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Columnas y artículos de opinión

'Pizzeria Vesubio'

A salto de mata

Por: Gino Raúl De Gasperín Gasperín

18/06/2020

alcalorpolitico.com

Andrea, aunque con nombre femenino, es un niño. Nació en Nápoles y al año viajó con su madre Ángela a Buenos Aires. Salvatore, su padre, no lo conocía. Este, junto con su papá y sus hermanos Antonio, Roberto y Giovanni, y Nino, hermano de Ángela, se habían adelantado en la emigración dejando en su país de origen a los nonni maternos, Simona y Vincenzo.
 
Los hermanos Merola ya estaban establecidos al tiempo en que Andrea y su madre llegaron a Argentina. «Mientras el barco avanzaba por el agua oscura, marrón, mamá recordó el mar azul y transparente de Nápoles y pensó: “¿Adónde me trajiste, Salvatore?”. Esto solo me lo contó una vez, pero la nostalgia de inmigrante que entonces surgió en ella no la dejaría jamás», recuerda el pequeño. Al bajar del barco Conte Biancamano, el 28 de septiembre de 1951, después de casi un mes de travesía, Salvatore tomó al niño Andrea de los brazos, lo levantó, le quitó el pañal, hundió su cara entre sus testículos y exclamó: «¡Este es mi hijo!».
 
A partir de ese momento empezó la historia de Andrea, narrada con sabrosura y realismo por el psicólogo Walter Riso en su novela Pizzería Vesubio, nombre con el que Salvatore bautizó su restaurante en recuerdo del lugar donde la bahía de un azul intenso tiene por fondo el imponente volcán Vesubio, con sus cimas gemelas y donde nacieron las únicas dos pizzas «auténticas», como rezaba el claridoso letrero del local:
 
Aquí no se venden pizzas raras de champiñones, de chorizo, jamón, ananá, etc. Aquí solo se venden las dos pizzas originales napolitanas. La MARGARITA, en honor a la reina Margarita, que lleva los colores de Italia (tomate, mozzarella, albahaca fresca, sal y aceite de oliva). Y la MARINARA, no sabemos en honor a quién, que lleva tomate, ajo, orégano y aceite, SIN MOZZARELLA (por favor, no confundir con una pizza frutti di mare, que es un invento estúpido).
Si no le gusta, no le parece suficiente o no está a su gusto, puede irse cuando quiera. Atentamente, La administración.
 
De los hermanos Merola, únicamente Giovanni logró hacer una mediana fortuna con su fábrica de ladrillos, Salvatore se hizo magliaro, vendedor ambulante, y luego fundó la pizzería, donde Nino trabajó por años.
 
Giovanni fue quien estuvo siempre pendiente del niño, se empeñó en que estudiara y, si bien no logró que se hiciera ingeniero, sí le costeó toda su carrera de psicólogo. Y cuando Andrea estaba decidido a iniciar su carrera profesional, muere su madre Ángela, sumiendo tanto a Salvatore como a él en una profunda tristeza: «A mis veintiséis años me habían partido en dos. A papá lo habían golpeado más allá de sus fuerzas. Esto no era la Segunda Guerra Mundial, era peor: Ángela se había ido. Estábamos solos». Y solos con su dolor escuchan, una noche de Navidad, la bella y tierna canción «Lágrimas napolitanas», con aquellos sentidos versos de la mamá ausente: ¡Arma el pesebre para mis niños// Y pon un plato para mí en la mesa!// ¡Prepara esta Nochebuena //Como si yo estuviera con ustedes!
 
Salvatore decide abandonar la pizzería, porque el lugar le traía el recuerdo de su querida esposa, y volver a su trabajo de magliaro. Entonces obliga a Andrea a atender la pizzería. Él y Andrea no han tenido muy buenas relaciones hasta el grado de que el muchacho siempre había preferido ser hijo de Giovanni. En el local, en la parte superior, Nino le prepara un pequeño consultorio, en donde Andrea empieza a hacer sus pinitos profesionales, con no mucha suerte.
 
Su noviazgo con Julia y su amistad con Genarino llenaban momentáneamente el vacío de una familia desbaratada. Sin embargo, la traición de su amigo y la ruptura con Julia, quien, por sus pretensiones sociales, lo pone en el dilema de hacerse pizzero o seguir su relación, lo dejan una vez más solo en la vida. Sin embargo, Andrea entiende que hay traiciones que pueden perdonarse y otras no. La de Genarino es de las primeras y, motivados por la rabia que les producen los atropellos, asesinatos y desapariciones de jóvenes por la junta militar que gobierna Argentina, en tiempos de la Guerra de las Malvinas, se alistan en un grupo de izquierda radical.
 
Su activismo es efímero: en la primera noche de pintar leyendas contra los milicos, es apresado y torturado. El verdugo, inexplicablemente, lo deja al otro día en libertad, con la condición de abandonar Argentina. Huye como puede y se refugia en una casa de activistas argentinos en Barcelona. Allí, tras su fracaso como vendedor de chácharas, logra ingresar a un hospital y ejercer, finalmente, como él anhelaba, su profesión de psicólogo. Mantiene una excelente relación con una novia, Teresa, con quien se casará y procreará gemelas.
 
Regresa temporalmente a Argentina, al enterarse del ataque cardiaco que sufre su padre, y recorre con nostalgia sus años infantiles y juveniles. Pero tiene que volver a Barcelona y allí recibe una urgente invitación de su tía Amalia quien, al morir su esposo Giovanni, ha retornado a Nápoles. Andrea viaja a su país natal y recorre palmo a palmo la bahía y el paisaje que son su terruño abandonado, al mismo tiempo entrañable y extraño. Allí le espera una sorpresa tan impactante y demoledora que él no puede asimilar y regresa abatido a Barcelona, en donde solo su coraje, el amor de Teresa y la emoción de su doble paternidad le harán sobreponerse.
 
Es esta una historia, al mismo tiempo, vieja y nueva. Es la historia de la lotta, la lucha de miles, de millones de emigrantes italianos, que tras la pobreza y la devastación de sucesivas guerras intestinas y externas, e impulsados por la firme decisión de salir adelante aunque sea con grandes sacrificios y sufrimientos, se arrojan en manos de la suerte, en espera de que su denodado esfuerzo convoque a la buena fortuna que los lleve a realizar el sueño de una vida digna.
 
Pizzería Vesubio es una novela de sabores y de aromas, de sexo y de lucha por la vida, de dolor y gozo, de vergüenza y orgullo, de soledad y lágrimas, de encuentros, desencuentros y nostalgias. En suma, una deliciosa novela, sazonada con el sabor de una autobiografía bien contada y las exquisiteces de la comida italiana.
 
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