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Columnas y artículos de opinión

La cerrazón política puede dañar al presidente

Por: Luciano Blanco González

12/06/2020

alcalorpolitico.com

A los mexicanos no parece espantarnos el panorama macabro que nos asola, estamos tan acostumbrados a lidiar con la muerte que algunos la conciben como una eventualidad común, las estadísticas sobre la violencia y sobre los fallecidos por el Covid, parecen competir en nuestra imaginación y su resultado apacigua las inquietudes de ser víctimas posibles de la mala suerte de ser atacados por la delincuencia o de ser contagiados en un mal encuentro.
 
El anhelo de la calle nos impulsa hacia ella, también el hambre y la necesidad nos empujan a exponer la salud y la vida inspirándonos la disposición de hacerlo y de pagar el precio que sea con tal de lograrlo.
 
El querer abandonar el confinamiento no es una actitud de pobres o de ricos, es una disposición social de la humanidad, es un signo impulsivo de su naturaleza gregaria, siempre dispuesta a la convivencia que en su ánimo constituye una necesidad inmediata. Por eso no es raro ni nos debe de extrañar que tanto los empresarios como los trabajadores estén exigiendo que todas las actividades se reanuden.
 
El quédate en casa, se ha convertido ya, en un llamado similar a las ruidosas campanas de las iglesias llamando a misa, que va quien quiere ir, así haciendo oídos sordos al llamado oficial cada quien tomando o sin tomar las precauciones de rigor o sin tomarlas abandonan su aislamiento porque nadie está dispuesto a envejecer entre cuatro paredes, perdiendo su juventud, apestándose en su reclusión atacado por la claustrofobia y languideciendo de tristeza.
 
Por eso, aun con todo y el semáforo rojo elaborado desde el centro de la republica, en donde están aterrados por el repunte inacabable de la pandemia y cuyo efecto es el de paralizarnos por mucho tiempo.- porque esto no tiene para cuando terminar.- ante ello la invitación del Presidente a que salgamos del confinamiento con precaución, corresponde a una actitud positiva para que no nos deprimamos, a que no nos demos por vencidos, que no estemos derrotados, a que tomemos los riesgos con valentía y que nos levantemos de nuestra postración temerosa y timorata para enfrentar la deprimente realidad que nos agobia, nos anima con sus palabras a enfrentar el reto ante una situación cuyo final es desconocido.
 
El estadista, el hombre mejor informado del país no puede estar equivocado y su postura obedece a su preocupación por que nos reanimemos y que no nos devore la fatalidad, pues no podemos esperar sentados a que se descubra la medicina que nos cure o la vacuna que nos proteja del virus mientras la economía y el país se hunden por la perniciosa inactividad.
 
Lástima que sus críticos no lo entiendan y pretendan ver ligerezas en su conducta, creyendo que con ello expone a la población a mayores contagios, no quieren aceptar que conviviremos por mucho tiempo con la pandemia y que van a padecer los inconscientes que no han entendido que este no es solo problema del gobierno, sino de nosotros mismos, de todos, pero que no vamos a esperar que Gatell nos siga pintando un panorama color de rosa cuando sabemos que ya vivimos en un dantesco infierno.
 
Cada quien debe de tomar sus medidas para sobrevivir, por eso hay que reconocer a aquellos Gobernadores que ya han tomado sus propias medidas para echar a andar su población y han dicho 'a trabajar' activando la producción con sus empresarios, con cubrebocas, sí, haciendo pruebas masivas, sí, sanitizando, sí, tomando la temperatura, sí, aplicación de gel, sí, todo lo que sea necesario para prevenir los contagios, con planes y programas o protocolos específicos, sí, o a aquellos presidentes municipales que preservan a sus comunidades y ahora después de los acontecimientos violentos en contra de los abusos policiacos en Guadalajara, Ciudad de México y Xalapa una policía más respetuosa.
 
A propósito de Xalapa y los violentos actos vandálicos en contra de diversos negocios y edificios públicos, efectuados por un grupito de jóvenes que aviesamente rompieron la tranquilidad y pusieron en duda la gobernabilidad y el estado de derecho en Veracruz, que pretendían provocar.- según las declaraciones oficiales.- vale la pena preguntarse, ¿a quién pretendían provocar? ¿Quiénes son?, ¿Quién o quiénes los envían?, ¿Con que fines?, ¿Por qué no actuó la autoridad?
 
Al carecer de información oficial, si pretendiéramos especular sobre quienes eran esos jóvenes, que bien vestidos y bien organizados destruyeron todo lo que encontraron a su paso, actuaron como si lo hicieran a sabiendas de que nadie los iba a detener o a interferir de ninguna manera como si supieran que la policía tenía órdenes de no actuar o que no actuaría por miedo.
 
En la primera hipótesis si así fuera, por qué la policía tendría órdenes de no actuar y de quién serían esas órdenes, podrían ser de la superioridad que, acalambrada por los hechos de Guadalajara, estaba temerosa de que los ánimos se desbordaran y hubiera consecuencias mayores y entonces habría que decir que con qué poco se espantan.
 
O bien se trata de grupos paramilitares perfectamente entrenados para sembrar el miedo y desestabilizar al Gobierno del Estado, para lo que alguien de muy arriba con gran influencia política como en su tiempo la tuvo Alfonso Martínez Domínguez, exregente de la ahora Ciudad de México con su legendario grupo “Los Halcones", para reprimir manifestaciones y sembrar el desconcierto entre la población, estuviera instrumentando una estrategia para debilitar y exhibir al Gobernador, Cuitláhuac García Jiménez, como represor y tener argumentos para estarlo atacando como cotidianamente se dice que lo están haciendo.
 
Quienes merodeaban por los lugares de los hechos, afirman que los malandrines eran de acento chilango, otros que no, que por la forma en que se condujeron hacia los lugares estratégicos eran vecinos de ahí mismo y de sus alrededores, si así fuera tendríamos que pensar que eran o son una banda de la delincuencia organizada o posiblemente narcomenudistas, que experimentan un profundo resentimiento y odio hacia la policía que los investiga, persigue y detiene a cada rato, a la prensa que los señala públicamente o a la iglesia que los sataniza.
 
A ellos más que a nadie les interesa inmovilizar a los cuerpos policiacos para evitar ser perseguidos y poder operar libremente, lo grave es que la autoridad no aplicó la ley que es verdaderamente lo que estaban provocando, ahora la inacción los presume como grupos protegidos y por lo mismo impunes, lo que hace sentir a la ciudadanía veracruzana indefensa ante la falta absoluta de protección a sus personas y a su patrimonio y si una vez actuaron lo seguirán haciendo.
 
Lo peligroso sería que estos jóvenes fueran parte de un grupo mercenario al servicio del mejor postor que los pudiera utilizar a su capricho, que los manejara y los utilizara para los más obscuros fines, como el evitar la libre manifestación de las ideas o como u obstáculo a la democracia, basta imaginarlos robando urnas, amedrentando a los electores o para crear psicosis de violencia para evitar que el pueblo marche para plantear sus demandas o simplemente para amagar a las fuerzas del orden disfrazados de jóvenes pacíficos.
 
No se sintió en esa muchedumbre algún posicionamiento ideológico, mas dieron la impresión de ser resentidos sedientos de venganza, como haya sido, el Gobernador no debe de permitir que reine el desorden, en esta ocasión aparentemente vinieron a torear a la autoridad y la sintieron débil, habrá más desmanes porque los grupos afines a estos métodos los observaron desde el primer momento que comenzaron a actuar a través de los medios de comunicación y de las redes sociales, desafortunadamente los malos ejemplos cunden y se repiten, mas los de Xalapa que es una caja de resonancia en todo el estado y en el país.
 
A propósito del país, que ridículo se vio el Presidente, Andrés Manuel López Obrador, con su infantil estratagema de desenmascarar a sus adversarios con la difusión de un documento apócrifo de cuya redacción se intuye el autor, ridículo porque la acción parece parte de un circo político mal montado por alguien que está desesperado por conservar el poder y se siente acorralado por las fuerzas y factores del país que le son adversos y que son de todos conocidos
 
Quiso con la exhibición del BOA (Bloque Opositor Amplio), alertar sobre un siniestro complot que se arma en contra del Presidente y de su partido, en la opinión generalizada la oposición existe y en legítimo derecho se arma para quitarle la mayoría al partido Morena en el Congreso Federal y preparar la dimisión de López Obrador de la Presidencia de la República, nada fuera de la ley, lógico porque no hay golpismo, ni se sabe que lo estén haciendo en el misterio, por el contrario son fuerzas que se manifiestan públicamente y con sus intención y acción fortalecen la democracia mexicana.
 
El Presidente no tiene nada que temer, ni a sus críticos, ni a los comunicadores, ni a los gobernadores, ni a todos los señalados, el Presidente puede dormir con la tranquilidad de que en las elecciones del 2021, ganará la mayoría de los diputados y de las gubernaturas a pesar de todos los intentos que se hagan para desestabilizarlo.
 
Por sus comentarios sobre el contenido de esta carta y de los integrantes del Bloque, da la impresión de que está jugando el juego cruel del gato y el ratón, en que el gato sabiéndose vencedor, juega con sus débiles y ya derrotadas víctimas, los agarra, los suelta, los rasguña, juega con ellos, se relame, para al final, acabarlos.
 
En fin que no debemos de entender la política como un acto electoral, que si así fuera esta aún lejano, casi un año de distancia y esta es la preocupación diaria, permanente de todos los que ambicionan el poder popular unos para sostenerlo y otros para conquistarlo, pero es absurdo que en estos momentos en que el país entero atraviesa por una severa crisis, el líder todas las mañanas nos ilumina con un cúmulo de sabiduría y de moral, mientras las puertas de palacio nacional se estremecen golpeadas por manos reclamantes y exigentes, que las calles de las ciudades se cimbren de miles de bocinazos de gente que ya no está conforme con el estilo presidencial, que los palacios sean apedreados, que miles de mujeres se ahoguen en gritos pidiendo justicia y que miles de gentes quieran ser escuchados por el guía que los ignora y denosta sarcásticamente.
 
Así fue en el movimiento de 1968, los jóvenes marchábamos por las calles exigiéndole al Presidente el cese de la represión policiaca, el alto a la persecución de las ideas y de las manifestaciones, solicitando la derogación de un artículo del código penal que establecía como delito la reunión de uno o más individuos, tipificando la disolución social que era el arma del estado para perseguir y castigar a los disidentes y en todo el país el grito unánime era Diálogo, Diálogo, Diálogo, ante un Presidente déspota y políticamente cerrado que no permitía la participación de más partidos políticos que el suyo, culminando con una sangrienta matanza de estudiantes en Tlatelolco, el 2 de octubre de aquel año.
 
Al fin el movimiento históricamente triunfó y grandes reformas rompieron las asfixiantes estructuras políticas de un régimen caduco que se empecina en retornar con una nueva cara,
 
Lo recuerdo como si hubiera sido ayer, el ambiente de aquel movimiento del 68, en las calles de México y particularmente en Veracruz, había canciones y cantantes que animaban las veladas nocturnas y solo citaré muy a propósito a aquella cantante española de apellido Maciel, que con una voz muy evocativa invocaba, la libertad, la libertad, derecho de la humanidad y en todos los coros remataba con la frase de “es más fácil encontrar rosas en el mar”.
 
Y es a propósito de la cerrazón política que se está comenzando a vivir al condenar peligrosamente las libertades, la pluralidad de las ideas, la libre militancia política que en las palabras presidenciales parece que quisiera eliminar al pronunciarse en contra de la existencia de diversas fuerzas políticas y encasillarlas en dos polos, conservadores y liberales, conmigo o contra mí y al invocar para la vida nacional la existencia de solo 2 partidos, ese no es el camino, no aspiramos a una patria dividida, deseamos un México feliz y trabajando en unidad, en plena convivencia política armoniosa y digna.- Por el bien de la causa.

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