Ir a Menú

Ir a Contenido

Columnas y artículos de opinión

CFE: Fracaso transformista

Causas y efectos

Por: Alfredo Ríos Hernández

13/05/2020

alcalorpolitico.com

*Desempleo en el EEUU
*Bien la Suprema Corte
*Presupuesto partidista
 
Sin siquiera imaginarlo en lo más mínimo, consumidores de energía eléctrica, sobre todo quienes integran al sector laboral, se muestran tanto asombrados como a la vez aterrados, de la impresionante escalada de precios en productos de consumo cotidiano, escenarios que lastiman la ya precaria economía de la mayoría de los mexicanos, sin que se adviertan acciones claras y contundentes para frenar el abuso cotidiano que, por sus dimensiones y tolerancia, pareciera que constituyen escenarios de acuerdos soterrados entre mercaderes sin escrúpulos y autoridades del ramo contagiados de los mismo.
 
Pero cuando frente a tales incrementos con re-etiquetamientos ejecutados incluso “a la luz” del día, a más de que se efectúan a espaldas de los consumidores, quienes definitiva y claramente comprobado se encuentran en total y absoluto estado de indefensión, en tanto que las instrucciones en los marcos de la ya afamada y, a la vez, con tendencias hacia el desprestigio Cuarta Transformación, es que se incrementen los ingresos de la federación, en tanto que se encuentran al punto de colapso por el derrumbe en materia petrolera y los desplomes en materia industrial y comercial en lo general, agregando a ello los costos multimillonarios que exigen la atención de una pandemia, que tomó por sorpresa a una ya endémica economía mexicana.
 
Porque los efectos de un derrumbe económico al interior de nuestro país, ya había sido vislumbrado y advertido no sólo por los especialistas en el tema, ajenos a las actuales tendencias de la administración federales, ejemplo de ello es que el crecimiento económico, mucho antes de la debacle petrolera, refería índices que presagiaban colapso, perspectiva que asumió mayores dimensiones al invadirnos la pandemia del Covid-19, misma que en otros países origina estragos financieros pero que en México, por la precariedad e ineficacia de los problemas gubernamentales, tanto de nuevo cuño como de perniciosas herencias del pasado, se transforman en acelerados sacudimientos que causan estragos significativos en la economía nacional.
 
Por ello en días actuales no es distante de la realidad el señalar que afrontamos de ya tres pandemias: La del coronavirus, la de la carestía, la del desempleo, la del quebranto económico y la de manotazos oficialistas al interior de empresas paraestatales, como la de la Comisión Federal de Electricidad, para que de inmediato se manipule perversamente el programa de cobranzas y facturación, para arrebatarles a los consumidores de la clase media prácticamente el doble de lo que se facturaba en pasadas administraciones, con la idea de rescatar de la quiebra a diversas ramas de la administración pública del país.
 
Y que no se diga que tales medidas son “por la emergencia del coronavirus” porque en muchos de los casos los consumidores observaron desde semanas atrás que los montos por el consumo de energía eléctrica en casas particulares, registraban variaciones hacia la alza, hasta que ahora en días de mayo “Mes de las Madres” los administradores federales decidieron obsequiar a las madres y sus familias con un incremento que, en algunos casos, representó cobros por más del doble de lo consumieron en el transcurrir de años anteriores.
 
La medida altamente dañina para la economía de las familias mexicanas, insisto, en especial para la clase que conforma la mayoría de la mano de obra disponible en éste país, origina comentarios con tonalidades de enojo y descalificación, hacia los estilos que ha impuesto la administración pública auto-identificada como de “La Cuarta Transformación”, ámbitos que incuestionablemente registraran un costo político y que, a más de ello, podría dar curso a niveles de desencanto incluso entre muchos que refirieron en las urnas electorales sus simpatías y sus sufragios en beneficio de quienes, en la actualidad, dan curso a medidas para que sin aviso, explicación o justificación válida, sea duramente castigado en su capacidad de compra ante incrementos que nadie ni nada podría acreditarle justificación, que no sea la administración errática e ineficaz que con frecuencia se practica en los círculos de la administración pública y, ya se ve que de lo mismo se cojea en los tiempos de una muy difundida transformación... Ahí la dejamos.
 
LO QUE SE LEE
 
Que en las tierras del gran vecino del Norte las evaluaciones registran (por el momento) que aproximadamente una cifra de 34 millones de personas perdieron su empleo, como resultado de los efectos del coronavirus, escenarios que por la extensión de Estados Unidos y su significativa densidad de habitantes, hace sentir que ni con todo y su poderío financiero, ha logrado evitar afectaciones tanto contra la vida, como contra la economía, referencias negativas de inimaginables alcances que, meses atrás, nadie podría haber sostenido como probable.
 
El hecho registrado en tierras norteamericanas, por sí mismo constituye una especie de alerta de elevada emergencia para sus vecinos, nosotros los mexicanos, renglones en los cuales el Gobierno de la República, así como de los Estados y los Municipios, deben buscar las vías para evitar el encarecimiento excesivo, incluyéndose hacia sí mismos, en lugar de aplicar incrementos como los que se registran en los recibos de energía eléctrica.
 
LO QUE SE VE
 
En cierta forma la determinación de la Suprema Corte de Justicia de la Nación dictaminando “que no es válida la aprobación en el Estado de Baja California (ni en cualquier otra Entidad) la ampliación del mandato del actual Gobernador de esa entidad” en tanto que el Congreso de esas tierras peninsulares habían aprobado tal escenario... El hecho deja sin posibilidad que en el país se cometiera una aberración que atentaría contra el concepto supremo enmarcado en la lucha revolucionaria, que refiere con claridad “El sufragio efectivo y la no reelección”.
 
Bien por la corte suprema que alienta a todos los demócratas anti-reeleccionistas de éste nuestro país y, la verdad, sería saludable que en el Palacio Nacional Mexicano se escucharan fanfarrias en favor de la vida democrática en nuestras tierras.
 
LO QUE SE OYE
 
Incuestionablemente se debe intentar y lograr que, en todo el territorio nacional, los partidos políticos dejen de ser subsidiados prácticamente en su totalidad por el pueblo de México, porque tales escenarios han permitido que muchos miles de mexicanos, de hecho vivan sin hacer gran cosa subvencionados por los partidos políticos, todo ello a cargo del dinero del pueblo mexicano.
 
Los hechos nos han reflejado de manera invariable, que muchos son “los políticos” (de todos los partidos políticos) que se pasan incluso décadas sufragados por recursos partidistas, mismo que en lugar de ser aplicados para construir escuelas, caminos u hospitales, se destinan a los “eternos grillos” de la vida partidista mexicana... Debemos saludar “con buenos ojos e intenciones” el que de una vez por todas, en materia de partidos políticos el que quiera “amarillo, rojo, anaranjado o azul celeste... ¡Que le cueste!”... Y no que los gastos van a cuenta del pueblo de México.

Columnas recientes