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Columnas y artículos de opinión

El último Episodio de Almudena

A salto de mata

Por: Gino Raúl De Gasperín Gasperín

02/12/2021

alcalorpolitico.com

Almudena Grandes falleció este fin de semana pasado, antes de escribir el último de la serie Episodios de una guerra interminable, impresionante recorrido por uno de los periodos más tristes de España bajo el franquismo.

Almudena se estrenó como escritora con una novelita atrevida, en 1989: Las edades de Lulú, pues el erotismo apenas salía tímidamente de un largo periodo de moralismo y represión. Después vinieron Te llamaré Viernes, Malena es un nombre de tango, Atlas de geografía humana, Castillos de cartón, El corazón helado, Los besos en el pan, Estaciones de paso, Los aires difíciles. Entreverados fueron apareciendo cinco de los seis títulos de la serie Episodios de una guerra interminable. Todas, novelas de excelente factura.

Imposible reseñar en pocas líneas cada obra, pero sí es posible decir que Almudena fue recorriendo en cada novela pasajes que se sucedieron en el franquismo, en todas manteniendo su opción por quienes fueron derrotados en aquella terrible guerra civil que partió en dos a España. Van estos cinco títulos:



Inés y la alegría. Es octubre de 1944. Franco lleva 6 años de gobernar a sangre, hierro y fuego la nación española. Todo parece inmóvil, sedentario. La tierra está apaciguada con la bota castrense. Aquellos que soñaron con hacer de España un país gobernado por instituciones y no por dictaduras ni por monarquías yacen en los sepulcros, en las cárceles, en el destierro, en el exilio, en las cabañas campesinas, en los suburbios, en los escondrijos. Silenciados, humillados, metidos en los sótanos, temerosos del vecino, del amigo, del hermano, del compañero de escuela: cualquiera puede dar el grito, cualquiera puede anunciar su presencia, cualquiera puede denunciar su credo, su lucha, su esperanza.

Allá, en la frontera con Francia, refugiados en cualquier pueblillo, a salto de mata, un millar de españoles desplazados, reacios a la humillación, a la mala suerte, se hermanan con la esperanza, con el coraje, con el sueño de ver otra vez su patria libre de la dictadura. Aquella invasión del valle de Arán quedó como una utopía, como un sueño, trágico y doloroso. Buscó la adhesión de los españoles, de los buenos españoles que soñaron con sacudirse una dictadura que los dividió, que los enfrentó unos contra otros, que les aniquiló las esperanzas durante casi 40 años y, sin embargó, nunca llegó.

La madre de Frankenstein: La historia se inicia con la sorpresa del niño Germán al ver que, al consultorio de su padre, prestigiado psiquiatra, entra una mujer y su abogado. Van a pedir al médico que testifique la enfermedad mental de Aurora, quien acaba de asesinar a su hija. Notable intelectual, autodidacta y pianista, de pronto descubre que su también brillante y precoz hija, Hildegart Rodríguez, está a punto de ser víctima de una conspiración de agentes de las potencias internacionales y decide que parte de su responsabilidad materna es evitarlo. Para ello, le dispara cuatro tiros. Aurora es recluida en un manicomio, en donde pasará el resto de su vida. Allí conoce a Germán, hijo de aquel médico, y se inicia una historia apasionante hasta que el médico se ve constreñido a reconocer que la salud es propiedad del gobierno y que la usa a su sola conveniencia: “Esto (la medicina) es un pulso por el poder, porque ahora mismo la clorpromazina (un medicamento) es poder, y el poder, en España, es un derecho exclusivo de quienes ganaron la guerra” (348).



Las tres bodas de Manolita: Es la historia de un personaje real, «el Orejas», siniestro agente del gobierno que, durante el larguísimo tramo comprendido desde el inicio del fascismo franquista hasta la muerte del dictador, se dedicó a denunciar, traicionar y torturar a todos los que en su juventud habían sido sus compañeros de lucha republicana.

La protagonista es Manolita, cuyos padres y madrastra van a ser recluidos en las mazmorras franquistas, lo mismo que todos sus compañeros, amigos y conocidos. Ella, desde muy joven, tendrá que hacer frente a la pobreza, al abandono y al terror en que tienen que vivir todos los que de alguna manera son reacios al régimen fascista, cargando, además, la responsabilidad de dos pequeños hermanastros y dos hermanas. En esta novela se revela el maltrato y los trabajos forzados de los niños hijos de republicanos en los monasterios religiosos, algo que había permanecido oculto.

Los pacientes del doctor García: narra la historia de dos amigos. Uno se llama Guillermo García Medina, médico, que ha tenido que cambiar varias veces de nombre desde que cumplió los 25 años. También ha tenido que renunciar a ejercer públicamente su profesión. Es republicano durante la guerra civil, pero aparentará ser filonazi al terminar la Segunda Guerra Mundial. Es huérfano y ha vivido con su abuelo enfrente de otro anciano, este monárquico. Allí conoce a Amparo, nieta del monárquico, quien le ha enseñado algo más que el escondite que su abuelo tiene atrás del armario. Ni su contraria filiación política ni las bombas nazis que caen sobre Madrid ni su absorbente dedicación a practicar trasfusiones de sangre para salvar heridos impiden que Amparo quede embarazada de un hijo que a él le será usurpado durante media vida.



El otro es Manuel Arroyo Benítez, también español y republicano. Ha tenido una infancia triste y solitaria y solo el afán de salir adelante lo ha impulsado a hacer carrera diplomática. También ha cambiado de identidad al menos seis veces, también ha tenido que aparentar una filiación nazi y expatriarse también por media vida.

Ambos son amigos desde el momento en que el primero salva la vida del segundo, y refrendan su amistad cuando el segundo salva la vida del primero. Y aunque dejan de verse durante casi treinta años de vivir vidas separadas, la misma lucha los ha mantenido unidos con un hilo invisible.

El lector de Julio Verne: De esta novela, la propia Almudena dice: «En un viaje de 2004 mi amigo Cristino Pérez Meléndez, hijo de guardia civil, me contó una historia de su infancia. Esta es la novela de Cristino». Nino, de nueve años, no olvida cuando conoció a Pepe «el Portugués», un enigmático forastero que llega a vivir y trabajar en un molino, y del que pronto se hace amigo. Él le hace conocer un mundo hasta ahora ignoto para el niño, quien, obligado por su padre a aprender mecanografía, conocerá a un grupo de mujeres, solas y viudas, que guardan tres centenares de libros. Estas mujeres son, como otras tantas, heroínas silenciosas y valientes que resisten en la montaña a los fascistas. Una de ellas, Elena, le abre los ojos a Nino al mundo de la literatura y al mundo de la vida real de aquella España destrozada... «Así era el mundo, mi mundo, el lugar donde yo había crecido, donde había vivido nueve años, una ciénaga donde los valientes, los leales, los inteligentes, tenían que dejar de serlo si no querían morir jóvenes, y la autoridad se apoyaba en la traición, y los traidores lo eran siempre por dinero, y los héroes vivían como animales mientras los cobardes, los chivatos, los analfabetos comían caliente y dormían en sus camas, amparados por el respeto de las personas decentes... Porque en mi pueblo, y más que los olivos, se cultivaban las traiciones, las delaciones, el miedo y los fusiles. Vivíamos en el centro de una guerra que no iba a acabar nunca y eso parecía bastar para explicarlo todo, para justificarlo todo, para convertir una ciénaga en un lugar habitable» (126s). «Sobre todo, dice, me enseñó un camino, un destino, una forma de mirar el mundo, y que las preguntas verdaderamente importantes son siempre más importantes que cualquiera de sus respuestas» (191). Entonces, Nino decide que él nunca será policía como su padre y que los enemigos de este nunca serán los suyos...



Almudena Grandes ha logrado dar voz a una multitud de personajes: intelectuales, profesionistas, mujeres, enfermos, etc., que no tienen cabida en una sociedad marcada por un gobierno feroz y tiránico, en donde estas eran «Historias que no se sabían, que no se comentaban, que nunca habían llegado a suceder». «Eso, dice Nino, era la vida, la única vida que yo conocía, una pesadilla rojiza y espesa, salpicada de gritos, salpicada de golpes, salpicada de sangre, que se desvanecía cada amanecer, cuando salía el sol para que el teniente volviera a ser un pobre hombre manejado por su mujer... No se podía vivir así, pero había que vivir, y se vivía... y cada uno se ponía la máscara de sí mismo para interpretar su papel como si la noche no les hubiera partido el corazón» (153s). Duras palabras para describir a un país roto, partido en dos, y que, desgraciadamente sin prever las consecuencias, parece seducir a más de uno.

Almudena ha muerto y dejó sin escribir el último volumen de sus Episodios... Pero no es verdad. Efectiva, realmente lo escribió, solo que ahora no con letras sino con el testimonio de su propia vida. Sin duda, esta es una Guerra interminable, en donde la lucha por el respeto, la tolerancia, la democracia y la libertad no termina. Ella ahora puede cantar con Soledad Bravo: «Si me muero, que sepan que he vivido, luchando por la vida y por la paz...» (Campo de amor).

Minus dixi quam volui.



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