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Columnas y artículos de opinión

¡Aarraancaan!

Detrás de la Noticia

Por: Ricardo Rocha

04/04/2012

alcalorpolitico.com

Apenas es el sexto día de campañas y ya la caballada da mucho de qué hablar.

De mayor a menor, Enrique Peña Nieto parece estar instalado en sus 50, con una cómoda ventaja de al menos 20 puntos sobre sus perseguidores.
 
Para cualquier observador el mantenerse así hasta el final sería un escenario óptimo.

Pero los priístas quieren más: creen que todavía puede subir tres, cuatro y hasta cinco puntos en dos meteóricos meses y hacerse, entonces sí, inalcanzable; es más, los
peñistas furibundos tienen como objetivo no sólo ganar la elección sino hacer historia e imponer un nuevo récord de votación para un candidato a la presidencia. Más de los 22 puntos que sacó Zedillo a Diego.

Por lo pronto, los expertos en imagenología establecen que los spots de Peña Nieto son los más eficaces en cuanto a sus efectos propagandísticos y calidad de producción.

En paralelo, sus actos de campaña son un reflejo de la experiencia acumulada de décadas de una casi perfecta maquinaria priísta. Ahí la lleva.

En cambio, si nos atuviéramos a aquella definición ranchera de la caballada, Josefina Vázquez Mota saldría perdiendo. Pero si nos fuéramos al comparativo con aquel Caballo blanco del gran José Alfredo, los símiles serían lapidarios y hasta de mal gusto. Dejémoslo así. La candidata del PAN lleva atrapada 24 días en el pantano.

Desde el aciago 11 de marzo en el Azul semivacío, resbala una y otra vez. Y lo peor, se hunde en las arenas movedizas del fondo: sus enredos lingüísticos y pésimos chistes entre el ITAM, la Ibero y la UNAM para quedar mal con todos, el dislate del lavado de dinero que la deja en ama de casa, la falta de oficio de su equipo que en lugar de ponerla a dialogar con los ex empleados de Mexicana cancelan el acto como si se la fueran a comer, y, lo peor, los mareos de antier que la muestran como una mujer frágil y con un precario estado de salud, así que cuando su equipo explica que todo se debe a la presión uno se pregunta si a la sanguínea o a la política, porque no es la primera vez que le pasa.
 
Para colmo, su estrategia familiar en medios electrónicos ha sido un fracaso y habrán de rehacerla por completo.

Apenas ayer comenzaron las cancelaciones —una comida en Baja California— y empezaron también los descensos de uno o dos puntos en las encuestas.
 
No son caídas dramáticas, pero Josefina desciende y la pregunta es si podrá evitar la pendiente.

Dicho de otro modo, si tiene la energía suficiente para los golpes de timón que le han sugerido propios y extraños en su equipo y en el PAN.

En una situación similar, pero en sentido inverso se ubica Andrés Manuel López Obrador.
 
El candidato de las izquierdas libra una dramática batalla contra el tiempo y la distancia.
 
El desafío se antoja gigantesco, aun cuando parece haber dejado el congelamiento de los 18 puntos y rebasado la barrera de los 20.
 
Aun así, le quedan apenas 87 días y 30 puntos de diferencia.

Parece paradójico que el candidato que más entusiasmo genera en las plazas públicas no tenga el mismo impacto entre el resto de los electores.
 
La incógnita es si sus spots del amor y el perdón le pueden generar intenciones de votos, si pasarán inadvertidos o si incluso provocan el efecto no buscado de restarle adeptos.

Otra interrogante seguramente más efectista es quién —Peña Nieto o Andrés Manuel— se vería más beneficiado por un debilitamiento —en cualquier sentido— de Josefina Vázquez Mota.
 
En pocas palabras, si la contienda se convierte en cosa de dos y no de tres.

Aunque alguien estará levantando la mano diciendo que, en realidad, es de cuatro o de Quadri.

Y en este caso habría que reconocer que don Gabriel ya entiende su papel.

Más relajado y sin el peso de los interrogatorios forzados sobre la maestra, empieza a levantar centésimas para alcanzar algunas décimas que lo lleven a los dos ansiados puntitos que le permitan acariciar la meta para la que fue convocado.

Ni más, ni menos.

Así las cosas con los caballitos, los grandotes y los chiquitos.

PD) Como dirían los franceses, un beau geste el del presidente Calderón. Frente a la mezquindad de Vicente Fox cuando la muerte de López Portillo, decidió hacerle un funeral de Estado a Miguel de la Madrid.
 
Sobre todo en estos tiempos de crispación, habrá que reconocérselo.

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