maldito dinero quien les abre las puertas para que sigan gozando de la libertad y de sus enormes fortunas, amasadas en la violencia y en la ilegalidad y para que sigan sembrando la zozobra y continúen ensangrentando los hogares de la sufrida familia mexicana, cuyos miles y cientos de miles viven en el sufrimiento, en un eterno funeral por sus muertos y desaparecidos.
 
Esto no cambia, nadie aprende, los funcionarios tienen las mismas mañas y prácticas que tanto criticaron del pasado, aunque ahora las autoridades se desgañiten amenazantes de que en este caso se va a investigar (que nos digan cuando no se investiga, para saber) y se va a llegar hasta las últimas consecuencias (que nos digan también en qué casos disponen que no se llegue hasta las últimas consecuencias) sumidas en un show frenético, montan escenarios novelescos para que nos entretengamos, y para convencer a la opinión pública hacen como si verdaderamente estuvieran buscando, creen que nos engañan, pero realmente nos están mostrando su visible y lamentable ineficiencia.
 
Qué nos pasa, acaso estamos condenados por el destino a vivir eternamente en la desconfianza hacia los servidores que, deshonestos, pululan en la función pública, atentos a consignas y a mandatos deshonestos con tal de enriquecerse y ante quienes resulta inútil el ruego o la amenaza para inducirlos u obligarlos a cumplir sus deberes y obligaciones o a ejercer sus facultades con prístina honestidad.
 
Hemos dicho que el Señor Presidente se cuida demasiado para pasar a la historia con una imagen similar a la de Juárez, distinguido como un gran patriota, y pensar que para proteger a los millones de mexicanos que viven y trabajan en los Estados Unidos, y para que estos abran sus mercados a los productos mexicanos que tanto empleo y trabajo nos proporcionan, ha tenido que hacer muchas concesiones que parecen vergonzantes como las medidas para contener la migración de centroamericanos hacia aquel país.
 
Pero él solo está poniendo orden y le tocó el cruel momento de tener que entenderse con un tirano sin escrúpulos como Donald Trump, seguramente nunca, jamás pensó Andrés Manuel en que sus fuerzas de paz conformadas por La Guardia Nacional detuvieran con lujo de violencia a padres de su familia llorando frente a sus hijos, suplicando que no los detengan, que no los arrastren hasta las patrullas de migración, que no los encierren en campamentos insalubres, sin libertades para poder salir a lo más mínimo.
 
El Presidente no quería eso, recordemos que en un principio abrió las puertas de la frontera sur y permitió el libre tránsito de centroamericanos hasta llegar al abuso, hoy sacrificando sus ideales se ve obligado a hacer todo lo contrario, pero por qué se presenta ahora la crítica, si siempre ha sido igual, siempre se había detenido a los migrantes, siempre se les había explotado con los polleros, siempre se les había tratado mal, se les había regresado, eran presa fácil del crimen organizado que los reclutaba para sus bandas.
 
Si así se hizo en tiempos de Felipe Calderón y con Peña, por qué no con López Obrador, por qué se vienen en avalancha y en grandes caravanas, ¿Por qué? porque también allá se ha difundido la idea de los primeros días de este gobierno que fueron de apapacho y de complacencia, pero el fatal destino lo cambia todo y ahora la actitud del gobierno mexicano es de contención, persecución y rechazo.
 
Seguimos con las malas jugadas que nos juega el destino, nos los dijo la licenciada Verónica Hernández, Fiscal General de nuestro Estado en el recinto legislativo, “uno no escoge a la familia” y debió de agregar que además buena o mala tiene uno que aceptarlo, así sea en contra de nuestros más arraigados principios morales, religiosos, sociales, éticos o de la índole que sea.
 
El remedio no es sacarse la sangre o cambiarse de nombre y apellidos, tampoco eludirlos o rechazarlos, quizás el único camino que nos quede sea la resignación o la tolerancia, aunque tengamos que aguantarnos el coraje o la vergüenza.
 
No quiero pensar en el drama interno por el que debe de atravesar nuestro presidente López Obrador, a quien conocemos como un hombre sencillo, orgulloso de la nación y de su gente, que rechaza el lujo, la opulencia y el mundo banal y vacio del frívolo Jet Set, en síntesis, odia el glamour de la gran sociedad que gusta figurar en las páginas de las grandes revistas sociales y que por su estilo los califica de “fifís”.
 
Qué desencanto debe de sufrir, cuando sus queridos y respetados hijos, sin la más mínima consideración a los principios que apostola su progenitor, se pasean en ese mundo de placeres y desdeñan lo nuestro con sus preferencias de divas de otros países, qué sublime noticia de que ya es abuelo y qué contradictorios sentimientos se le deben de haber agolpado en su corazón y en su conciencia nacionalista cuando supo que su nieto había nacido en una clínica de los Estados Unidos, en Houston Texas.
 
Pero volvamos a la fatalidad, no sé de nadie que en los tiempos presentes tenga la facultad de escoger las mujeres o los maridos de sus hijos, y menos que a estas alturas les quiera o les pueda imponer modelos de conducta a su gusto y manera, por eso son admirables todas las personas tolerantes que respetan el status personal de sangre, simpatías, preferencias y todos aquellos derechos y costumbres que configuran la sagrada libertad de los demás.
 
Finalmente, tengamos fe de que el destino manifiesto de México es promisorio como se anuncio en el Anáhuac, allá en los lejanos tiempos de la fundación de la Gran Tenochtitlán, creceremos a pesar de las adversidades temporales que los agoreros de la desgracia diseminan malignamente para perturbar y obligarnos a abdicar en nuestra fe y confianza en un cambio altamente positivo que vivimos, aunque aún no lo comprendamos. Por el bien de la causa.
 
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