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Columnas y artículos de opinión

Adiós a la enciclopedia Británica

Por: Guillermo H. Zúñiga Martínez

07/04/2012

alcalorpolitico.com

Hace algunos años, diversos teóricos empezaron a insistir en que, tarde o temprano, los libros impresos en papel habrán de desaparecer. Muchos no lo creyeron, opinaron que eran afirmaciones sin fundamento y no faltaron los que se burlaron de plano de estos vaticinios tan temerarios. Es más, recuerdo perfectamente que hace unas semanas el periodista Carlos Marín sostuvo, en un programa de televisión, que de menos van a pasar cien años para que los libros dejen de editarse como hasta ahora.

Conjeturas aparte, hay noticias que sorprenden y en cierta manera lastiman a quienes aman la lectura, porque es una costumbre tan vieja como la historia de la misma humanidad, y ahora son las tabletas y las pantallas de computadora las que se imponen tan claramente que, con fecha 13 de marzo de este año, se hace un anuncio de carácter general para enterarnos de que la Enciclopedia Británica, una de las más antiguas del mundo, dado que su primera versión data de 1768, desaparece del mercado.

Usted como yo, recordará a los vendedores de esas enciclopedias: iban de puerta en puerta, de negocio en negocio ofreciéndola en abonos y obviamente ponderando sus virtudes, ventajas y grandes adelantos. Así lo hicieron durante 254 años, desde que el primer ejemplar viera la luz en Edimburgo (Reino Unido) en la fecha ya señalada.

LA Enciclopedia Británica logró colocarse como una de las mejores en su tipo, más de 40 millones de palabras, con la colaboración de expertos que presumieron seriedad intelectual para ofrecer al público el resultado de sus investigaciones y pesquisas siempre al servicio del conocimiento humano.

La compañía que editaba esta excelente obra de consulta hoy tiene su sede en Chicago, Illinois, Estados Unidos, y ha hecho todo lo posible por centrar su atención en anunciar la Enciclopedia Británica Digital y destacar sus características como material didáctico para escuelas, según adelantó el prestigioso periódico The New York Times.

La Enciclopedia Británica impresa no supo resistir la competencia de la popular Wikipedia, según confesó el Presidente de la Empresa, Jorge Cauz, quien dijo que: “es como un rito de iniciación en esta nueva era. Muchos se sentirán tristes y nostálgicos pero ahora tenemos una herramienta mejor. La página web está constantemente actualizada, es mucho más extensa y tiene contenidos multimedia”.

Sinceramente sí es lamentable que una obra tan importante se deje de editar y quienes posean una Enciclopedia Británica con sus letras doradas en el lomo, que fuera fundamental en los hogares británicos y norteamericanos desde mediados del siglo veinte, tendrán que atesorarla, guardarla, admirarla e incursionar en sus páginas porque como impresión es muy bella pero en realidad para consulta ágil, dinámica y constante, es ampliamente superada por las nuevas herramientas de la cibernética.

La Enciclopedia Británica se ha convertido, así, en un objeto de lujo porque quien la adquirió tuvo que pagar cerca de mil cuatrocientos dólares por la edición completa y la realidad es que los clientes más asiduos fueron las embajadas y los coleccionistas.

La última edición de esta obra monumental es la del año 2010, una serie de treinta y dos volúmenes, de la cual se han vendido ocho mil paquetes y, créalo usted, hay todavía en los almacenes de la compañía, cuatro mil que están almacenados y esperan ser reclamados por sus compradores.

Ahora bien, es importante señalar que los directivos de esta empresa, desde el año 1994 se colocaron en internet y el acceso a su material digital, que se actualiza cada 20 minutos, se consigue fácilmente a cambio de un pago de 70 dólares al año.

Los dirigentes de esta importantísima e icónica enciclopedia han reflexionado sobre la conveniencia de que su trabajo se consulte en forma gratuita pero por el momento ese modelo está descartado, así es que si usted quiere indagar algún dato en ella tiene que suscribirse, lo que en verdad sí vale la pena.

Es innegable que existen muchos lectores -entre ellos el que esto escribe-, que se niegan a leer libros en internet por diversas razones, que se pueden señalar porque quienes son lectores cotidianos se han dedicado a comprar libros desde hace mucho tiempo, poseen su modesta o rica biblioteca, pero lo aconsejable es conjugar y asomarse a los libros en internet porque es un fenómeno que nadie podrá detener.

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