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Columnas y artículos de opinión

Doña Alicia Aguayo Vela

Por: Uriel Flores Aguayo

20/04/2012

alcalorpolitico.com

Pido comprensión a los lectores de este artículo por tratar, excepcionalmente, un caso personal; deja de ser exclusivamente privado a petición del entorno familiar y con la posible justificación al tratarse de una persona buena, entrañable y ejemplar: mi mamá . Me falta talento para escribir de ella, es obvio, pero me impulsa hacerlo cierto imperativo moral y la congoja que me provoca su ausencia. Lo que diga se queda corto junto a la figura y grandeza familiar de Doña Alicia Aguayo, lo que diga de ella va a la memoria de mi papá, tiene la coincidencia de mis hermanos y el respaldo de sus nietos y bisnietos. Mi mamá nació en abril y murió en el mismo mes, coincidencia o mensaje; su novenario es el próximo día veintidós cuando cumpliría ochenta y cinco años. Era una típica mujer mexicana de su época, con muchos hijos y con la fortaleza para sacarlos adelante. Era fuerte, de gran carácter y noble hasta el sacrificio. Sobrevivió casi doce años a la pérdida de mi papá, golpe brutal, y mantuvo una presencia familiar prácticamente imprescindible. Era de esas personas intachables, estimada por todos, y especialmente generosa, desprendida, de las que se quedan sin comer por que otros lo hagan: la recuerdo ofreciendo comida a los viajeros de la carretera, que buscaban refugio y sombra en los arboles o techados cercanos a su casa; lo hacía porque si, por humana, sin ostentarlo.

Su papel en la familia era muy influyente, contagiaba sencillez y buenos ejemplos; uno, cabeza dura, no le aprendió del todo, aunque sí las normas y costumbres básicas, las más valiosas: el respeto a los mayores, la vida sencilla, el valor de las mujeres, el cuidado escrupuloso de los niños, el respeto al prójimo, la honradez y esos detalles fundamentales en la vida cotidiana como decir “buenos días”, “dar las gracias”, “pedir por favor” y persignarse ante las imágenes religiosas y los templos católicos. Alguna vez pensé en dejar de hacer esa señal que me enseñó desde mis primeros años, no pude, era muy fuerte el simbolismo de su recuerdo.

Mi confianza con ella era plena, platicábamos de la vida; me encantaba preguntarle y escuchar sus opiniones sobre aspectos actuales; hacer con ella las comparaciones sobre el pasado y el presente; siempre me dejó claro que, más allá de las ideas persistentes, en las que, por cierto, mejoró mucho, está el hilo conductor de su personalidad a través del tiempo, como una gran mujer, esencial, como una señora con la autoridad moral y la experiencia de vida para hablar y ser escuchada. En vida, así lo visualizamos siempre, se hizo todo lo posible porque fuera feliz; creo que lo logramos.

Vivo el proceso natural de la resignación, en la lucha entre lo racional y lo emocional; estoy en el inicio de esa aceptación sobre todo por la creencia de que mi mamá no está sufriendo con enfermedades dolorosas y crueles. Resistió, se aferraba a la vida, pensaba en nosotros, sus fuerzas cedieron al tránsito a esa especie de descanso mortal y a la vez angelical. Solo se extinguió físicamente, sus recuerdos quedan y son indelebles. No se muere del todo porque algo de ella está en nosotros, hasta involuntariamente; sus seres queridos, amistades y conocidos tenemos algo de ella: un recuerdo, una foto, un objeto, un gesto, una sonrisa, una mirada y tantos detalles valiosos que atesoramos.

Siendo nuestra raíz, la que nos quedaba, pudiera considerarse que la perdimos, sin embargo también se puede pensar en la posibilidad de que esa raíz, cuerpo y cerebro, se transforme en espíritu, aliento y esperanza. Con ella en la memoria, con su ejemplo y luz seguiremos caminando en esta vida tan rara y tan compleja que tanto le preocupaba. Desde el cielo donde está nos seguirá cuidando como la madre adorable y protectora que siempre fue. Descanse en paz.

Recadito: el novenario de Doña Alicia es el domingo 22 de abril, día de su cumpleaños.

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Xalapa Enríquez., Ver a 19 de Abril del 2012

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