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Columnas y artículos de opinión

El gato revolcado

Causas y efectos

Por: Alfredo Ríos Hernández

14/05/2020

alcalorpolitico.com

*Manipulan y explotan
*Los juegos perversos
*Colusión e incompetencia
 
Mal podría resultar para el México actual y del futuro inmediato, si se prosigue insistiendo, tal y como ya se aprecia en los ámbitos cotidianos, que ante claros intentos para distraer la atención de la ciudadanía y, al mismo tiempo, evitar que la colectividad pudiera centrarse en temas de mayor trascendencia y seriedad, tanto los unos (los de la Transformación) como los otros (los Neoliberales) persistan en la exposición de tesis ya gastadas y sin crédito alguno, salvo entre aquellos que conforman grupos manipulados por élites de poder, porque en estricto apego a la realidad, lo últimamente registrado constituye la reconfirmación que siempre la historia se repite, o más bien, los protagónicos de la actualidad rinden honor a sus antepasados refiriendo escenarios similares al pasado, pero adaptados para encuadrarlos en los ámbitos de la historia actual, tanto así que ya son muchos que al clásico estilo campirano acreditan al panorama de nuestros días como “el mismo gato, pero revolcado”.
 
Reforzando lo descrito se podría sostener en contextos más comunes entre las expresiones de los mexicanos, concluyéndose que al final del día, contemplamos diferentes escenografías, distintos personajes, “novedosas tonaditas”, gestos y posturas, pero irremediablemente seguimos presenciando “más de lo mismo”, en lo relacionado con asuntos de sobresaliente importancia que, de ser atendidos con inmediatez y eficacia, como lo requería el elevado, cruel y angustiante índice delincuencia, el país sería otro e indudablemente el Gobierno también, pero la emergencia por la violencia no sólo persiste sino que los elevados índices de criminalidad se han incrementado, escenarios que ahora motivan mayores emergencias que en el pasado y que, paralelamente a ello, han ampliado los rangos de dolor, de angustia, desesperación e incluso desesperanza e ira, entre amplios núcleos de población de norte a sur del país, con muy afortunadas y escasas excepciones.
 
Los incuestionables y aterradores niveles de violencia que, en el transcurrir de los últimos quince años se ha convertido en el primerísimo reclamo de la sociedad hacia sus autoridades, se podrían referir conclusiones claramente definidas entre la ciudadanía, como lo son los conceptos de “colusión e incompetencia” que privan en algunos ámbitos de la administración de justicia, escenarios policiacos y fiscales que deberían reiniciar su actividad con la selección del apropiado personal, así como ámbitos de capacitación rigurosa y efectiva, escenarios que incuestionablemente favorecerían los procedimientos de seguridad con mayor número de aciertos dentro de la Ley, fortaleciendo con ello los espacios de tranquilidad y desarrollo integral que las tierras veracruzanas y el país requieren con inaplazable urgencia, porque si las autoridades actuales no han detectado con claridad y marcada notoriedad, que la pandemia delincuencial “desde andenantes” nos había obligado a transitar por una etapa de preocupación y encierro tempranero, entonces, bien valdría preguntar al igual que lo harían los cuenqueños: “¿Pues en qué momento te me perdiste paisano?”
 
Se debe entender con toda claridad que nada provechoso habrá de resultar, el que en las redes sociales y algunos medios de información, persistan e incluso se incrementen “los juegos perversos” que se generan un día sí y el otro también, para que “la rispidez” entre personajes de la vida pública mexicana, como Porfirio Muñoz Ledo, Felipe Calderón Hinojosa, Enrique Peña Nieto y el propio presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador (junto con muchos más) sean periódicamente colocados en los rines de la fricción, la patada y el cocotazo, originando con ello descalabros pero más que en su contra, en contra de toda la colectividad mexicana.
 
De tales confrontaciones en las cúpulas del poder, que se intuye son estimuladas e imitadas como remedos de Maquiavelo, lo único que se obtendrán son pisotones, empujones, golpes en la espinilla y, obviamente el desenmascaramiento de los unos y los otros, pero absolutamente no habrá ninguna aportación positiva para el país, si para ello no se tranquilizan las partes (“sereno moreno”) y se intenta no descalificar, sino sugerir; no enjuiciar, sino comprender; no agredir, sino tolerar; no restar, sino sumar; no soltar el manotazo, sino extender la mano; no silenciar, sino escuchar...
 
Sumando a todo lo anterior que ante el conflicto socioeconómico por el que transita México, lo sobresaliente es encontrar niveles de solidaria unidad, que nos permitan expulsar del país las pandemias del coronavirus; de la ambición desmedida que raya en la deshonestidad; de la ineficacia en lo general; del crecimiento de la pobreza y la criminalidad; de la improductividad y la ineficacia que por décadas ha privado en programas para el desarrollo integral.
 
El pueblo mexicano se encuentra notoriamente agotado de los abusos registrados en innumerables áreas tanto del sector público, como de los ámbitos privados, no todos pero sí numerosos funcionarios públicos y empresarios privados, han sido actores centrales de acciones que han lastimado la economía y primordialmente originando graves daños en contra de los más débiles, precisamente los que menos tienen y los que, de manera notoria, de siempre han confiado en sus autoridades, en su pueblo y en su país en lo general.
 
Tales escenarios son los que originaron el referido “cambio de rumbo” en ámbitos presidenciales, pero los tiempos pareciera que siguen en contra, ahora abarcando también (como ya ha sucedido en otras épocas) al sector empresarial...
 
Cierto, registramos una crisis económica generalizada, pero la oportunidad real para afrontarla con éxito es que se dejen a un lado manipulaciones y confrontaciones internas, para sumar esfuerzos y coordinar, mancomunadamente, los diversos programas que nos permitan rescatar lo que estamos perdiendo, al tiempo de sembrar esperanza y optimismo para que la voluntad ciudadana se haga presente, sin distinción de rangos, sumando esfuerzos y aportaciones reales que detengan la caída del país, porque en días actuales, todos tenemos claro que mañana la situación podría amanecer peor que hoy.
 
La historia referirá con el transcurrir del tiempo, si el México de hoy logró superar con eficaz ritmo una de las etapas más complejas, realmente complicadas, por las que están transitando las generaciones de nuestros días... Ahí la dejamos.

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