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Columnas y artículos de opinión

Laguna Verde: el peligro es la falta de información

Diario de un reportero

Por: Miguel Molina

07/08/2020

alcalorpolitico.com

Cuando éramos niños, nos subían a una camioneta – uno prefería ir en la batea, donde el aire peinaba los cabellos y se llevaba los pensamientos – y nos llevaban al mar. La primera parada era en el super Manterola de Martínez de la Torre, donde uno compraba pan, jamones, quesos, mayonesa, tal vez alguna fruta, aguas minerales y refrescos, cervezas (a veces ron o brandy), hielo, cosas de esas.
 
Y ya provistos nos íbamos pallá, pasando San Rafael (pays de queso, quesos, crema, dulces de algo), el faro de Casitas, y luego Nautla, Barra de Palmas, Vega, Carranza, Palma Sola, Laguna Verde, y llegábamos a El Farallón, una playa brava y sola donde uno podía jugar en el agua y en la arena o no hacer nada hasta que fuera hora de regresar, medio dormidos por el calor y el aire que nos azotaba en la batea de la camioneta.
 
II
Pasó el tiempo. Hace treinta y dos años, minutos más o menos, muchos veracruzanos – entre ellos yo – expresaron de varias formas su oposición a los planes del gobierno federal de poner en funcionamiento una planta nucleoeléctrica en Laguna Verde.
 
Unos estaban preocupados porque un accidente afectaría a quienes viven cerca del lugar, y otros aseguraban que el terreno era proclive a temblores. En general, todos tenían miedo. No había información. No había entonces – y quién sabe si ahora – un plan de emergencia en caso de desastre. Lo que había era un folleto.
 
III
Una mañana de hace tiempo saqué el tríptico que llevaba en el portafolio y lo puse en la mesita, entre los cafés que ninguno de los dos había tocado. El gobernador Fernando Gutiérrez Barrios lo vio con expresión de molestia y curiosidad y me dijo que nunca había visto ese impreso que, entre otros símbolos y siglas y logotipos, llevaba el escudo de Veracruz.
 
Luego lo revisó. La hojita doblada en tres daba a conocer el Plan de Emergencia Radiológica Externo, o PERE. Sobre todo hablaba de rutas y caminos de escape en caso de que algo malo pasara en la planta de Laguna Verde. Lo preocupante era que los caminos que había eran casi intransitables porque no se habían terminado o porque nunca se empezaron.
 
El PERE tiene once tíos: las Secretarías de Gobernación, de la Defensa Nacional, de la Marina-Armada, de Comunicaciones y Transportes, de Salud, además del gobierno de Veracruz, las comisiones Nacional de Seguridad Nuclear y Salvaguardias, Federal de Electricidad y Nacional del Agua, la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente, Diconsa (creo que antes era la distribuidora de Conasupo), y la Policía Federal Preventiva (que ahora tiene otro nombre, pero sigue siendo lo mismo). Pero no tiene padre ni madre. Ni caminos.
 
IV
La planta terminó por producir alrededor de cuatro por ciento de la energía eléctrica del país. Y aunque no ha habido accidentes mayores, en 1999 el reactor uno quedó casi al descubierto cuando perdió el agua que lo rodeaba, lo que podría haber causado la fusión del núcleo "con consecuencias catastróficas", como quedó asentado en la Gaceta Parlamentaria tiempo después.
 
En los últimos ocho años se han registrado doscientos cuarenta y dos incidentes: fallas en los sistemas de emergencia que detienen la actividad de los reactores, exceso de radioactividad en la planta, paros por incumplimiento de especificaciones técnicas operativas, aumento de la temperatura del agua de enfriamiento de los reactores, contaminación de trabajadores, entre otros percances. Por suerte no ha pasado ninguna cosa catastrófica. Todavía no.
 
Después de todo, en treinta años de funcionamiento se habrían acumulado alrededor de siete mil quinientos metros cúbicos (a doscientos cincuenta metros cúbicos por año) de desechos en contenedores y bidones guardados en almacenes temporales.
 
Para dar una idea, ese volumen de basura radiactiva (unos doscientos cincuenta metros cúbicos por año) llenaría casi cien contenedores de doce metros de largo por dos de largo y dos de ancho. En cada contenedor cabe una casa completa, con todo y carro y bicicletas y camas y sofás y sillones y refrigeradores y televisiones y mesas y sillas, y escritorios y lámparas, y unas sesenta cajas con varias otras cosas.
 
V
Desde hace años, Lydia Paredes (del Instituto Nacional de Investigaciones Nucleares) y Severiano Sánchez U. (de la Comisión Federal de Electricidad) señalaron la urgencia de construir un almacén definitivo que "pueda conservar la integridad de los desechos radiactivos y la estabilidad geológica del sitio por lo menos durante quinientos años", para no dejar cargas a las generaciones futuras.
 
Pero la inseguridad y la desconfianza "por el desconocimiento de la tecnología y sus opciones" son un obstáculo para cualquier proyecto. Los investigadores advierten que la sociedad "considerará que la gestión de los desechos radiactivos será segura cuando se tomen en cuenta debidamente la tecnología, la ética, la economía, la ecología y las preocupaciones sociopolíticas, pero no antes".
 
El recelo y el miedo siguen siendo los mismos ante la falta de transparencia y la falta de información de los gobiernos federales de antes y quizá del de ahora, que al parecer decidió que el petróleo y la energía nuclear pueden hacer más por México (aunque el primero haga mayor el deterioro ambiental y la segunda represente un riesgo muy elevado).
 
En el mejor de los casos, lo que se encuentra en los sitios oficiales son documentos llenos de rollos que no dicen nada, como el último informe de la Comisión Nacional de Seguridad Nuclear y Salvaguardias.
 
En eso estamos. Nunca vuelve aquello que se pierde, y la marea sube y luego baja como cuando uno era niño y se podía bañar en las olas bravas de El Farallón, donde tanto soñamos mucho antes de la pesadilla de la Covid-19.

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