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Columnas y artículos de opinión

Teotihwalmart: la suciedad mercantil

Deliberación

Por: Francisco Montfort Guillén

02/05/2012

alcalorpolitico.com

Para Regina, in memorian, por todo.

En el norte del país nacieron los supermercados mexicanos y se expandieron por toda la república. SUMESA, CEMERCA y más tarde Aurrerá marcaron la novedad y la modernización de los sistemas de comercialización. Sobre todo este último, que tuvo su primer local en la ciudad de México en una fea bodega de la calle Bolívar, en la Colonia Obrera, tuvo una influencia determinante en la nueva concepción de la distribución minorista de mercancías. La familia vasca Arango fue creativa mientras la cadena comercial fue mexicana. A la lista de aportaciones de México al mundo que figura en uno de los murales de Diego Rivera en Palacio Nacional (maíz, chocolate, aguacate, etc.) puede agregarse el concepto de los supermercados como verdaderas plazas públicas. En su origen estadunidense fueron concebidos para vender alimentos. Con Aurrerá se crean como espacios para la venta de todos los bienes consumibles y no consumibles que hoy abarrotan los espacios de cada súper.

WalMart, nueva propietaria de Aurrerá, es una cadena que gana mercados con base en vender a precios bajos. Controla proveedores y hasta los convierte en walmartdependientes al exigirles condiciones de calidad, presentación y precios de sus productos verdaderamente competitivos. Muchos pequeños proveedores han desaparecido frente a tantas exigencias. Otros muchos han conseguido establecerse como empresas sólidas y en crecimiento. Esta empresa transnacional lidera el sector de la mercadotecnia comercial y junto con las demás (Comercial Mexicana, Chedraui, Soriana y otras) han influido en la expansión del consumo sin poner en riesgo la estabilidad de precios, o sea que hacen accesibles miles de mercancías con precios accesibles a miles de familias, y ayudan a controlar la inflación porque son empresas con orientación hacia la satisfacción de los bolsillos de los consumidores.

Con la adquisición de Aurrerá por WalMart el capital comercial, el financiero y los consumidores se vieron beneficiados. La razón estriba en la conversión de la empresa privada mexicana, en empresa pública. No es una equivocación de conceptos ni un desvarío esta afirmación. Por herencia del socialismo se ha quedado el hábito de nombrar público a las instituciones gubernamentales. Los tres niveles de gobierno, los tres poderes, los organismos autónomos y paraestatales y en general cualquier propiedad gubernamental es designada pública. Pero la evolución de la historia es compleja. Con el tiempo, y debido a los gobiernos comunistas y colectivistas, las burocracias se han apropiado de «lo público»provocando una nueva forma de «propiedad privada de lo público».

Para nadie es desconocido que la secrecía de lo «político» por «razones de Estado» se extendió a todos los actos gubernamentales. El manejo de los «asuntos públicos» forma parte de los secretos gubernamentales de la burocracia y su conocimiento es exclusivo de las élites. La configuración y distribución de los presupuestos, el manejo de los recursos públicos, los gastos, los negocios, los beneficios o mejor los privilegios para los compinches se hacen a espaldas de la ciudadanía. Los ciudadanos, ni siquiera con las leyes de acceso a la información y los institutos que apoyan esta labor de transparencia y rendición de cuentas, pueden, hasta la fecha, enterarse de la situación financiera de sus gobiernos, de la efectividad pública del gasto gubernamental, de los beneficiarios de los contratos y prebendas gubernamentales.

El Estado mexicano ha sido privatizado por la oligarquía dominante. Nadie tiene acceso al conocimiento de la situación de PEMEX, de la CFE, ni siquiera de la Secretaría de Educación, dominada, como en los otros dos casos, por entidades privadas como lo son los sindicatos. En cambio, las empresas que cotizan en las bolsas de valores están obligadas por diferentes leyes e instituciones públicas y organizaciones privadas a realizar una competitiva gerencia pública. La vigilancia estricta sobre estas empresas permite a todo mundo conocer la manera en que obtienen ingresos, la manera en que los gastan, la forma en que cubren sus impuestos, el monto de sus utilidades, sus planes de expansión y tasas de crecimiento. También deben publicar todos sus estados financieros, los resultados de las auditorías, las dificultades de todo tipo, sus fracasos, sus pérdidas y aún su posible quiebra.

Una empresa verdaderamente pública no puede ser manejada como Mexicana de Aviación, como PEMEX y CFE. Desde luego que los negocios corporativos no están exentos de malas prácticas gerenciales, torpezas dictadas por las ambiciones y la deshonestidad. Pero estos negocios reciben de «los mercados» sanciones más duras que ningún gobierno será capaz de aplicar. Las empresas de Salinas Pliego, dueño de TV Azteca, estaban cometiendo fraude y no informaban de la situación real del manejo de sus valores financieros. Bastó una modificación dictada por la Bolsa Mexicana de Valores para reportar este tipo de información para que este famoso y pillo millonario mexicano tuviera pérdidas por 16 mil millones de dólares.

Ahora el problema es de WalMart. El análisis de sus estados financieros en Estados Unidos reveló un uso inadecuado de sus finanzas. Resultó inocultable el desvío de recursos para realizar pagos indebidos. La aplicación de las leyes norteamericanas hizo el resto. Por haber invertido 24 millones de dólares en sobornos de autoridades mexicanas, la empresa emblemática de la comercialización en el mundo acumula pérdidas por más de 10 mil millones de dólares, se les seguirá juicio a los directivos involucrados, recibirán sanciones la empresa y las personas deshonestas. Estas ejemplares sanciones no provienen de una superioridad ética de los norteamericanos, aunque no es despreciable la importancia de esta cuestión.

El fondo del asunto es económico y de negocios. Carlos Marx se burlaba de los alemanes de su época que querían ganar fortunas en cada transacción comercial, con lo que incurrían en diversas fechorías. El resultado es que sólo lo conseguían en muy pocas ocasiones. Y en general eran excluidos de los mercados prósperos. Para que el capitalismo triunfe se requiere confianza en las contrapartes. Este ingrediente no mensurable es el cemento que liga todo progreso. Sin él no existe estabilidad, seguridad y resulta imposible hacer planes. Por eso el «mercado castiga» y las autoridades también, aplicando «sus» leyes, sin importar que las empresas quiebren, a quienes defraudan la confianza. Lo vimos y vivimos con LehmanBrother´s y otros bancos. No importan las empresas, lo fundamental es mantener con vida los mercados competitivos.

En México esta revolución cultural de la modernidad burguesa no ha sido realizada. Aquí debemos cuidar cada compra, cada trámite, cada uso de servicio porque los vendedores y prestadores de servicios «nos tranzan». Más grave todavía es que en México las leyes no son cumplidas. Es un mal histórico. Y no son cumplidas las leyes, porque éstas no han sido redactadas y aprobadas para que regulen legalmente la vida social, ni para crear seguridad, certeza, confianza, estabilidad. Muchas leyes fueron hechas para cumplir los deseos del gobernante en turno. Otra buena parte de las mismas son elaboradas para servir como fuente de rentas, para hacer viables los caprichos de funcionarios convertidos en «mordidas». Las leyes mexicanas son barrocas para controlar a los controladores, que a su vez deben controlar a otros controladores que, al final, todos «hacen tranzas». Las leyes en México son el sustrato legal del parasitismo burocrático, el de la extracción de recursos a la sociedad a través de «mordidas, diezmos, cooperaciones voluntarias». Los supermercados abaratan 10% mínimo los precios del comercio en donde se instalan. Pero para obtener permisos sobre uso del suelo, construcción, de «impacto ambiental» y todo lo que el desarrollo urbano exige, convertido en extorsión, y además congratularse con las autoridades locales, entonces se requiere transitar por la «cultura mexicana del soborno». Ésta es resultado del capitalismo de compinches que construyó el régimen del partido único y que todavía pervive, junto con Teotihuacán y WalMart: sin capitalismo moderno, seguiremos estancados en la suciedad mercantil que se verá reforzada a partir del 1 de julio…si usted lo permite.

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