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Columnas y artículos de opinión

Una tarea difícil

Diario de un reportero

Por: Miguel Molina

12/11/2021

alcalorpolitico.com

Como muchos, oí lo que dijo el presidente Andrés Manuel López Obrador durante la sesión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas sobre exclusión, desigualdad y conflictos. Y después leí lo que dijeron los medios internacionales. Y ya estaba amaneciendo cuando leí lo que dijeron los medios mexicanos.

Según la agencia de Prensa Asociada (AP), el presidente de México advirtió el martes que el mundo está yendo de la civilización a la barbarie, y pidió a las mil personas más ricas, a las corporaciones más grandes y las veinte economías más importantes del planeta que ayuden a mejorar las vidas de setecientos cincuenta millones de personas que ahora subsisten con menos de dos dólares al día.

Para eso – dijo López Obrador – se necesita mucho dinero. Dijo que un billón de dólares, pero no se sabe si son mil millones (en inglés) o un millón de millones (en español) que deben llegar a los beneficiarios de manera directa, sin intermediación alguno, mediante una tarjeta o un monedero electrónico personalizado. Aunque sea mucho tal vez no sea tanto: el gasto militar global del año pasado fue de dos millones de millones de dólares.



El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional tendrían que crear una estructura para conseguir y distribuir los recursos. Por lo pronto, tendrían que hacer un censo "de los más pobres del mundo", y pagar pensiones a adultos mayores y menores con discapacidad, becas a estudiantes, apoyos a sembradores y a jóvenes aprendices, y ofrecerles medicinas y vacunas gratuitas a quienes lo necesiten.

Fue claro. La corrupción, que mancha lo que toca, es un problema global que contribuye a la inseguridad que debería preocupar a todos. Nunca dijo que en México se acabaron la corrupción y los corruptos, ni que se terminó la pobreza, ni que el país en un lugar seguro. Habló de lo que está haciendo su gobierno, poco o mucho, bien o mal.

Y entonces, cuando la mañana se llenaba de neblina, leí en un medio mexicano que la reacción internacional a las palabras de López Obrador fue tibia porque no la destacaron Los Angeles Times ni la BBC. En otros medios, hubo analistas o comentaristas que perdieron el tiempo buscando el ángulo ridículo o el error o lo que fuera, en vez de oír lo que se estaba diciendo (aunque hay que admitir que era fácil distraerse viendo al canciller Marcelo Ebrard jugando nervioso con su pluma, detrás del presidente). Era lo fácil.



Otros muchos perdieron de vista que ni el presidente ni ningún otro político – mexicano o de otros – podría meterle mano a un proceso internacional como el Plan Mundial de Fraternidad y Bienestar que propuso López Obrador. Hubo burlas, hubo descalificaciones, hubo chistoretes, hubo críticas, pero hubo poco análisis serio.

Se entiende, porque las pasiones nublan el pensamiento. Pero a fin de cuentas el Plan pretende cambiar el mundo: hacer lo que no se había hecho ni se había pensado hacer, una tarea difícil, sobre todo para quienes quieren que todo vuelva a ser como antes. Y hay que tomarlo en serio.

Desde el balcón



Últimamente uno mira hacia arriba y ve cómo brillan la Luna y Júpiter y Venus en el cielo del crepúsculo. Es cosa de no creerse: todo eso tan lejos, y tan cerca y tan ajeno. Los atardeceres tienen cada vez más luz porque cada vez hay menos hojas en los árboles. La brisa es fresca y el whisky es suave. Dan ganas de festejar.

En otro tiempo uno iba al carnaval. Ya no habrá de eso. Al menos en Veracruz, donde uno podía perderse durante una semana sin remordimientos ni alertas. Era bueno en muchas formas: se llenaban los hoteles, se abarrotaban los restaurantes y desbordaban las cantinas, sobre todo en el centro del Puerto. Muchos se iban mientras pasaba el reventón, y otros aprovechaban que había fiesta para dejar que saliera lo que habían guardado durante mucho tiempo.

Uno ya no es fiestero. Se guarda a sus horas y bosteza si hay que divertirse a deshoras, pero eso no quiere decir que los demás ya no tienen derecho a divertirse a su manera. Eso se acabó, si uno entiende lo que ha dicho el gobernador de Veracruz, el estado más desmadroso de la nación. Si quieren hacer carnaval, háganlo pero páguenlo, dijo Cuitláhuac García Jiménez, de oficio ingeniero y bailador. Sic transit gloria mundi, etcétera. Quien quiera fiesta que gaste.



El punto que brilla allá, débil pero visible, es Altair. Un astro magnífico según el conocimiento enciclopédico. Uno alza la copa y brinda, en silencio, por todas las fiestas que hubo y por las que ya no habrá. Quién sabe. Da tristeza la mezquindad.

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