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Columnas y artículos de opinión

El modelo de AMLO

Por: Luciano Blanco González

22/05/2020

alcalorpolitico.com

La evolución social y política que está viviendo el mundo, particularmente México bajo especiales y particulares signos. Nos ubican en una ruta del desarrollo solo comparable al que han experimentado los países que han vivido las grandes revoluciones que han transformado sus economías y su administración para brindar a las mayorías pobres satisfactores mínimos de subsistencia, sin importar que la riqueza que se reparte empobrezca también sus propias fuentes, normalmente provenientes de la explotación del hombre por el hombre, de la corrupción y algunas veces de la misma sangre y sudor del sufrido pueblo.
 
Con esa filosofía del desarrollo ubicada por los estudiosos, algunos como socialista y otros como populismo, se han hundido economías otrora poderosas como Cuba que en el auge del vicio, de la prostitución el militarismos y la corrupción se colocó en la década de los 50 del siglo pasado como un paraíso turístico en que la diversión y toda clase de vicios era el centro preferido de los potentados norteamericanos y europeos que iban a gastar millones de dólares en hoteles y restaurantes, acaparados por unos cuantos a costa de la miseria y de la ignorancia de millones de cubanos.
 
Llegó Fidel castro con la revolución, expropió hoteles y restaurantes, fábricas, ingenios y todos los medios de producción incluyendo la tierra y mediante un sistema de opresión y de supresión de libertades impuso un socialismo que empobreció al Estado Cubano pero enriqueció a su pueblo dotándolo de un sistema educativo gratuito a todos los niveles, envidia de Latinoamérica en donde no hay un solo analfabeta. Un sistema de salud que privilegia la prevención de las enfermedades y en donde encontramos una población saludable que trabaja y apoya su revolución confiada en que, si se enferman, su gobierno les proporcionará gratuitamente atención médica del nivel que sea y las medicinas necesarias para curarse, ello les ha permitido que cuenten con un potencial deportivo único en el mundo.
 
Cuba le puede presumir a cualquier país que en su territorio sus pobladores desayunan, comen y cenan, no precisamente los manjares o los platillos gourmet a los que la sociedad privilegiada de occidente está acostumbrada, pero la carne y todos los alimentos están racionados de tal manera que la comida no se tire ni se desperdicie, la leche solo es para los ancianos y para los niños que la necesitan para su desarrollo y conservación física.
 
Es mentira que en Cuba no haya Whisky, ni coca cola, la isla tiene verdaderos paraísos para los extranjeros principalmente en Varadero, en Los Cayos y en los grandes y lujosos hoteles de la Habana con grandes y caros espectáculos en sus centros nocturnos. El Tropicana, la Bodeguita el medio, El Floridita subsisten, son los lugares preferidos de los europeos, de los gringos, de nosotros los mexicanos y de los latinos.
 
Pero para su población, el celular, la televisión, la tablet, los cosméticos, la ropa y accesorios de marca, el automóvil, el yate, la motocicleta, los abrigos, las joyas, la casa de campo y todo lo que se llaman lujos son inexistentes, así como toda clase de lujos y privilegios. Los zapatos y la ropa se distribuyen cada año por el Estado conforme a sus necesidades, pero nadie anda desnudo o andrajoso.
 
Quien se quiera salir de la isla puede hacerlo pero de inmediato sus bienes pasan a ser propiedad del gobierno quien los asigna a los que lo necesiten, en materia de comunicaciones el periódico y la televisión solamente existen los oficiales. El aeropuerto José Martí, ubicado en La Habana es el principal, mucho más pequeño que el Heriberto Jara de Veracruz, con una infraestructura tan antigua que el movimiento de equipajes es manual y sus góndolas y rampas están tan deterioradas e infuncionales que a veces hay que esperar horas.
 
El fulgor de la riqueza de aquel pujante país de los años 50, contrasta con su enorme atraso tecnológico e industrial actual, pero impacta grandemente su desarrollo social, dirigido y manipulado desde la cúpula del Partido Comunista Cubano, partido único que para guardar las apariencias democráticas, inscribe en sus boletas electorales únicamente a quienes sus líderes deciden que participen para los puestos de elección popular y a nadie más, menos si puede presentar un peligro para su estabilidad.
 
No tenemos parámetros para medir la felicidad o la desgracia de aquel país, no sabemos si ésta consista en el bienestar que parece disfrutar, lo cierto es que viven en un régimen de vida que se implantó hace más de 60 años y las nuevas generaciones tienen una idea remota del modernismo precisamente por la falta de comunicación, quizás su apreciación de la vida sea como la de una familia común que en medio de su pobreza cree ser feliz, o a pesar de todo se siente feliz.
 
Pero este régimen para cimentarse, enterró en los panteones a todos los inconformes que fusiló masivamente en los paredones o los refundió en las mazmorras de castigo, los pudientes volaron a refugiarse en Miami desde donde todavía hacen escándalo así lograron que en su interior se acallaran todas las voces, así se implantó la nueva libertad y la nueva democracia cubana que para nosotros sería una auténtica dictadura.
 
Un caso parecido es el de Venezuela, país que en tiempos recientes parecía al mundo occidental, progresista y desarrollado como ninguno en América Latina, sus gobiernos en medio de una corrupción rampante nadaban en la riqueza proveniente de los grandes yacimientos petrolíferos, al lado de un pueblo mayoritariamente marginado e inconforme por la manera en que se disfrutaba de la riqueza nacional.
 
Bastó con que llegara el general Hugo Chávez como Presidente y proclamara su Revolución Bolivariana para que, con su generosidad populista y su acendrado odio al capitalismo norteamericano, al que erigió como el verdadero enemigo del pueblo, para que comenzara una serie de expropiaciones de grandes cadenas internacionales de comercio y de empresa para que se iniciara el desplome económico de la gran nación.
 
La persecución política que instauró Hugo Chávez en contra de los periodistas e intelectuales que se atrevieron a criticarlo, el ataque a los periódicos, el cierre de las televisoras, el exilio de gran parte de sus opositores, la fuga de capitales, la precipitada huida al extranjero por parte de los inversionistas, entronizó todas las baterías imperialistas en contra de aquel régimen que ahora se encuentra en la quiebra y tambaleante a pesar de la riqueza que posee.
 
En nuestro país, aun no entendemos el cambio y hay una mayoría que apoya al Presidente López Obrador para que lo implemente al precio que sea y que está dispuesta a sufrirlo y a disfrutar las consecuencias que sean, a pesar de que aparentemente estamos en el camino del progreso.
 
Pero ante la realidad, las frases que refieren y exaltan su progreso económico, carecen de valor y de sentido cuando en nuestro país millones y millones de mexicanos viven en situaciones de extrema y lamentable pobreza y sin posibilidades de poder abandonar su situación crítica por la falta de oportunidades, sin preparación, sin empleo, prisioneros de sus fanáticas creencias, debatiéndose con sus carencias y con sus vicios, caídos y sin poder levantarse.
 
Para ellos se entiende que se ha diseñado la política pública del bienestar, no como una estrategia clientelar, sino como una respuesta a la vieja deuda que tiene el Estado Mexicano con ellos, aunque se considere incorrecta y dispendiosa por la falta de correspondencia de quienes la reciben pues nada aportan a la economía de la nación y sí desgastan el tesoro público.
 
Andrés Manuel ha sido un eterno crítico del saqueo intenso que de por siempre se ha hecho del tesoro de la nación, está haciendo un gran esfuerzo que ante las circunstancias financieras internacionales parece inútil, pero su política energética para rescatar a Petróleos Mexicanos a la vuelta del tiempo pueden ser redituables, lástima que por ello tenga a todo el conglomerado especulativo en contra, porque se ven menguadas sus ansiedades insaciables de lucro y es lógico, las compañías petroleras extranjeras así como las de la energía eléctrica, dejarán de percibir miles y millones de dólares que ya tenían en la bolsa mediante contratos leoninos en perjuicio de la nación.
 
Igual en la materia minera, que colocó a varios mexicanos entre los hombres más ricos del mundo, a costa de la salud y de la vida de sus trabajadores, por eso en esta materia no ha otorgado más concesiones y se ha comprometido públicamente a no otorgar una más y no sería raro que pronto comenzara a cancelar parte de las existentes.
 
Estos rescates, aunados a los golpes acomodados a los empresarios nacionales en la decisión del aeropuerto de Texcoco, la cancelación de la fábrica cervecera con capital norteamericano en Baja California, son medidas que el común de los mexicanos debemos de comenzar a analizar con prudencia, no dejándonos arrastrar por los juicios demoledores de los críticos y de las organizaciones empresariales que afectados y dolidos lamentan e impugnan.
 
Pero sí hay que preocuparse porque, al parecer, se está vulnerando la Constitución General de la República y la política presidencial está golpeando los grandes intereses de los monopolios internacionales, por ello es posible que una avalancha poderosa de las potencias caiga sobre el país en defensa de sus connacionales y ello debilitara el programa y los propósitos de la transformación.
 
De antemano, para continuar gobernando con las buenas ideas del Presidente, para seguir apoyando a los pobres, para paliar su sufrimiento, será necesario que se haga una reconsideración satisfactoria para quienes tienen el dinero, tenemos que proteger y ayudar a los que ponen el dinero para ayudar a los desprotegidos, a fin de que sigan generando riqueza, de lo contrario terminaremos sin recursos para ayudar a los necesitados y, lo peor, llevarán a México a una situación de mayor pobreza, con un odio profundo entre ricos y pobres, a una lucha de clases cruel que nos hundirá.
 
Finalmente, todo el pueblo de México estará junto al Presidente López Obrador con la única condición de que se mantenga siempre apegado al marco constitucional, respetuoso de los derechos de todo el pueblo y puntual en el cumplimiento de sus obligaciones como gobernante, pendiente siempre de protegerlo y de garantizarle el uso, goce y disfrute de sus derechos, combatiendo los males que nos aquejan con la honradez propia que lo caracteriza pero también cuidando que sus colaboradores en el gobierno lo imiten y no se comporten como saqueadores o ineptos y que en su partido imponga orden impidiendo que desbarren con ocurrencias que al más pintado dejan perplejo por tantas sandeces que inventan y dicen, fundamentalmente porque son su espejo y deben de ser los más eficientes y transparentes colaboradores. Por el bien de la causa.
 
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