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Columnas y artículos de opinión

Buena pregunta

En Caliente

Por: Benjamín Garcimarrero

12/03/2012

alcalorpolitico.com

Con motivo de celebrarse el Día Internacional de la Mujer, los medios encontraron un filón olvidado durante el resto del año, para llenar planas y planas, comentando las propuestas, sucesos e interrogantes que lleven a explicar las causas del trato desigual, misógino y discriminatorio hacia la mitad mas bella del genero humano.
 
Para el caso conviene remontarse históricamente hacia un fenómeno social que por notorio y presente, causa la miopía de las instituciones que lejos de resolverlo, solamente le aplican emplastos y ungüentos sin llegar al meollo del asunto.
 
La hipótesis mas aceptada por los sociólogos, es la familia sindiásmica que de acuerdo a la teoría de Federico Engels se compone solamente de la madre y su progenie, destacando el matriarcado como sistema social primario.
 
La domesticación del macho, empieza por el amaestramiento de los hijos varones, que por sus habilidades naturales son preparados para la defensa y el ataque, para la pesca y la pisca, y esas otras actividades de las que después de dos millones de años, no hemos podido abolir.
 
En la etapa histórica de la humanidad, que es aquella en la que aparece el testimonio escrito, la figura femenina tiene un papel fundamental e importantísimo dentro la estructura social.
 
Hay civilizaciones seculares que conservan esa actitud que en lenguaje coloquial le llaman “mamitis”, como la italiana, la nuestra mexicana, la hispana, todas a las que la moral religiosa cristiana, les ha dejado la impronta de la madre dolorosa sufriendo en carne propia los padecimientos de sus hijos.
 
De ahí han nacido las leyendas de la llorona, de la Guadalupana, el emblema mismo del seguro social; tan solo para ilustrar una de las vertientes en que se desborda el sentir materializado y maternizado.
 
Sigue diciendo Engels que con la apropiación del “macho” y de sus habilidades,
nace el sentimiento de dominio sobre el espacio, sobre la heredad, sobre el territorio, sentimiento que no es solamente humano, sino que también los animales lo ejercitan mercando sus parcelas con orines, olores y efluvios que los demás reconocen sin necesidad de un notario ni de una escritura de propiedad. (Por eso algo me decía que los notarios no sirven de mucho y algunos prefieren andar de diputados aunque tengan dos o tres notarias). (Sin agraviar a los presentes).
 
Las cosas cambian, cuando el factor económico se introduce en esa relación originalmente matriarcal y el “macho”, adquiere la categoría de proveedor, porque pasa de dependiente a dominante, apareciendo así eso que llaman patriarcado. Roma es aún ejemplo vivo desde la monarquía hasta el imperio.
 
La moral judío-cristiana, se encarga de someter a la mujer y reducirla a su mínima expresión, todavía sigue sobajada y estigmatizada, como afirmaba San Agustín “por ser una encarnación demoniaca”.
 
Toda esa pléyade de degenerados, misóginos y pervertidos como el dicho San Agustín, Tomás de Aquino, Pablo de Tarso, Alejandro VI, Marcial Maciel, y muchos otros vivos y muertos que sería prolijo enumerar porque no alcanza ni el papel ni el espacio, son los que han mantenido a la mujer como una sub especie distinta a la del genero hombre; ellos que estigmatizaron a María Magdalena colgándoles milagros inconfesables, los que mandaron a la hoguera a Juana de Arco, los que mantuvieron en una celda a Sor Juana Inés de la Cruz, los mismos que impiden devolver la voluntad a las mujeres por el simple prejuicio de que lo son, los que combaten las píldoras anticonceptivas pero no se tientan en hacer hijos, (léase sobrinos), esos violadores conventuales, los mismos que mantienen una mal nombrada ética religiosa; ellos son los que no permiten que la conciencia ni la inteligencia regrese a los causes de la preclaridad.
 
Ejemplo dio el fin de semana Juan Pablo Castro, integrante de la juventud panista y seguramente con una educación retrógrada, misógina y misántropa; en la Asamblea Legislativa del D.F. llamando a las uniones de personas del mismo sexo, “matrimonio de jotos” y reprobando el aborto, que bien le hubiera quedado a él.
 
Y lo peor de todo es que seguirán preguntándose las mujeres: ¿Y porqué vivimos en una cultura misógina? Pero eso si, muchos…y muchas irán a Guanajuato a besar el pastoral a Benedicto XVI, jefe de ese Cartel que en riqueza debe dejar chiquito a Slim y toda la mantada de clientes de la revista Forbes.
 
Pero allá, con su PAN que se lo coman.

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