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Columnas y artículos de opinión

Si dicen que sí

Diario de un reportero

Por: Miguel Molina

29/07/2021

alcalorpolitico.com

La idea era olvidarse de lo que hay en la internet, y no hacer nada y luego descansar de no haber hecho nada. Pero esa misma noche nos venció la curiosidad y terminamos leyendo en los medios lo que había pasado, y tal vez lo que iba a pasar. No había pasado nada nuevo: la violencia seguía, se cruzaban acusaciones de corrupción, ciertas y falsas, se registraban los primeros conflictos sociales a causa del agua, y se repetía la mentira sobre la consulta del domingo.

Cuando el Poder Ejecutivo pidió la opinión de la Suprema Corte sobre la posibilidad de procesar a varios expresidentes si la voluntad popular así lo decidía, la Suprema Corte eliminó las menciones a Carlos Salinas, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña, y ofreció una versión que nadie le había pedido:

¿Estás de acuerdo o no (sic) en que se lleven a cabo las acciones pertinentes con apego al marco constitucional y legal para emprender un proceso de esclarecimiento de las decisiones políticas tomadas en los años pasados por los actores políticos, encaminado a garantizar la justicia y los derechos de las posibles víctimas?



Más allá de que los morenistas sigan promoviendo la idea de juzgar a los expresidentes, asunto que no aparece en la pregunta de la consulta, y todavía más allá de que cuarenta millones de mexicanos (más de los que votaron por el actual gobierno hace tres años) apoyen el galimatías legal que se propone, hay que pensar en la posibilidad de que una mayoría de mexicanos diga sí a eso que dijo la Suprema Corte.

Pero hay muchas cosas que no se saben. No se sabe cuán grande es el riesgo de que la justicia termine sometida a consulta de manos alzadas, sentenciada a funcionar por número de personas que participen en el plebiscito y no por las leyes emitidas por el Congreso. No se sabe quién va a determinar qué tribunal va a juzgar a los expresidentes – y a otros exfuncionarios incluidos en el abrazo legaloide – ni cómo va a ser el proceso, si es que hay uno.

No se han definido cuáles acciones serán las pertinentes para estos casos, con apego al marco constitucional y legal (sic de la Suprema Corte), ni cuál será el proceso de esclarecimiento de las decisiones políticas de los actores políticos (resic de la Suprema), y cómo se van a garantizar la justicia y los derechos de las posibles víctimas. No hay precedentes.



También hay que establecer qué va a pasar si las autoridades no encuentran pruebas contra los actores políticos o si el tribunal que los juzgue no los encuentra culpables. También hay que pensar qué pasaría si los declaran culpables de cualquier cosa. Hasta donde se sabe, ninguna de estas cosas está prevista por la ley. Y la Constitución dice que no se pueden hacer leyes especiales para casos individuales.

Carajo. Uno deja al país solo durante unos días y nada cambia. Los niños tendrán que volver a sus escuelas cuando comience agosto, pase lo que pase, mientras los jóvenes tendrán que autorregularse para no ir a lugares cerrados donde haya mucha gente, y los adultos quién sabe. Que se enferme el que se enferme. La responsabilidad, dice el gobierno, será de los padres. Y jódase el que pueda.

Desde el balcón



Uno vuelve al balcón después de una semana que pasó de barranco en barranco: la paz de uno donde canta discreta la corriente, y el fragor del otro, donde el agua cae y corre como si estuviera huyendo de algo. Uno caminó por senderos en sombra, pequeñito bajo las piedras antiquísimas cubiertas de musgos antiquísimos, maravillado por el silencio de una ermita, o abrumado por la voz superior de las cascadas, que empapan al que pasa y callan, por un momento, al que habla con uno desde dentro.

Uno estuvo también en una cumbre desde donde se ve el resto del mundo – aunque no se distingue bien porque todo está lejos – y caminó los senderos de la montaña viendo valles con placer culpable porque vino hasta acá con la pura intención de no hacer nada, y eso hizo: caminar, visitar un museo donde encuentra favoritos viejos y nuevos, comer, dormir la siesta, pasear por las calles adoquinadas de ciudades viejas donde se habla alemán, que es griego para uno.

Uno vuelve al balcón, digo, después de esa semana, y alza una copa por los días de su edad, y después alza otra copa – o la misma – a la salud de Pali y otra a la de Gabrielita. Luego alza otra para celebrar que el colega Arturo Reyes Isidoro se recupera del mal del siglo, y lee su columna y sabe que salió bien, y otra porque sí, porque vale la pena, porque la vida sigue.



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