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Columnas y artículos de opinión

Dante Octavio...

A salto de mata

Por: Gino Raúl De Gasperín Gasperín

03/12/2020

alcalorpolitico.com

Yo soñé que estaba en un sueño, y ese sueño era un sueño, y al final había otro sueño; cuando quise despertar, soñé que había despertado. («Soñador»)

Eran las postrimerías del siglo XX cuando un pequeño grupo de maestros de la región de Córdoba, Orizaba y Huatusco ingresamos a la Academia Mexicana de la Educación, a invitación de su entonces presidente estatal, maestro Alberto Ruiz Quiroz. Éramos, apenas, cinco maestros: el cardiólogo Oseas Camarillo, el ingeniero Miguel Alejandro Palacios, el ingeniero Andrés Mirón Herrera, el ingeniero Dante Octavio Hernández Guzmán y quien esto escribe. Nos unía un principio: la educación. Tras cumplir los requisitos académicos establecidos por esta agrupación nacional, formamos un equipo en el que pusimos en común y muchas veces discutimos nuestras ideas y experiencias en el campo educativo. De ahí salieron los 18 números de una revista bimestral que se distribuyó gratuitamente a todas las escuelas de la región: el Boletín de la corresponsalía Córdoba-Orizaba-Huatusco de la AME. Y fueron memorables los artículos que ahí se publicaron, fruto de las mensuales reuniones que se alargaban por horas y horas.

Esa es una de las muchas y gratas experiencias que compartimos con el maestro Dante Octavio en nuestra labor magisterial. Vendrían después muchas otras más, educativas y literarias. Ya antes habíamos coincidido en una responsabilidad enorme: la de ser Coordinador de las escuelas secundarias y bachilleratos en la zona 4 del estado de Veracruz, que abarcaba desde Huatusco hasta Tierra Blanca. A él correspondió ser su titular cuando se crearon estas seis unidades que descentralizaban las labores académicas, administrativas y de control escolar de la entonces Dirección General de Enseñanza Media. Posteriormente, fue nombrado director de la Escuela de Bachilleres Oficial Nocturna de Orizaba, responsabilidad que sumó a la de ser director-fundador de la Comunidad Morelos, escuela que fundó en el año 1973 y de la cual han egresado miles de jóvenes cuyos testimonios hablan claro de su concepción de la labor educativa: «Se requiere —escribió— una profunda construcción de la vocación pedagógica y humanista del profesor para que en el fondo de su raciocinio exista la necesidad de ser maestro y aspirar de corazón a ser mejor cada día. Esto implica que cuando amanezca, diariamente sienta la convicción de andar junto a sus educandos en el camino de la formación de su vida, que cuando respire se llene de gozo al pensar en el futuro del joven, que cuando coma esté planeando el siguiente paso que dará en el proyecto de formación de un adolescente; en fin, que se exija a sí mismo un desarrollo pleno de su potencial humano para alcanzar los objetivos educacionales que se proponga bajo el principio de ser un verdadero educador». («Una educación más humana», Boletín de la AME, año 2 Nº 9, mayo 2003).



Pero estas actividades académicas y educativas no fueron suficientes para agotar su energía y su espíritu inquieto. La historia, específicamente la de su comunidad orizabeña, fue otra de sus grandes aficiones, a la que entregó miles de jornadas, esfuerzos y recursos. Heredero de la responsabilidad de dirigir el Archivo Histórico de Orizaba del maestro Josué López Brunet, se entregó en cuerpo y espíritu a proteger, ordenar y acrecentar el acervo de ese importante reservorio de documentos que testimonian la historia regional. Fue una titánica labor, mantenida y acrecentada con los precarios recursos que tenía a su disposición, y con su trabajo, entrega y amor a la ciudad a la que sirvió. De ahí surgieron muchos proyectos, entre ellos la publicación de sus Cuadernos Históricos, en donde tuvieron cabida trabajos de investigadores e historiadores a escala local, regional y nacional.

Amigo de funcionarios, políticos y artistas: músicos, pintores, escritores, etc., fue siempre y principalmente compañero de maestros y guía de muchas generaciones de alumnos que en él encontraron siempre puertas abiertas, tiempo y disponibilidad para ser apoyados en sus inquietudes, desafíos y problemas (en muchas ocasiones, hasta de índole económica).

A estas, ya de por sí absorbentes actividades, en su historia personal (en donde caben hasta el haber sido lidiador y aun mago de chistera) se añade su desinteresada labor de promotor de escritores y amantes de las letras. De ello dan cuenta las innumerables publicaciones que salieron de su feraz imprenta, en donde tuvo cabida hasta mi novela histórica de la emigración italiana del siglo XIX (Con la esperanza en el corazón), que de otra forma hubiera permanecida inédita. Su labor de promotor literario y editor y su mismo acervo personal como escritor quedan como testimonio de su inagotable espíritu inquieto, creador y filantrópico.



Y así, después de una larga y fructífera trayectoria personal y profesional, entre sueños y sueños de sueños, despertares y sueños de despertares, transitó por esta vida y esta tierra el maestro Dante Octavio...

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