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Columnas y artículos de opinión

Muchedumbres enardecidas

Causas y efectos

Por: Alfredo Ríos Hernández

11/02/2020

alcalorpolitico.com

*Debilitada toda confianza
*Obscurantismo inquisidor
*Cuasimodo de Víctor Hugo
 
Con marcada recurrencia en éstas, nuestras tierras veracruzanas, así como en diversos puntos del vasto territorio nacional, se escuchan murmullos que luego se transforman en escandalosas expresiones, que no son sino referencias de enervada rebeldía y notoria furia contra leyes e instituciones, marcos bajo los cuales se escenifican la conformación de muchedumbres enardecidas, exhibiendo conglomerados cegados por la ira, como los que el escritor sin par de origen francés, Don Víctor Hugo, describió en el inmenso texto identificado como “El Jorobado de París”, cuando las muchedumbres procedían al linchamiento de la bella doncella Esmeralda, la única esperanza de vida y alegría del “Quasimodo”, el contrahecho campanero de la catedral parisina de Notre-Dame...
 
¿Cuántos “Quasimodo” con lágrimas en los ojos habrán existido en los últimos tiempos en tierras veracruzanas -así como en otros puntos del territorio mexicano- ante los secuestros, raptos y linchamientos que se registran sobre el territorio nacional?...
 
Y es que no de ahora “sino ya desde andenantes” las rancherías, los pueblos serranos, e incluso en las metrópolis mexicanas, se refieren escenarios de linchamientos y, no sólo los verbales dirigidos contra figuras públicas, sino paralelamente a ello, los ejecutados o a punto de proceder físicamente contra supuestos “roba-chicos”, secuestradores, asaltantes, extorsionadores, violadores, todos “supuestos” porque en los escenarios de la furia, los alegatos de la defensa no tienen vigencia, en tanto que la enervación existente por tanta acto delincuencial, carcome y desgasta los niveles de confianza que deberían de privar entre la colectividad y sus autoridades.
 
Y es que ya es recurrente que se apliquen distintas modalidades de la “ley del garrote” en congregaciones, pueblos y colonias populares del territorio nacional, en donde “aparentes sospechosos” son acusados al estilo de la narración en el “jorobado de París”, de acciones o delitos que supuestamente cometieron, linchamientos que en algunos casos se han consumado, como los registrados hace algunos meses en la región veracruzana de las grandes montañas, precisamente en los espacios de la sierra zongoliqueña, hecho en el cual “aparentes secuestradores” fueron linchados, como resultado de que “la voz del pueblo también es la voz de Dios”.
 
Y el origen de tales sentencias sumarias persisten desde siglos remotos hasta nuestros días, porque de manera tenebrosa los nuevos emperadores, para no llamarles alcaldes, gobernadores o ejecutivos del País, ante las marcadas referencias de inconsistencia en sus ámbitos para la administración de justicia (de real justicia) surgen las hordas ya referidas por el escritor francés Víctor Hugo, para sentenciar de muerte y proceder a la inmediata ejecución de quien consideren pecador, ya no como justicieros, sino como verdugos dirigido por la mano de Dios.
 
Y en la sierra de Zongolica ubicada en la región central veracruzana, hace unos meses se escenificaron actos de linchamientos en contra de supuestos delincuentes que supuestamente “amenazaban esa región”, situación que tiempo atrás y recientemente se ha registrado en otros puntos de Veracruz y del país, sin llegar en la mayoría a la consumación en lo referente a la ejecución, pera la idea de reactivar la supuesta administración por la propia mano de la comunidad, sigue extendiéndose por los diferentes rumbos y senderos de tierras mexicanas, con todo y el riesgo que ello representa, en tanto que podría originar la angustiosa muerte de inocentes, paralelamente a que el linchamiento nos convierte en verdugos irreflexivos, semejantes a los ejecutores de torturas y muertes en el obscurantismo de los tiempos inquisitoriales.
 
Una tarde de apenas el pasado fin de semana, en el Fraccionamiento Las Brisas del Puerto de Veracruz, un supuesto asaltante fue amarrado y golpeado por habitantes de esa zona habitacional, al tiempo de aparentemente disponerse a consumar el linchamiento, escenario que fue interrumpido por elementos de seguridad, lo que evitó que el proceso se consumara en su totalidad... Hechos similares persisten en diversas regiones de las tierras veracruzanas, lo que se acredita en opinión de abogados veracruzanos, a los reflejos de ineficacia de los cuerpos de seguridad y de los ámbitos para la administración correcta de la justicia, escenario que, lamentablemente se acredita, frente a una entidad cuyas estadísticas criminales son de las más preocupantes en todo el país.
 
Y en esos círculos de rangos delincuenciales indescriptibles (ejecuciones, extorciones, levantones, secuestros, robos, asaltos) se han generado un listado doloroso de víctimas irremediables, pérdidas de vidas incluso de niños y madres, cuyas estadísticas dejan una estela de duelo e ineficacia, que fortalece las argumentaciones trágicas que original en gran medida las causas y los efectos del derrumbe productivo, económico y socio-político, que en la última década ha impactado negativamente a la economía en lo general en tierras del danzón y la bamba.
 
Transitamos en ámbitos jarochos desde hace un año y prácticamente dos meses por los senderos de la Cuarta Transformación, días que pareciera (por lo que se aprecia) que no han resultado suficientes para abandonar el círculo del huracán, tormenta socioeconómica que se originó por la violencia, el desempleo y salarios castigados, el saqueo de recursos públicos, el desaseo en la investigación de crímenes y en la administración de justicia, así como la ineficacia tanto en actividades productivas como en senderos policiacos y de seguridad en lo general.
 
En concreto, bien se podría referir que el crimen y el castigo no cuadra en los escenarios del país que creamos los mexicanos, efectos de que nos equivocamos en la construcción y resistencia de los pilares morales y de ámbitos materiales, que debimos de haber cimentado en mejor forma desde sus orígenes, fortaleciendo espacios en los que erróneamente tomamos como bufones dantescos a personajes limpios de espíritu, así como esforzados en metas y valores como refería el autor al deforme pero honorable Quasimodo, campanero de la Notre Dame de París, al tiempo que a la inmaculada Dulcinea la conducimos al cadalso de los condenados, referencias de una sociedad forjada en amplios sectores, con marcado desgaste en los reales valores que permitan tanto arriba como abajo, cimentar con solidez los pilares para que el colectivo social alcance, por su propio peso moral y responsabilidad social, impulsar y fortalecer un país de real tranquilidad y desarrollo integral.
 
Todo acto delincuencial es resultado tanto por los desequilibrios socioeconómicos y culturales, como por conductas antisociales, producto de frustraciones, que inducen hacia “la agresión al estado de cosas” que circundan al potencial delincuente, como lo es la ambición desmedida y “la felicidad de los de enfrente ante la amargura de mi interior”. Por ello se sostiene que el problema delincuencial, por sus orígenes (al margen del tema policiaco y judicial en referencia al crimen y al castigo) debe ser atendido tanto con puntos de vista psicológicos, como desde la perspectiva de rangos socio-económicos y obviamente en los espacios de la Ley.
 
Todos los continentes (no sólo nuestro país) atraviesan o han transitado o transitaran por índices de elevada actividad delincuencial, ejemplo de ello son las múltiples mafias con posturas y estilos diversos, que han operado u operan incluso en países considerados como de elevado rango militar y sociopolítico, cerca, muy “a la mano, tenemos las historias sobre tales rangos de Cuba y Estados Unidos, por lo que no se vocifere dentro o fuera del territorio nacional mexicano, que representamos un país de bandoleros, porque las historias en el exterior sobre tales ámbitos “también tienen lo suyo”.
 
Pero dicen que por las diferencias financieras, si a los del país norteño les da gripe, a nosotros seguro que se nos dictaminan pulmonía, así las cosas, apegado a realidades, lo urgente en México es frenar el clima de violencia que nos sacude y, lo que se debe entender que no podría aliviarse con linchamientos, porque ello sería de alguna forma “más de lo mismo”.
 
Los tiempos de justicieros en las historietas ya pasaron, hoy los “Enmascarados de Plata” y los “Látigos Negros” deben quedarse en la imaginación de sus seguidores, pero de la misma forma, los “Súper-Manes” y los “Batman” deberán mantenerse en la imaginación y en las pantallas, pero no así los ejemplos de los relatos novelescos en los entornos de Nuestra Señora de París, porque la referencia del inmortal escritor Víctor Hugo, apunta sobre escenarios de eterna vigencia, que refieren los elevados yerros legales y riesgos sobre deshumanización, al vejar incluso al desposeído de sus facultades físicas, al tiempo de culpar a la indefensa y bella mujer, por no ceder a los insaciables instintos de los poderosos.
 
Por ello el linchamiento está proscrito, todo en la búsqueda de castigar con base a la justicia y exonerar de acuerdo a las circunstancias que legalmente el caso lo acredite, por y para ello existen cuerpos de seguridad y tribunales, pero pareciera que en ésos ámbitos podría repetirse un escrito semejante a la obra heredada para la humanidad por el inmortal Víctor Hugo: Nuestra Señora de París.

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